'España 2050': una evaluación (I)
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Jesús Fernández-Villaverde

La mano visible

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'España 2050': una evaluación (I)

El plan sería una hoja de parra detrás de la que esconde el deseo de, al final, o no hacer nada, o hacer lo mínimo imprescindible que nos pide Bruselas

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

El 20 de mayo se presentó el estudio "España 2050: fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo”, coordinado por la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia. El impacto en los medios de comunicación fue relativamente menor. Más allá del evidente y lógico foco mediático sobre la evolución de la pandemia, el interés informativo durante el mes de mayo estuvo monopolizado por las elecciones autonómicas en Madrid y la formación de gobierno en Cataluña, así como las consecuencias que ambos eventos acarrearán para el resto de la legislatura. Excepto por varias contribuciones más elaboradas, muchos columnistas aprovecharon la presentación del estudio para renovar su apoyo u oposición al gobierno sin especial atención a los argumentos subyacentes en el mismo.

Esta recepción en los medios de comunicación del estudio es una prueba más de algunos de los problemas que he señalado en entradas anteriores de este blog sobre la falta de interés por una perspectiva de más largo plazo para España. El lector podrá estar más o menos de acuerdo con las líneas trazadas por 'España 2050', pero no cabe duda de que es un paso muy adecuado para abrir un necesario debate sobre el futuro de nuestra nación, al que yo he intentado contribuir humildemente con mi serie “Una Gran Estrategia para España” (en un breve letargo mientras analizo estos temas). Limitarse a decir, por ejemplo, que los esfuerzos deberían centrarse en 2021, o quejarse de que un gobierno que no sabe lidiar con la situación actual poco podrá planificar el futuro, son críticas facilonas o superfluas, y, lo que es más grave, un pecado de pereza intelectual.

Foto: El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EFE

En los siguientes párrafos intentaré, en consecuencia, esbozar algunas de las impresiones que la lectura de “España 2050” me han causado y evaluarlo de manera crítica. Dada la longitud del informe (el archivo pdf tiene 676 páginas), seré extraordinariamente selectivo, pero espero poder resaltar alguna de las ideas más importantes.

Tras un resumen ejecutivo y una introducción, el informe se estructura alrededor de nueve desafíos de futuro, que cubren la mayoría de los temas más representativos, desde los problemas de productividad de la economía española a los problemas educativos, medioambientales y demográficos a los que nos enfrentamos. Hoy me centraré en el primer desafío, “Ser más productivos para crecer mejor” (páginas 51-87 del informe), por ser un área donde he trabajado durante muchos años y publicado con regularidad. Debo señalar, antes de entrar en materia, que en el pasado he escrito artículos de investigación o tenido una relación académica con varios de los economistas que han colaborado en el informe (algo que no es de sorprender, la academia es un mundo pequeño) y, aunque espero que tales vínculos no sesguen mi juicio, el lector debe ser consciente de ellos.

Foto: Pedro Sánchez, en una imagen de esta semana. (Reuters)

'España 2050' acierta totalmente en seleccionar como primer desafío de España el problema de la productividad. Cualquier lector curioso o estudiante de la economía española aprenderá mucho de leer las páginas comprendidas entre la 55 y la 79. Estas páginas resumen muy bien y con gran claridad muchos de los problemas de la economía española. Resaltaré, en concreto, el gráfico 28, en la página 74, que es demoledor: la productividad total de los factores en España en 2018 (antes de la pandemia) era un 5% más baja que en 1996.

Estos datos coinciden casi al milímetro con los de la base de datos Penn World Table version 10.0, la fuente de comparaciones internacionales de crecimiento económico más reputada del mundo (aunque esta base de datos comenzó en Penn, mi universidad, hoy está gestionada por el Groningen Growth and Development Centre). La ventaja de la Penn World Table es que nos permite retroceder en el tiempo y comparar España con otros países. Los datos de la Penn World Table nos revelan, con una mezcla de asombro y preocupación, que la productividad total de los factores en España en 2019 está prácticamente en el mismo nivel que en 1983: 36 años de crecimiento casi cero de esta productividad.

La clave no es tanto la cantidad de recursos que tenemos, sino lo eficientes que somos en emplearlos

¿Por qué los economistas nos centramos en la productividad total de los factores como indicador central de la salud de una economía? Porque es una medida de cuántos bienes y servicios somos capaces de producir, una vez que descontamos los efectos de los cambios en el capital físico y humano de una economía. Si, por ejemplo, un país tiene más y mejores autopistas y sus trabajadores están mejor formados en 2021 que en 1980, es muy difícil no producir más bienes y servicios, aunque seamos menos eficientes.

La cuestión clave no es tanto la cantidad de recursos que tenemos (por mucho que esta sea una pregunta importante) sino lo eficiente que somos en emplearlos. Y esto es así por tres razones. Primero, porque existen límites a cuantos recursos podemos acumular. Que la productividad total de los factores sea más baja ahora que a mediados de los 80 del siglo pasado significa que el único motivo por el que hemos crecido en las últimas décadas es porque más españoles trabajan, porque los nuevos trabajadores tienen más años de educación y porque hemos construido autopistas donde no las había. ¿Qué ocurrirá cuando se agoten estas posibilidades? ¿Cómo creceremos cuando ya casi todos los españoles con ganas de trabajar lo hagan y hayan completado todos los años de educación que desean? ¿O cuándo ya estén construidas todas las autopistas con un sentido económico (de hecho, la gran mayoría ya lo están)? La respuesta es sencilla: o empieza a crecer la productividad total de los factores o España se estancará muy pronto. La única garantía de crecimiento del bienestar sostenible en el largo plazo es el crecimiento de la productividad total de los factores.

Foto:  Opinión

Segundo, porque, con la innovación tecnológica, la productividad total de los factores debería de crecer de manera sistemática (como ha ocurrido en otros países). Una caída (o falta de crecimiento) de la productividad total de los factores es una oportunidad perdida de mejorar nuestro bienestar. Comparemos el caso de España con el de Corea del Sur, un país con una población similar. Mientras nosotros hemos tenido un crecimiento casi cero de la productividad de los factores desde 1983, Corea del Sur ha experimentado un crecimiento de su productividad de los factores de un 79%. Y esto tiene consecuencias serias. En 1983, la renta per cápita de España, ajustada por paridad de poder adquisitivo, era 2.2 veces la de Corea del Sur. En 2019, la renta per cápita de España era solo un 1.2% más alta.

Algún lector podrá quejarse de que la comparación con Corea del Sur no es relevante para España, por ser un país que venia de más atrás que nosotros. Pero si miramos a países más ricos, vemos que la productividad total de los factores creció en Estados Unidos un 28.5% entre 1983 y 2019, un 42% en Alemania (ajustando cuidadosamente por la reunificación), un 35% en Suecia y un 17% en el Reino Unido. Si pensamos que Corea del Sur lo tenia más fácil que España para mejorar su productividad, ¿no nos empuja el mismo razonamiento a inferir que España lo tenia más fácil que Estados Unidos, Alemania, Suecia o el Reino Unido para mejorar su productividad? ¿Por qué ellos sí han visto crecer su productividad total de los factores y nosotros no?

Los salarios no suben a la velocidad que los jóvenes que han invertido muchos años en su educación esperaban o incluso se estancan

Cuando comparo España con Corea del Sur, Estados Unidos, Alemania, Suecia o el Reino Unido, pienso en los trenes que hemos dejado marchar desde aproximadamente 1985, cuando la productividad total de los factores dejó de crecer en nuestra nación. Dadas las enormes oportunidades que nos ofreció la Unión Europea y el boom que la economía mundial experimentó entre 1985 y 2008, España, desde principios de los años 80, ha sacado un aprobado ramplón en términos de crecimiento económico (volveré a este tema al final de esta entrada).

Tercero, porque la falta de crecimiento de la productividad total de los factores genera frustraciones que golpean a nuestra sociedad y política. Al no crecer la productividad total de los factores, los salarios no suben a la velocidad que los jóvenes que han invertido muchos años en su educación esperaban o incluso se estancan. Los jóvenes sienten que la sociedad les ha “dejado en la cuneta”. A pesar de seguir todas las fórmulas para el éxito y la movilidad social (estudiar, aprender idiomas, etc.), muchos se encuentran con un nivel de vida por debajo del de sus padres.

'España 2050' enumera una larga lista de medidas para corregir esta situación y recuperar el crecimiento de la productividad total de los factores. La lectura de estas me deja un sabor agridulce. Unas de estas medidas son claras y yo mismo las he defendido. Por ejemplo, en la página 82: "Incrementar la dotación económica y establecer un sistema de incentivos adecuado para el fomento de centros de excelencia de referencia internacional, que faciliten el retorno y la retención del talento nacional, así como la captación del extranjero".

La falta de crecimiento de la productividad total de los factores genera frustraciones que golpean a nuestra sociedad y política

Que tales medidas se resalten en un estudio oficial es una excelente noticia y muestran la valía de estos esfuerzos. Otras medidas, aunque adecuadas, se esbozan sin detalle alguno. Por ejemplo, en la página 85: "Reducir la complejidad y el tiempo de respuesta en las gestiones y trámites burocráticos".

La medida no se desarrolla. Yo mismo he pecado, en este blog, de señalar reformas de manera esquemática, pero siempre me he enfrentado a la restricción de espacio propia de un medio de comunicación, restricción menos condicionante en un informe de 676 páginas. Finalmente, hay medidas que no dicen nada. Por ejemplo, en la página 82:

"Mejorar el sistema de gobernanza multinivel en el campo de la innovación, con el objetivo primordial de coordinar las iniciativas de innovación del país desde una nueva perspectiva holística y orientarlas a misiones estratégicas que aprovechen los ámbitos de oportunidad que emerjan (detección de nuevos mercados), siguiendo los propósitos acordados en la UE. En este sentido, será necesario reforzar las sinergias entre las diferentes políticas y organismos existentes dedicados a la I+D, la innovación, el emprendimiento y la digitalización, aprovechando las oportunidades que ofrecen los consorcios público-privados".

Foto: Inmigrantes acompañados por la Guardia Civil en Ceuta. (EFE)

Yo llevo 20 años escribiendo y leyendo informes en la universidad. Si algo he aprendido es que, cuando uno no tiene nada que decir en un informe, emplea la palabra “multidisciplinar”, que queda muy bien y parece muy moderna. Y cuando uno realmente no tiene nada que decir, dispara sobre el papel, como una escopeta de perdigones, las palabras “holística”, “sinergias” y “misión estratégica”. La medida anterior tiene un pleno al quince con todas estas palabras (aunque “multidisciplinar” la cambia por “multinivel”). Por ejemplo, con “holístico” se hace referencia, según el artículo citado en la nota 162, a una política que “integra todas las acciones públicas que influyen o pueden influir en el proceso de innovación” que es, de nuevo, no decir nada, pero utilizando más palabras.

Esta lectura de las medidas para incrementar la productividad me lleva a tres reflexiones más concretas. Primero, el problema de la falta de crecimiento de la productividad en España tiene causas materiales y finales. Causas materiales incluyen, por ejemplo y como bien señala el informe, unas universidades que, con honrosas excepciones, no cumplen su papel en nuestra economía.

Pero, detrás de esta causa material existe una causa final: el mal diseño institucional que lleva a que nuestras universidades no funcionen. Que la universidad española sea mala de media no es una casualidad: es la consecuencia directa de su estructura: el obrar sigue al ser. Sin mejora en las instituciones, con la creación de los incentivos adecuados, un marco regulatorio eficiente y una asignación meritocratica de talento, todos los planes de digitalización, modernización o agilidad burocrática se quedarán en agua de borrajas, como lo hicieron la Agenda de Lisboa o Europa 2020. Como dijo el Primer Ministro Sueco Fredrik Reinfeldt:

“Incluso si ha habido algo de progreso, debemos decir que la Agenda de Lisboa, con solo un año antes de ser evaluada, ha sido un fracaso”.

"Incluso si ha habido algo de progreso, debemos decir que la Agenda de Lisboa, con solo un año antes de ser evaluada, ha sido un fracaso"

Es este foco en las reformas institucionales el que ha articulado muchos de mis entradas anteriores en El Confidencial y muchas de las charlas que he dado en distintos foros en España y es el foco que no termino de ver en 'España 2050'.

Para ser justos, proponer tales reformas institucionales hubiera llevado al informe a unos parámetros muy diferentes en su elaboración. ¿Habría tenido más sentido que 'España 2050' hubiera sido elaborado por una comisión independiente en vez de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia? Creo que sí, pero no estoy seguro. La reacción de la prensa sugiere que haber incorporado a un conjunto más amplio de interlocutores y la existencia de una “muralla china” con respecto a Presidencia del Gobierno podría haber ayudado a generar un consenso más amplio sobre las conclusiones y medidas a adoptar. A la vez, tal comisión independiente se hubiera enfrentado al riesgo de no alcanzar un acuerdo o, casi peor, de emplear las palabras “holístico” y “sinergia” aún más a menudo para llegar a un acuerdo de mínimos en la redacción final del informe.

Este punto me lleva a la segunda reflexión, que incide sobre la inconsistencia del actual gobierno. Por una parte, elabora 'España 2050', que como he señalado antes tiene muchísimas cosas que alabar. Por otra parte, presenta un plan de recuperación en Bruselas que reitera muchos de los errores del pasado, como concentrar buena parte de su inversión en rehabilitación de edificios y movilidad urbana, que poco hará por nuestra productividad total de los factores, o, y esto es más grave, que se puntúe muy alto en objetivos ambiguos y muy bajo en medidas concretas.

'España 2050' sería una hoja de parra detrás de la que esconde el deseo de, al final, o no hacer nada, o hacer lo mínimo imprescindible

Una mente maquiavélica diría que el gobierno se ha aprovechado del generoso trabajo de muchos de los mejores economistas en España (todos ellos han colaborado en el informe sin ningún tipo de remuneración económica, algo que tenemos que agradecer todos los españoles), para darse un barniz reformista que no se introduce en la realidad. 'España 2050' sería una hoja de parra detrás de la que esconde el deseo de, al final, o no hacer nada, o hacer lo mínimo imprescindible que nos pide Bruselas.

Esto quizás se nota en la motivación de mi tercera reflexión. No puedo compartir el triunfalismo de bastantes párrafos de “España 2050”. Solo un ejemplo ilustrativo. Al principio de la página 55, el estudio afirma:

"…nuestro país ha logrado compaginar la normalización democrática con la modernización económica, lo que le ha permitido recuperar décadas de atraso y convertirse en un país próspero con un papel clave en la economía europea. En 1980, la renta per cápita de España era de apenas 16.000 euros; hoy, alcanza los 30.700 euros".

¿Es motivo para felicitarnos que la renta per cápita haya subido un 92% en 39 años? No, no lo es. Este crecimiento implica un crecimiento anual de aproximadamente 1.6% anual, lo cual, dado nuestro nivel de renta en 1980, es un mal ritmo. No es una tasa de crecimiento horrorosa, pero tampoco es una tasa buena. Esto lo demuestra el mismo informe, en la figura 8, de la página 60, donde se dibuja la brecha en PIB per cápita con respecto a Estados Unidos, UE-28 y UE-8 (Austria, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos y Suecia).

Tristemente, la brecha entre España y Estados Unidos es más grande ahora que en 1980, al igual que lo es la brecha con UE-28 con respecto a 1995

Tristemente, la brecha entre España y Estados Unidos es más grande ahora que en 1980, al igual que lo es la brecha con UE-28 con respecto a 1995 (cuando comienza la serie). Solo hemos mejorado relativamente con respecto a UE-8, pero este grupo incluye economías como la francesa, con sus propios graves problemas estructurales, y el avance, en cuatro décadas, es solo de unos pocos puntos porcentuales. A esa velocidad, necesitaríamos unos 120 años más para converger con la UE-8. Como decía antes, España desde 1980 ha sacado un aprobado con un 5.0 en términos de crecimiento. No hemos suspendido, como Argentina, o hemos sacado un cero, como Venezuela (el mayor suicidio económico de los últimos 40 años en el planeta), pero tampoco hemos sacado nota en el examen de nuestro desempeño económico.

No se si este tono triunfalista es inevitable en este tipo de informes y uno tiene que acometer una lectura hermenéutica “Straussiana”, o es fruto de una interpretación de la evidencia empírica que, en mi opinión, es incorrecta. Pero, sea cual sea el motivo, un tono más sobrio habría ayudado a centrar la discusión en la seriedad de las reformas que tenemos que acometer. No nos encontramos con la necesidad de un “ajuste fino”, como el que tenían las radios antiguas, sino de mover el dial a una frecuencia distinta.

En una segunda entrada en unas semanas sobre 'España 2050' analizaré, de manera más breve, otros de los desafíos recogidos en el informe.

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