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Scholz no es un adalid antiausteridad
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Juan Ramón Rallo

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Scholz no es un adalid antiausteridad

Los ajustes llegarán con Scholz aproximadamente al mismo tiempo que con Merkel o con Laschet

Foto: Olaf Scholz. (Reuters)
Olaf Scholz. (Reuters)

Tras haber alimentado durante años el mito de que Angela Merkel imponía una terrible austeridad dentro de la Unión Europea, las recientes elecciones alemanas suponían, a juicio de muchos, la oportunidad de oro para que el Gobierno alemán pasara a unas manos más 'progresistas' y, en consecuencia, más favorables a la laxitud financiera tanto dentro de Alemania como en el conjunto del continente. La aspiración del Gobierno español, por ejemplo, era que el socialdemócrata Olaf Scholz saliera elegido canciller y se aviniera a reformar las reglas fiscales europeas a las que debemos obediencia.

Sin embargo, y a pesar de que el resultado final de las elecciones posiciona a Scholz un paso por delante de sus rivales para acceder a la cancillería alemana, es bastante dudoso que su eventual reinado vaya a suponer un cambio significativo en los consensos fiscales que rigen dentro de la Unión Europea. Esencialmente, por tres motivos.

Foto: Ilustración: EC Diseño.

Primero, aunque las elecciones hubiesen arrojado un triunfo arrollador del SPD, al final la agenda política vendría marcada por la opinión pública: y la opinión pública alemana sigue siendo reacia a la indisciplina fiscal de los países del sur. Una cosa es que hayan sido inusualmente permisivos con la crisis del covid-19 y otra muy distinta que se extienda una barra libre de irresponsabilidad presupuestaria. A Scholz no se le ha votado para que ponga fin a la austeridad, de modo que en ningún caso podrá gobernar en contra del sentir mayoritario del pueblo.

Segundo, lo cierto es que no ha habido ningún triunfo arrollador ni del SPD en particular ni de la izquierda en general. Tan es así que el hundimiento de la extrema izquierda de Die Linke impide alcanzar la mayoría parlamentaria sin el concurso o de la CDU o del FDP. No hay ninguna coalición mayoritaria que no incluya o a los democristianos o a los liberales. De hecho, no hay prácticamente ninguna coalición (salvo la gran coalición) que no incluya a los liberales: tanto si avanzamos hacia una coalición semáforo (SPD-FDP-Verdes) como si lo hacemos hacia una coalición Jamaica (CDU-FDP-Verdes), los liberales son indispensables. En tal caso, es poco probable que los amarillos permitan una relajación de las reglas fiscales europeas: máxime si, como se rumorea, terminan ocupando la cartera de Finanzas en cualquiera de las dos posibles coaliciones.

Foto: Un cartel de Olaf Scholz. (Reuters)

Y tercero, por mucho que en España se nos vendiera que Olaf Scholz era un político de izquierdas predispuesto a modificar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento dentro de la Unión, eso nunca fue así. Scholz fue el ministro de Finanzas del último Gabinete de Merkel, y desde esa cartera tuvo que plantar cara, por ejemplo, a la indisciplina presupuestaria de Italia, auspiciada en su momento por la coalición de gobierno entre La Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas. Asimismo, durante los últimos meses, el líder socialdemócrata se ha tenido que pronunciar en diversas ocasiones sobre una posible reescritura de las reglas fiscales europeas y su respuesta siempre ha sido la misma: las actuales reglas fiscales ya son suficientemente flexibles, tal como hemos podido observar con el fuerte aumento del endeudamiento público durante la pandemia, y por tanto no hay ningún buen motivo para querer cambiarlas. ¿Con qué cara puede España llorarle a Scholz que las reglas fiscales europeas no nos otorgan margen para endeudarnos si ahora mismo ya cargamos con una deuda equivalente al 120% del PIB? Es decir, que no solo es improbable que Scholz tenga capacidad de enfrentarse a la opinión pública o a sus potenciales socios de gobierno, es que tampoco va a querer enfrentarse para modificar ese marco fiscal.

En suma, los ajustes llegarán con Scholz aproximadamente al mismo tiempo que con Merkel o con Laschet. Y no deberíamos verlo como un problema: más bien, nosotros mismos deberíamos ser los primeros interesados en poner en orden nuestras propias finanzas.

Tras haber alimentado durante años el mito de que Angela Merkel imponía una terrible austeridad dentro de la Unión Europea, las recientes elecciones alemanas suponían, a juicio de muchos, la oportunidad de oro para que el Gobierno alemán pasara a unas manos más 'progresistas' y, en consecuencia, más favorables a la laxitud financiera tanto dentro de Alemania como en el conjunto del continente. La aspiración del Gobierno español, por ejemplo, era que el socialdemócrata Olaf Scholz saliera elegido canciller y se aviniera a reformar las reglas fiscales europeas a las que debemos obediencia.

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