La creación de empleo está en peligro

Es muy probable que la tasa de paro deje de reducirse y, si las actuales tendencias descendentes prosiguen, que comencemos a destruir empleo

Foto: Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)
Oficina de empleo en Madrid. (Reuters)

La tasa de paro de España a cierre del segundo trimestre de 2019 se ubicó en el 14,02%: un porcentaje altísimo (más del doble que la de la eurozona) que está lejos de haber regresado a los niveles precrisis y que, en consecuencia, resulta absolutamente imperioso seguir reduciendo. Sucede, por desgracia, que nuestra economía se halla inmersa en un fuerte proceso de desaceleración: no solo por el mediocre crecimiento del PIB durante el segundo trimestre del año —que, tras la reciente revisión del INE, quedó en apenas un 0,4%— sino porque, además, ese mediocre crecimiento se fundamentó esencialmente sobre el consumo público y sobre las exportaciones, esto es, sobre dos motores que se van a apagar durante la segunda mitad del ejercicio (el consumo público, por la previsible menor dadivosidad presupuestaria durante este nuevo proceso electoral, y las exportaciones, por la guerra comercial).

Dicho de otro modo, durante los próximos trimestres —y salvo que haya una reversión del enfriamiento global— creceremos previsiblemente por debajo del 0,4%, es decir, a tasas anualizadas cercanas al 1%. ¿Qué repercusión tiene semejante frenazo sobre nuestra capacidad de generación de empleo? En economía, denominamos Ley de Okun a la relación empírica que existe entre el crecimiento económico y la evolución de la tasa de paro de un país. Esta relación —que varía entre economías, según su estructura productiva y, sobre todo, su regulación laboral— nos sirve para determinar cuál es el ritmo al que, como mínimo, ha de expandirse un país para evitar que aumente el desempleo.

Pues bien, los economistas César Nebot, Arielle Beyaert y José García-Solanes han publicado recientemente sus nuevas estimaciones sobre la Ley de Okun en España y la conclusión es que necesitamos crecer a ritmos cercanos al 0,3% intertrimestral para evitar que aumente el paro. Por debajo del 0,3%, el desempleo empieza a crecer y por debajo del -0,4%, el incremento de la desocupación se vuelve explosivo. España está hoy todavía muy lejos de una caída intertrimestral del PIB del -0,4%, pero sí está rozando el umbral a partir del cual somos incapaces de seguir minorando el paro. Como decía, en el segundo trimestre apenas nos expandimos a un ritmo del 0,4% y, habida cuenta de la evolución que ya conocemos de nuestra actividad manufacturera (y, por tanto, de potencial exportador), probablemente nos ubiquemos en el 0,3% en el tercer y en el cuarto trimestre: es decir, que pisaremos la línea roja que separa la reducción del aumento del paro.

No en vano, los datos de afiliación a la Seguridad Social de este tercer trimestre ponen de manifiesto una evidente desaceleración en el ritmo de nuevas contrataciones.

Afiliación a la Seguridad Social. (BBVA)
Afiliación a la Seguridad Social. (BBVA)

Y, asimismo, los datos de paro registrado ya atestiguan un absoluto estancamiento de la reducción de la cifra de desempleados entre julio y septiembre. Basta comparar la trayectoria seguida en lo que va de año con la de ejercicios anteriores para constatar el cambio: ahí observamos con claridad cómo nuestro mercado laboral ya ha perdido fuelle aun cuando no hayamos empezado a destruir netamente empleo.

Paro registrado en septiembre.
Paro registrado en septiembre.

En definitiva, la desaceleración en la que estamos inmersos no se va a quedar, como en años anteriores, en un mero ajuste a la baja de la tasa de variación del PIB, sino que por primera vez desde que arrancara la recuperación vamos a terminar sintiendo muy directamente el impacto del frenazo: es muy probable que la tasa de paro deje de reducirse y, si las actuales tendencias descendentes prosiguen, que comencemos a destruir empleo.

Ahora bien, sería un error creer que la relación empírica de la Ley de Okun está grabada a fuego en la economía española y que, por tanto, resulta inamovible. Si necesitamos crecer al 0,3% para continuar minorando el paro es, en esencia, por una legislación laboral tremendamente disfuncional que disocia la evolución de los salarios de la salud financiera de las empresas (al menos en las pymes que siguen sometidas a convenio) y que encarece artificialmente los ajustes de plantilla en momentos de contracción: lo primero vuelve no rentable la contratación (o el mantenimiento en plantilla) de algunos trabajadores y lo segundo aumenta innecesariamente el riesgo de contratación.

Por consiguiente, la presente desaceleración económica que amenaza seriamente al empleo no debería ser capeada ni con más subidas irresponsables del salario mínimo ni con contrarreformas laborales podemizadoras: al revés, si queremos facilitar la creación de empleo (o minimizar los despidos) en un entorno de estancamiento económico, debemos liberalizar en profundidad el mercado laboral para que sea capaz de absorber las curvas que vienen.

Laissez faire
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