EPA: peor de lo que parece

Tomando las cifras desestacionalizadas, la tasa de paro no se ubicaría en el 13,92% de la población activa (como seguramente hayan leído en la prensa) sino en el 14,4%

Foto: Vista del exterior de una oficina de empleo en Madrid. (EFE)
Vista del exterior de una oficina de empleo en Madrid. (EFE)

Hace unas semanas, ya tuvimos ocasión de alertar de que la creación de empleo se hallaba seriamente en riesgo dentro de nuestro país. España necesita crecer a un ritmo anual de entre el 1% y el 1,5% para reducir su tasa de paro, esto es, para conseguir emplear a toda la nueva población activa y para absorber los aumentos de los costes laborales del 'stock' de trabajadores existente. Con un mercado laboral más flexible, requeriríamos de una menor expansión para generar y retener un volumen de ocupación suficiente como para minorar el paro, pero continuamos encorsetados en un marco laboral rígido, tanto para la entrada como para el mantenimiento y para la salida (si bien la reforma laboral de 2012 ha contribuido a mejorarlo de manera apreciable).

La Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2019 refuerza estos malos augurios: no en vano, nos encontramos ante la peor evolución en las cifras de empleo desde la recesión de 2012-2013. En particular, entre julio y septiembre del presente ejercicio, apenas incrementamos el número de ocupados en 69.400 personas; cifra que palidece frente a los 183.900 del tercer trimestre de 2018, los 235.900 de 2017 o los 226.500 de 2016. Se trata, en agregado, del menor dato desde el recesivo año 2013 (en aquel momento, apenas generamos 69.500 nuevos puestos de trabajo).

Mas, en cierto modo, el presente dato es peor que aquel, puesto que la mitad de los parcos 69.400 nuevos empleos del actual tercer trimestre se corresponden a empleos públicos, cuando entre julio y septiembre de 2013 el Estado redujo en más de 1.000 personas su plantilla. O expresado con otras palabras, nuestro sector empresarial apenas ha creado en el tercer trimestre de este año la mitad del empleo que impulsó durante el tercer trimestre del recesivo 2013: 35.200 frente a 71.300.

Evolución de la ocupación.
Evolución de la ocupación.

Así las cosas, si eliminamos los componentes puramente estacionales del dato de ocupación, comprobaremos que España no ha generado nada de empleo neto en este tercer trimestre: la tasa de aumento intertrimestral de la ocupación (en términos desestacionalizados) es de apenas el 0,09%.

Evolución de la tasa de ocupados.
Evolución de la tasa de ocupados.

Semejante parálisis de las contrataciones netas dificulta la absorción del incremento de la población activa: es decir, que las nuevas personas que buscan un empleo se dan de bruces con el muro de la (cuasi) nula capacidad de nuestra economía para generarlo, lo que irremediablemente se traduce en un mayor desempleo agregado. Así, aunque el paro todavía no ha comenzado formalmente a incrementarse —la cifra de parados todavía se redujo en 16.200 personas durante este último trimestre, aunque nótese que sin contrataciones públicas el paro sí habría aumentado—, tal minoración fue extraordinariamente inferior a la del mismo periodo de años anteriores: en el tercer trimestre de 2018, hubo 164.100 parados menos que en el periodo anterior; en el tercero de 2017, 182.600 menos, y, en el tercero de 2016, 253.900 menos.

De hecho, si desestacionalizamos nuevamente la serie del número de parados, comprobaremos que el desempleo ya está aumentando en nuestro país: lo empezó a hacer durante el segundo trimestre de 2019, pero ahora su ritmo se ha intensificado de una tasa intertrimestral del 0,74% a una del 1,72%. Tomando las cifras desestacionalizadas, la tasa de paro no se ubicaría en el 13,92% de la población activa (como seguramente hayan leído en la prensa) sino en el 14,4%. No hemos conseguido bajar del 14% y ya estamos volviendo a sumar parados.

Evolución de la tasa de parados.
Evolución de la tasa de parados.

En definitiva, nuestro mercado laboral es tan ineficiente que necesitamos de altas tasas de crecimiento para que el paro no comience a aumentar. Ahora mismo, con una economía en drástica desaceleración debido al parón europeo (a su vez causado por la guerra comercial y por el Brexit), nuestro mercado de trabajo ha vuelto a entrar en barrena. Y aunque el Ejecutivo socialista no sea el principal responsable de la situación, sí le es imputable el haber efectuado, de manera precipitada y no estudiada, algunos experimentos con gaseosa: por ejemplo, esa histórica subida del salario mínimo interprofesional que —a falta de que el Banco de España certifique sus efectos finales— es muy probable que esté agravando el actual contexto de estancamiento (si los ingresos empresariales dejan de expandirse y los gastos laborales se disparan, el margen de beneficios se esfuma).

En estos momentos de tribulación, no deberíamos adentrarnos en nuevas aventuras económicas: es hora de reformas que flexibilicen nuestra economía, no que la estrangulen todavía más.

Laissez faire
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