Lo que Echenique no contó a 'The Guardian'

La cuestión que deben resolver desde el Ejecutivo es más sencilla: sablear fiscalmente con mucha más virulencia a las clases medias o recortar sustancialmente el gasto público

Foto: El portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique. (EFE)
El portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique. (EFE)
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Pablo Echenique ha publicado un artículo en 'The Guardian' donde trata de defender el impuesto a las grandes fortunas impulsado por Unidas Podemos. El argumento se fundamenta esencialmente en dos proposiciones: primero, si España quiere gastar más, va a tener que incrementar sus impuestos debido a nuestra elevada deuda pública; segundo, la presión fiscal española está diseñada para favorecer a los más ricos y, por ello, recauda mucho menos que el resto de países europeos. Y, como resultado, debemos establecer un nuevo impuesto sobre las grandes fortunas para así recaudar alrededor de 10.000 millones de euros.

La primera proposición planteada por Echenique me parece esencialmente correcta: si queremos gastar más, no nos queda otra que recaudar mucho más (cuestión distinta es que debamos gastar más a largo plazo: pero no voy a entrar ahora en esa cuestión), especialmente debido a nuestro alto endeudamiento público. Celebro, de hecho, que Echenique haya terminado abrazando la 'lógica austericida' que durante tanto tiempo denunciaron demagogamente: a largo plazo, no podemos gastar más de lo que ingresamos y, por tanto, debemos preocuparnos por equilibrar nuestras finanzas públicas.

Más controvertida es la segunda proposición: es verdad que la presión fiscal española es muy inferior a la media de la Unión Europea. Pero intentar vincular ese desfase recaudatorio con la inexistencia de un impuesto a la riqueza como el que plantea Podemos resulta del todo falaz. Por un lado porque, aun cuando el resto de países europeos tuviera un tributo similar al propugnado por los morados, esa no sería ni de lejos la única diferencia: si España recauda cinco puntos de PIB menos que sus socios y si, según las propias estimaciones de Podemos, su impuesto a las grandes fortunas recaudará, como mucho, un punto del PIB, entonces seguiría quedando inexplicado el 80% de nuestra brecha. Por otro porque, como ya explicamos en otra ocasión, el impuesto que propugna Podemos no existe en ningún país europeo: por consiguiente, nuestro hecho diferencial con el continente no sería la ausencia, sino más bien la presencia de ese tributo.

¿Por qué motivo, entonces, España recauda menos que sus pares comunitarios? Esta pregunta es la verdaderamente importante que, vaya por dónde, Echenique se olvida de responder en su artículo para 'The Guardian'. La presión fiscal de nuestro país es más baja que la europea no porque nuestra tributación sobre la riqueza sea menos onerosa (al contrario: es más onerosa que en el resto de Europa), sino porque gravamos bastante menos el consumo y la renta. IVA (o especiales) e IRPF: precisamente las dos figuras impositivas que hace pocos días abogó por subir el Banco de España para equilibrar nuestras cuentas.

La parte de los gravámenes sobre el consumo requiere de poca explicación: el tipo efectivo del IVA (una vez consideramos las exenciones y los productos gravados al tipo reducido del 10%) es inferior al de la mayoría de países europeos. Equipararnos con Europa implica perseguir con mayor saña el gasto en consumo de todas las familias (son esos beneficios fiscales los que, por cierto, está analizando ahora mismo la AIReF).

Mayor explicación requiere la parte del IRPF. A la postre, uno podría elucubrar que Europa consigue más fondos por esta vía debido a que allí el Estado fiscaliza con mayor intensidad a 'los que más ganan'. Pero esta hipótesis es errónea: recordemos que la propuesta de aumento del IRPF a las rentas más altas, suscrita por PSOE y Podemos, apenas espera recaudar 328 millones de euros: el 0,03% del PIB. No, si Europa recauda mucho más por IRPF, es porque las rentas medias y las rentas bajas pagan más allí que aquí.

Y pagan más no necesariamente porque los tipos nominales que recaen sobre ellas sean más altos, sino porque, como sus ingresos sí son más elevados, tributan a tramos del IRPF superiores a los nuestros. Imaginemos que, de la noche a la mañana, los ingresos de todos los trabajadores españoles se duplicaran. En tal caso, la recaudación por IRPF se más que duplicaría debido a la progresividad de nuestra escala impositiva. Muchos ciudadanos que hoy se enfrentan a un tipo marginal del 24% pasarían a enfrentarse a uno del 30% o del 37%, y muchos de los que hoy sufren el 37% darían el salto al 45%. ¡Todo ello sin tocar una décima la escala impositiva! Pero claro, si a corto plazo no nos es posible incrementar muy notablemente los ingresos de las clases medias y de las rentas bajas (al contrario, con la crisis, se reducirán), ¿cuál es la única alternativa que nos resta para que paguen proporcionalmente tanto como en Europa? Pues incrementarles los tipos nominales sobre el IRPF. Sin esto, no se recaudará sustancialmente más, y si no se recauda sustancialmente más, no quedará otra que recortar los gastos para cuadrar el enorme déficit público que nos viene.

En definitiva, más allá de las cortinas de humo que plantea Podemos con su impuesto a las grandes fortunas, la cuestión que deben resolver desde el Ejecutivo es más sencilla: o sablear fiscalmente con mucha más virulencia a las clases medias o recortar sustancialmente el gasto público. No hay más. ¿Para cuándo un artículo en 'The Guardian' desvelándonos el misterio?

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