¿Por qué los 'youtubers' se oponen al capitalismo?
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Juan Ramón Rallo

Laissez faire

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¿Por qué los 'youtubers' se oponen al capitalismo?

Si los 'youtubers' 'fachas' ganan suficiente dinero en redes como para dedicarse en exclusiva a ello y los de izquierdas no, ¿cómo va a nivelarse el terreno de juego ideológico?

Foto: Foto: Reuters/Lucy Nicholson.
Foto: Reuters/Lucy Nicholson.

En 1998, Robert Nozick escribió un famoso artículo titulado “¿Por qué los intelectuales se oponen al capitalismo?”. Por intelectuales, Nozick se refería a aquellos que hacen de su profesión el uso de la propia palabra para el consumo ajeno, a saber, “poetas, novelistas, críticos literarios, periodistas y muchos profesores”. Hoy podríamos incluir también a los 'youtubers', 'tiktokers', 'twitcheros' o 'instagramers'.

De acuerdo con Nozick, este nutrido grupo de intelectuales tiende a odiar el capitalismo por sentirse socialmente minusvalorados en el sistema de reparto de estatus e ingresos que articula este sistema socioeconómico. A los ojos de los intelectuales, ellos deberían ubicarse en lo más elevado de la escala social: el intelectual se percibe como si estuviera desarrollando una de las funciones más valiosas y meritorias de la sociedad, pero luego llega el mercado (es decir, los consumidores) y soberanamente no aprecia ese valor y ese mérito entre la mayoría de los intelectuales y, por tanto, no les remuneran como ellos creen que se merecerían ser remunerados.

Foto: Isaac Sánchez, cuatro años fuera de YouTube. (Patricia J. Garcinuño)

Hipotetiza Nozick que muchos intelectuales consideran que el mercado debería mimetizar el funcionamiento de una escuela: “Si eres muy listo, si te lo curras mucho, obtendrás por baremos objetivos las mejores notas de la clase”. Pero el mercado no funciona así: en el mercado, quien triunfa no es necesariamente ni el más listo ni el que trabaja más (aunque los dos factores pueden contribuir decisivamente a que triunfes), sino quien, por cualquier motivo trascendental o no, genera más valor para los demás. El que coopera más exitosamente con el mayor número de personas, vaya. En ocasiones, ese alguien puede ser tan 'vulgar' (de vulgo, pueblo) como Belén Esteban y en otras algo tan elitistamente intelectualoide como Žižek: la cuestión es que haya (suficiente) gente que quiera leerte, verte o escucharte. Pero si eres intelectual y el mercado no te da todo el reconocimiento social y toda la remuneración que crees merecer, entonces es que el capitalismo ha de ser un mal sistema socioeconómico que pervierte el correcto funcionamiento de la sociedad.

'Mutatis mutandis', este mismo razonamiento de Nozick también podría aplicarse al resentimiento que ciertos intelectuales no suficientemente exitosos pueden sentir hacia otros intelectuales relativamente más exitosos y en sus antípodas ideológicas. Si, por ejemplo, la izquierda es la única ideología correcta y verdadera y si el pueblo además siempre tiene razón (¿cómo opinar lo contrario siendo demócrata?), entonces que los creadores de contenido no de izquierdas (liberales, conservadores, fachas, peperos, voxeros…) estén triunfando en el mercado de la comunicación solo puede significar que el mercado ha de ser un mal sistema socioeconómico para repartir estatus e ingresos. Un sistema que debería ser controlado desde fuera para que arroje el resultado que realmente debería arrojar.

Foto: EC.

A esto —y a un intento de captura lobística y sindical del mercado en su privativo beneficio— se reduce la última iniciativa de UGT de crear una “red de creadores de contenido” para trasladar la lucha sindical al ámbito de las redes sociales como YouTube, Twitch, TikTok o Instagram. Según se quejan desde UGT, el reparto de la tarta de los ingresos de estas plataformas no es justo, pero ya no solo ni principalmente porque la plataforma se quede con una parte sustancial de los ingresos por publicidad, sino porque la mayor parte de los ingresos que reciben los creadores se concentra en manos de muy pocos de esos creadores, los cuales, para más inri, suelen ser creadores 'fachas' (nótese que si la UGT lograra que las compañías repartieran un mayor porcentaje de los ingresos publicitarios a los creadores, los más beneficiados con el actual algoritmo serían los creadores que a día de hoy cuentan con mayor audiencia: ¿quieren volver más ricos a los ricos?).

Foto: Julio Corbacho, 'youtuber' residente en Andorra, posa con su Porsche Panamera en Les Escaldes. (Reportaje fotográfico: Fernando Galindo)

Pero ¿quién tiene la culpa de que los creadores de contenido no de izquierdas se estén llevando la mayor de espectadores y, por tanto, la mayoría de los ingresos que distribuyen estas plataformas? Pues, según la UGT y algunos creadores que se han sumado al carro, oscuros y arbitrarios algoritmos que no están sometidos al control democrático y que no favorecen la 'diversidad ideológica' en las plataformas. Vamos, que querrían ser ellos quienes tomaran el control del algoritmo no para maximizar los beneficios sociales, sino para canalizar las visitas y los beneficios hacia aquellos que hoy no tienen ni suficientes visitas ni suficientes beneficios, pero que, por calidad objetiva y superioridad ideológica, creen que sí los merecen. El mercado, ese que ha posibilitado crear plataformas como YouTube o Twitch desde las cuales hoy en día cualquier persona con muy poca inversión inicial puede llegar a crear un medio de comunicación que potencialmente vea más gente que muchas carísimas televisiones públicas o privadas, ese mercado teóricamente ha sido un fracaso y ellos, en cambio, serían capaces de rediseñarlo para que funcione mejor (no para el espectador, sino para ellos, claro).

A la postre, si los 'youtubers', 'tiktokers, 'twitcheros' e 'instagramers' 'fachas' ganan suficiente dinero en redes como para dedicarse en exclusiva a la comunicación política y los de izquierdas no lo hacen, ¿cómo va a nivelarse el terreno de juego ideológico salvo mediante la coacción del Estado que les dé a ellos aquello que no se han ganado por medios voluntarios? Pues con persuasión, tiempo, talento, ingenio, esfuerzo y quizá también algo de suerte. Cooperando más y mejor en lugar de parasitando más y peor.

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