Una dosis de realismo

Ningún partido con posibilidad de gobernar propugna la salida del euro, pero parecen olvidarse los compromisos adquiridos por España con sus socios europeos sobre estabilidad presupuestaria

Foto: Una moneda diseñada por el Banco de Grecia gana en el aniversario de la bandera de la Unión Europea. (EFE)
Una moneda diseñada por el Banco de Grecia gana en el aniversario de la bandera de la Unión Europea. (EFE)

Acaba de finalizar una campaña electoral, correspondiente a las elecciones municipales y autonómicas, y en escasos meses estaremos metidos en la campaña electoral de las elecciones generales. De nuevo, todos los partidos realizarán promesas electorales que, en general, supondrán aumento del gasto público y rebaja de impuestos. Afortunadamente, ninguno de los partidos con posibilidad de formar parte del futuro gobierno propugna la salida del euro. Sin embargo, parecen olvidarse los compromisos adquiridos por España con sus socios europeos en cuanto a la estabilidad presupuestaria.

Sin ninguna duda, la pertenencia de España a la Eurozona ha limitado la crudeza de la crisis económica. Por supuesto que esta ha sido muy dura, y lo sigue siendo para una parte no despreciable de la población, pero fuera del euro el daño habría sido significativamente más elevado: España no se financiaría ahora a menos del 2% a diez años con una deuda pública que ronda ya el 100% del PIB, con todo lo que ello implica.

El Gobierno español, sea del signo que sea, debe cumplir con el Plan de Estabilidad y Crecimiento acordado con nuestros socios europeos. Dicho plan, tras repetidas prórrogas y flexibilizaciones, obliga a España a reducir su déficit público desde el 5,8% de 2014 al 0,3% en 2018. En euros supone un descenso adicional del desfase entre ingresos y gastos públicos de unos 55.000 millones de euros adicionales. Cuanto más crezca la economía, mayor será el PIB, el denominador de la ratio y, por lo tanto, menor será la cuantía del ajuste necesario. Por el contrario, a menor crecimiento económico, mayor ajuste necesario.


En cualquier caso, el ajuste de las cuentas públicas no ha finalizado. Prometer revertir los recortes de gastos realizados en los últimos años o rebajar impuestos sin explicar cómo se pretende lograr la reducción del déficit público hasta el 0,3% en 2018 posiblemente sean armas utilizadas en la próxima campaña electoral, pero de escasa verosimilitud, salvo que se propugnase salir del euro. 

Incluso un gobierno de izquierda radical como Syriza es consciente de las consecuencias tan nefastas que tendría para su población abandonar la moneda única. De no ser así, hace tiempo que habría roto la baraja de las negociaciones con sus acreedores. Pese a los innegables sacrificios que ha tenido que realizar la economía griega, estos serían muy superiores si finalmente Grecia saliera del euro. De momento, la retirada de los depósitos bancarios sigue siendo atendida por los bancos helenos sólo gracias a la financiación de emergencia proporcionada por el BCE. Permanecer en el euro les supondrá a los griegos sacrificios adicionales. Salir del euro supondría una catástrofe humanitaria para su población. Tsipras lo sabe. 

Realizar promesas electorales sin considerar las obligaciones contraídas por España en materia presupuestaria inevitablemente llevará a incumplir lo prometido en campaña. Afortunadamente, la pertenencia a la Eurozona, y el deseo de seguir disfrutando de las ventajas de compartir la moneda única, limita significativamente la capacidad de actuación de los gobiernos elegidos en cada uno de los países. El euro aporta ventajas, pero implica obligaciones. 

Aun así, la incertidumbre política puede pesar en las decisiones de los inversores internacionales. Teniendo numerosas alternativas donde invertir, lo harán donde prevean estabilidad y seguridad jurídica. 

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