PSOE y Podemos abrazan la austeridad con el IVA de la luz
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Juan Ramón Rallo

Laissez faire

PSOE y Podemos abrazan la austeridad con el IVA de la luz

La restricción presupuestaria prevalece, por mucho que el populismo se haya empeñado en negarla

placeholder Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, conversa con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. (EFE)
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, conversa con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. (EFE)

El precio de la electricidad puede dividirse en cuatro partes: generación, suministro, recargos de la política energética e impuestos. Propiamente, solo la generación y el suministro son costes consustanciales al sistema eléctrico, los otros dos —recargos de la política energética e impuestos— son costes políticos. Aunque el porcentaje que representa cada una de estas partidas sobre la factura final de los hogares va cambiando según evolucione el variable coste de la generación, cabe decir en términos generales que la generación oscila entre el 25-30% del total, el suministro entre el 15-20%, los recargos de la política energética alrededor del 35% y los impuestos, sobre el 20%. Durante estos últimos días, la parte de los costes totales que se ha incrementado y que ha elevado la factura de la luz han sido los costes de generación (por cuanto han tenido que activarse centrales caras dentro de nuestro sistema marginalista de fijación de precios): un repunte transitorio que ha enervado a grandes masas de la población.

Sin embargo, convendría fijarse en que los costes de la generación representan una carga dentro de la factura eléctrica apenas ligeramente superior a la mordida que constituyen los impuestos. O dicho de otra forma, cuando una familia hace frente a sus gastos de la luz, está pagando tanto a las eléctricas por generar esa electricidad como lo que paga al Gobierno por no aportar ningún valor añadido en esa actividad en concreto. ¿Tiene sentido rasgarse las vestiduras por pagar lo que realmente cuesta generar la electricidad que consumimos y omitir la extracción de renta que efectúa el Gobierno con cargo al recibo de la luz?

Acaso porque la magnitud de la mordida sea tan evidente en momentos como este, el Ejecutivo está siendo exhortado a rebajar el IVA de la electricidad desde el 21% al 10%. Si el coste de generación se ha encarecido y el objetivo es que la luz no suba, ¿por qué no minorar el IVA que pesa sobre ella? (Es muy posible que la demanda de electricidad en momentos como el actual sea relativamente inelástica, de modo que no toda la rebaja fiscal se traduciría en menores precios para los usuarios, pero sí una parte sustancial, habida cuenta del enorme peso que el IVA tiene sobre el precio final). El Gobierno tendría una solución a corto plazo al alcance de la mano si de verdad quisiera remediar las actuales alzas de la electricidad.

Montero dice que Bruselas no vería con buenos ojos bajar el IVA y, desde UP, Echenique también ha rechazado rebajar el IVA de la electricidad

Pero no: de acuerdo con la portavoz, María Jesús Montero, Bruselas no vería con buenos ojos que reclasificáramos la electricidad al tipo reducido del IVA, dado que ya nos ha reprochado en varias ocasiones que estemos abusando de este mecanismo para minorar la fiscalidad sobre el consumo. Desde el lado de Podemos, Pablo Echenique también ha rechazado rebajar el IVA de la electricidad (a pesar de que Podemos lo llevaba en su programa electoral) porque ello solo redundaría en recortes del estado de bienestar. Las palabras de Montero son interesantes más allá de sus implicaciones coyunturales sobre el precio de la electricidad, dado que ponen de relieve dos mentiras capitales que nos ha estado relatando el Ejecutivo durante los últimos meses.

Primera mentira: que España se encuentra fuera de la tutela de Bruselas y que los hombres de negro ya no controlan las decisiones soberanas de política económica que se adoptan en nuestro país. Desde luego, no estamos intervenidos ni hemos suscrito ningún memorándum de entendimiento, pero mientras sigamos acumulando desequilibrios macroeconómicos, Bruselas nos vigilará y nos apercibirá. Máxime, justo antes de comenzar a recibir los 70.000 millones de euros con los que el Ejecutivo aspira a salvar la legislatura: por mucho que nos dijeran ese día que no llevaba aparejada ninguna condicionalidad, el control de Bruselas sí está ahí. Pero ¿por qué Bruselas no vería con buenos ojos que bajáramos el IVA de la electricidad? Pues porque España carga con un enorme déficit y con una gigantesca montaña de deuda pública y, por consiguiente, se nos exige que a medio plazo reequilibremos nuestra situación financiera, ya sea recortando gastos o aumentando ingresos. Dado que este Ejecutivo es alérgico a los recortes del gasto, la única vía que le queda es la de aumentar ingresos, lo cual —pese a las malas interpretaciones de Laffer— no suele conseguirse bajando impuestos. Y así llegamos a la segunda de las mentiras del Ejecutivo.

Foto: Tendido eléctrico. (Reuters)
Juan Ramón Rallo Opinión

Segunda mentira: que la era de la austeridad ya había terminado. En última instancia, ¿por qué Bruselas no vería con buenos ojos que bajáramos el IVA de la electricidad? Porque nuestro déficit se incrementaría y debemos reducirlo. Es decir, que seguimos sujetos a la austeridad a medio plazo. En ese mismo sentido se expresa Echenique: ¿por qué bajar el IVA de la electricidad debería implicar recortes del gasto público si simplemente podríamos ajustarnos emitiendo más deuda? Pues porque seguimos sometidos a la austeridad: si se recauda menos, habrá que gastar menos en lugar de endeudarse más. La restricción presupuestaria prevalece por mucho que el populismo se haya empeñado en negarla.

En suma, puede que en las actuales circunstancias no haya margen para bajar el IVA de la electricidad (sobre todo si no se aprueban recortes compensatorios del gasto), pero que el Ejecutivo lo reconozca con tanta naturalidad solo pone de relieve que incluso Podemos ya ha abrazado la 'tutela austericida' de Bruselas.

El precio de la electricidad puede dividirse en cuatro partes: generación, suministro, recargos de la política energética e impuestos. Propiamente, solo la generación y el suministro son costes consustanciales al sistema eléctrico, los otros dos —recargos de la política energética e impuestos— son costes políticos. Aunque el porcentaje que representa cada una de estas partidas sobre la factura final de los hogares va cambiando según evolucione el variable coste de la generación, cabe decir en términos generales que la generación oscila entre el 25-30% del total, el suministro entre el 15-20%, los recargos de la política energética alrededor del 35% y los impuestos, sobre el 20%. Durante estos últimos días, la parte de los costes totales que se ha incrementado y que ha elevado la factura de la luz han sido los costes de generación (por cuanto han tenido que activarse centrales caras dentro de nuestro sistema marginalista de fijación de precios): un repunte transitorio que ha enervado a grandes masas de la población.

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