¿Las subidas del salario mínimo estimulan el consumo?

La evidencia disponible hasta la fecha no parece avalar la confianza ciega en que más SMI sea más consumo en agregado

Foto: La titular de Trabajo, Yolanda Díaz, flanqueada por los representantes de patronal y sindicatos. (EFE)
La titular de Trabajo, Yolanda Díaz, flanqueada por los representantes de patronal y sindicatos. (EFE)
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Uno de los argumentos más popularmente utilizados para defender las subidas del salario mínimo interprofesional es que impulsan el consumo de los trabajadores y, con ello, estimulan el crecimiento de la economía. Desde esta perspectiva, el SMI no solo no lastra la actividad sino que la favorece. Un razonamiento sencillo y aparentemente redondo. Pero solo aparentemente. En realidad, para que los aumentos del SMI espoleen aumentos del consumo agregado, han de darse una serie de supuestos que no siempre se verificarán: de hecho, no resulta en absoluto inverosímil que una subida del SMI pueda terminar reduciendo el consumo agregado.

Recordemos los cuatro canales a través de los cuales puede manifestarse un aumento del SMI:

  • Incremento de la productividad de los trabajadores: si la reacción empresarial ante una subida normativa de sus costes laborales es la de organizar mejor sus recursos internos y, de ese modo, logran aumentar la producción por hora trabajada de sus empleados, entonces el aumento del SMI se autofinanciaría; los trabajadores cobrarían sostenidamente más porque también producirían más. Y, en este caso, el aumento agregado del consumo estaría garantizado: se habrían creado nuevas rentas salariales sin contrapartidas negativas y una parte de las mismas se dirigiría a aumentar el consumo (de manera que experimentaríamos un sano efecto multiplicador).
  • Subidas de precios: el aumento del SMI también puede trasladarse, al menos entre algunas de las empresas afectadas, en forma de subidas de precios de sus mercancías. La forma de compensar sus sobrecostes salariales sería con mayores precios de venta. En este caso, los efectos del SMI sobre el consumo agregado ya no son tan claros. Por un lado, los trabajadores que hayan sido agraciados con un mayor salario mínimo tenderán a consumir más; pero, por otro lado, el resto de trabajadores verán cómo su cesta de la compra se encarece (por las subidas de precios), de modo que su renta disponible para adquirir otros bienes y servicios será menor. Solo si los trabajadores con salario mínimo aumentan su consumo más de lo que lo reducen el resto de ciudadanos ante las subidas de precios, el consumo agregado se incrementará.

  • Reducción de beneficios empresariales: otra vía en la que puede manifestarse la subida del SMI es un estrechamiento de los beneficios empresariales. Si la empresa acepta pasivamente sus mayores costes laborales, se limitará a ganar menos dinero. Pero recordemos que al menos una parte de esos beneficios empresariales (especialmente para el caso de las micropymes, que son las más afectadas por el aumento del SMI) se distribuye en forma de ingresos para sus propietarios y, por tanto, es la base del consumo de los capitalistas. Así pues, solo si los trabajadores afectados por el SMI aumentan su consumo más de lo que lo reducen los capitalistas, el consumo agregado se incrementará con el SMI. A este respecto, recordemos que un reciente 'paper' sobre Israel descubrió que los empresarios típicamente perjudicados por las subidas del SMI tenían una renta anual cercana a la media del país, de modo que no cabe considerarles grandes rentistas con muy bajas propensiones marginales a consumir. Asimismo, tampoco perdamos de vista que la demanda agregada no solo está conformada por el consumo agregado, sino también por la inversión agregada: si la subida del SMI perjudica la rentabilidad empresarial y, como consecuencia de ello, la inversión se reduce, podría suceder igualmente que el consumo agregado aumente menos de lo que se reduce la inversión agregada, de modo que el gasto agregado podría terminar cayendo.

Un hombre transporta cajas en el centro de Barcelona. (EFE)
Un hombre transporta cajas en el centro de Barcelona. (EFE)

  • Destrucción de empleo: la última de las vías por las que puede manifestarse el aumento del SMI es con la destrucción de empleo (al menos, para algunos de los empleados afectados). Si una empresa ni es capaz de incrementar su productividad, ni puede aumentar los precios de sus mercancías ni tampoco es capaz de absorber el aumento de costes contra su margen de ganancias, los trabajadores serán despedidos (o se los contratará durante un menor número de horas). En tal caso, tampoco es autoevidente que el consumo agregado crezca: el mayor consumo de aquellos asalariados que conserven su empleo tras la subida del SMI tendrá que ser mayor que la disminución del consumo de aquellos trabajadores que hayan perdido su empleo como consecuencia del SMI. En este sentido, por ejemplo, el análisis pormenorizado sobre los efectos del incremento del SMI en 2017 que efectuó el Banco de España estimó que la nueva masa salarial de aquellos que conservaron su empleo fue plenamente compensada por la caída de la masa salarial de aquellos que lo perdieron. Es decir, que el SMI no elevó netamente los salarios y, por tanto, tampoco es previsible que influyera positivamente sobre el consumo agregado.

En general, pues, el pronóstico no es demasiado optimista para el SMI. Para que de verdad elevara el consumo agregado, el mayor gasto de los trabajadores beneficiados debería compensar la caída del consumo del resto de ciudadanos a resultas de la elevación de precios, la caída del consumo de los empresarios que vean minorar sus beneficios y la caída del consumo de los trabajadores que pierdan su empleo (y, además, aun cuando el consumo agregado aumentara, este tendría que compensar una posible caída de la inversión a resultas de la menor rentabilidad empresarial). Tan es así que, cuando se han intentado medir los efectos del alza del SMI sobre el crecimiento del PIB, los resultados no han sido muy halagüeños: el economista Joseph Sabia, tomando datos de EEUU entre 1979 y 2012, concluyó que una subida del SMI del 10% reduce el crecimiento del PIB entre un 1-2% en el corto plazo (resultado poco reconciliable con el presunto aumento del consumo agregado que pregonan sus defensores).

En suma, aunque no cabe establecer una relación 'a priori' entre variaciones del SMI y consumo agregado (cada economía y cada época son susceptibles de engendrar resultados distintos), la evidencia disponible hasta la fecha no parece avalar la confianza ciega en que más SMI sea más consumo en agregado.

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