Menos crecimiento, mismas políticas
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Juan Ramón Rallo

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Menos crecimiento, mismas políticas

Lo relevante no es tanto si el Ejecutivo ha acertado o se ha equivocado, cuanto qué lecciones va a extraer de esta nueva narrativa sobre nuestro ritmo de recuperación

Foto: La ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. (EFE)
La ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño. (EFE)

El Instituto Nacional de Estadística acaba de revisar muy sustancialmente a la baja su estimación de crecimiento para el segundo trimestre de este año: frente al cálculo inicial de que el PIB español se había expandido un 2,8% intertrimestralmente, resulta que en realidad apenas lo hizo en un 1,1%. No es un dato ni mucho menos malo, pero está muy lejos de ser espectacular. A la postre, el crecimiento intertrimestral del 2,8% era un crecimiento histórico, uno que apuntaba hacia un rebote mucho más robusto del esperado; pero, en cambio, un crecimiento intertrimestral del 1,1% es algo que incluso hemos llegado a experimentar en dos ocasiones durante los últimos cinco años sin necesidad de estar rebotando desde el fondo de una pandemia: concretamente, en el primer trimestre de 2015 y en el segundo trimestre de 2017.

Pero es que, además, crecemos menos intensamente y lo hacemos con respecto a un nivel más bajo del que antes creíamos: la evolución del PIB durante el primer trimestre también ha sido recortada desde un -0,4% al -0,6%: es decir, que nuestros niveles de actividad a mediados de 2021 apenas eran un 0,4% superiores a los del cierre de 2020 (en lugar de un 2,4% mayores) y siguen siendo un 8,2% inferiores a los del cuarto trimestre de 2019 (en lugar de un 6,7% inferiores).

Foto: Los estibadores descargan un carguero. (Reuters)

Esta sustancial revisión a la baja del PIB no es un mero ajuste estadístico anecdótico, sino que conlleva implicaciones muy serias tanto en las previsiones de crecimiento que conocimos este miércoles cuanto en las negociaciones de políticas públicas que están teniendo lugar en el seno del Ejecutivo.

Primero, este pasado miércoles, el Ministerio de Economía y el Banco de España se enredaron en una guerra de previsiones sobre qué haría el PIB nacional a finales de este ejercicio. Mientras que el Ministerio de Economía consideraba que el PIB prepandemia podía llegar a superarse durante el primer trimestre de 2022, el Banco de España era bastante más cauto en sus pronósticos, pues ubicaba el crecimiento anual en dos décimas en 2021 y 1,1 puntos en 2022, por debajo de las expectativas del Ejecutivo. A tenor de los nuevos datos, parece que será el Banco de España quien se lleve el gato al agua y que el Gobierno pecó de optimista en sus vaticinios del miércoles. No obstante, también es necesario reconocer la dificultad de efectuar cualquier tipo de previsión en un contexto tan atípico como el actual. Lo relevante, pues, no es tanto si el Ejecutivo ha acertado o se ha equivocado, cuanto qué lecciones va a extraer de esta nueva narrativa sobre nuestro ritmo de recuperación (si es que se confirma con los datos que próximamente adelantará el INE a propósito del tercer trimestre).

Foto: Foto: iStock.

Y es que, en segundo lugar, parte de las políticas públicas que ya se han adoptado (como la subida del salario mínimo en septiembre) o que se están negociando en estos momentos (como el incremento del impuesto sobre sociedades) descansaban sobre la premisa de que nuestro PIB estaba aumentando a ritmos acelerados, de modo que nuestro crecimiento no se resentiría por el hecho de aumentar los costes que padecen las empresas. Pero los nuevos datos del INE deberían, al menos, llevar a que los proponentes de esta tesis (esencialmente, el entorno económico de Podemos) como poco la maticen. Máxime si tenemos en cuenta que uno de los componentes que muestran una peor evolución (ya lo hacía antes de la revisión) es la inversión empresarial: durante el segundo trimestre de 2021, esta se redujo un 3,1% con respecto al primero. De hecho, la inversión empresarial se hallaba en el segundo trimestre de 2021 en su nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2020 (más bajo, por tanto, que en el tercer y cuarto trimestre de 2020 y que en el primero de 2021). Se trata de la primera contracción de la inversión empresarial desde que arrancamos con la recuperación posconfinamiento.

¿Es, por consiguiente, el momento de aguarles todavía más las expectativas de futuro a las empresas? Desde luego, no lo parece. Pero es dudoso que vayan a cambiar las prescripciones de política económica de aquellos que las justificaban sobre la supuesta base de la fortaleza de nuestra recuperación económica: porque, como siempre, primero se fijan las políticas a adoptar y luego se buscan las excusas para justificarlas.

El Instituto Nacional de Estadística acaba de revisar muy sustancialmente a la baja su estimación de crecimiento para el segundo trimestre de este año: frente al cálculo inicial de que el PIB español se había expandido un 2,8% intertrimestralmente, resulta que en realidad apenas lo hizo en un 1,1%. No es un dato ni mucho menos malo, pero está muy lejos de ser espectacular. A la postre, el crecimiento intertrimestral del 2,8% era un crecimiento histórico, uno que apuntaba hacia un rebote mucho más robusto del esperado; pero, en cambio, un crecimiento intertrimestral del 1,1% es algo que incluso hemos llegado a experimentar en dos ocasiones durante los últimos cinco años sin necesidad de estar rebotando desde el fondo de una pandemia: concretamente, en el primer trimestre de 2015 y en el segundo trimestre de 2017.

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