Sánchez manipula sus cuentas como antes las manipuló Rajoy

Criticar a Sánchez por hacer lo mismo que ha hecho toda nuestra clase política durante la última década no deja de tener unos marcados tintes de hipócrita representación teatral

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Que las estimaciones de recaudación del borrador presupuestario PSOE-Podemos se hallan exageradamente infladas es algo bastante evidente. Tomemos el caso de la famosa tasa Google: el Ejecutivo de Sánchez prevé recaudar 1.200 millones de euros, cuando Bruselas estima que apenas se amasarían 4.800 millones en toda la Unión Europea; si corregimos esta última estimación por el peso de España en el PIB comunitario, llegamos a la conclusión de que nuestro país recaudará alrededor de 360 millones de euros, esto es, 850 millones de euros menos de lo presupuestado. O tomemos el caso del incremento del impuesto sobre patrimonio, donde el Gobierno confía en ingresar 339 millones de euros y la propia Gestha (nada sospechosa de racanear en sus estimaciones) reduce semejante cifra a la mitad.

El Partido Popular ha colocado el grito en el cielo por la falta de rigor de las cuentas públicas e incluso se ha marchado a la capital comunitaria para instar a las autoridades europeas a que veten el apaño financiero de Sánchez e Iglesias. Ni lo uno ni lo otro resultan 'per se' criticables: el PP hace bien en desconfiar de estos Presupuestos trampa y también hace bien en evitar por todos los medios legítimos que salgan aprobados. Desde luego, lo criticable no es lo que los populares están haciendo ahora, sino lo que estuvieron haciendo durante sus muy recientes años al frente del Ejecutivo: a saber, inflar sus estimaciones de recaudación de un modo muy parecido a como el PSOE está inflando las suyas.

Recopilemos si no el monto anual de la desviación de recaudación tributaria con respecto a lo contenido en los Presupuestos Generales del Estado:

Desviación de la recaudación real frente a la presupuestada (millones de euros)

Desviación de la recaudación.
Desviación de la recaudación.

Fuente: Agencia Tributaria

He dejado fuera los años 2008 y 2009 porque la magnitud de la desviación fue tan extraordinaria (-30.082 y -45.561 millones de euros, respectivamente) que habrían desvirtuado la visualización del gráfico. En todo caso, lo que salta a la vista es que el PP (como previamente el PSOE, salvo en 2010) ha tendido a inflar notablemente sus estimaciones de recaudación para así justificar, sobre el papel presupuestario, incrementos del gasto mucho mayores de los que podían permitirse las finanzas del Estado. Criticar ahora a Sánchez por hacer lo mismo que ha venido haciendo toda nuestra clase política durante la última década puede ser necesario para salvaguardar la solidez financiera de nuestras administraciones públicas, pero no deja de tener unos marcados tintes de hipócrita representación teatral.

Con todo, sí es cierto que la persistencia del engaño presupuestario va adquiriendo tintes más dramáticos conforme el 'stock' de deuda permanece enquistado en el entorno del 100% del PIB y la economía se va desacelerando. Me explico: durante la última década, la causa más frecuente de desviación de la recaudación real frente a la presupuestada ha sido la inadecuada previsión de la evolución de nuestra economía, ya sea de sus variables reales (cuánta riqueza adicional generaremos) o de sus variables nominales (cuánto se elevarán los precios y salarios).

Los gobiernos manipulan su previsión de crecimiento para que case con la previsión de ingresos para cuadrar las cuentas con Bruselas

Por ejemplo, en 2008 se esperaba un crecimiento de la demanda interna del 4,3%, pero finalmente solo fue del 2,5% (merma recaudatoria de 30.082 millones de euros); en 2009, se estimaba un crecimiento de la demanda interna del 3,2% y al final se hundió un 6,5% (merma recaudatoria de 45.561 millones de euros); en 2011, se pronosticaba un crecimiento de la demanda interna del 2%, pero solo fue del 0,3% (merma recaudatoria de 3.192 millones de euros, que según la Agencia Tributaria habría sido todavía mayor de no haber sido por los cambios impositivos que se aprobaron durante el año); asimismo, a partir de 2012, el PP estimó un alza nominal de los precios y salarios sistemáticamente mayor que la acaecida durante este periodo deflacionista, lo que también mermó los ingresos realmente amasados. El único año de la última década donde la recaudación brindó una sorpresa positiva fue en 2010, ejercicio para el cual el Gobierno de Zapatero había estimado una contracción de la demanda interna del 0,6% que al final se plasmó en un crecimiento del 0,9%.

Dicho de otro modo, cuando los gobiernos se muestran alocadamente optimistas sobre el desempeño de la economía, los ingresos esperados en los Presupuestos son mayores que los impuestos finalmente recaudados (en realidad, lo que sucede en muchos casos es que los gobiernos manipulan originalmente su estimación de crecimiento para que case con la previsión de ingresos que necesitan para cuadrar las cuentas ante Bruselas); por el contrario, cuando los gobiernos se muestran razonablemente conservadores —o incluso pesimistas— acerca de nuestro crecimiento futuro, la recaudación termina siendo mejor de la anticipada.

¿Qué implicaciones tiene todo ello para nuestra situación actual? Imaginemos que somos radicalmente incapaces de pronosticar si el crecimiento del 2,3% del PIB anticipado para 2019 es realista o no. En tal caso, hay dos escenarios extremos posibles: el primero, que la economía se comporte mejor que ese 2,3%, en cuyo caso la recaudación será mayor de lo esperado y podremos convalidar financieramente el incremento del gasto recogido en los Presupuestos; el segundo es que la economía se comporte peor que ese 2,3%, en cuyo caso la recaudación será inferior de lo esperado y, en consecuencia, el déficit y la deuda también serán superiores dentro de un contexto macroeconómico de progresiva desaceleración.

El segundo escenario no solo es más probable (debido a la trayectoria de sostenida ralentización de nuestra economía) sino que presenta riesgos claramente asimétricos respecto al primero: los perjuicios que podemos llegar a experimentar como resultado de un 'mix' deuda-estancamiento (en forma de tipos de interés al alza) son incomparablemente superiores a los beneficios que podríamos recibir de un aumento del gasto público financieramente sostenible. De ahí la tamaña imprudencia preelectoralista de Sánchez: extremar riesgos (y previsiones infladas) en un contexto general cada vez más incierto. Lástima que el principal partido de la oposición tenga un historial tan desacreditado como para denunciarlo con toda la contundencia y la coherencia que se merecería.

Laissez faire

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