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¿Por qué falta leche de fórmula en EEUU?
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Juan Ramón Rallo

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¿Por qué falta leche de fórmula en EEUU?

El problema reside en el disparatado intervencionismo de las autoridades estadounidenses en contra de la importación de leche de fórmula

Foto: Leche de fórmula en un supermercado de Auckland. (Reuters)
Leche de fórmula en un supermercado de Auckland. (Reuters)
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El 43% de los comercios de EEUU declara no tener 'stocks' de leche de fórmula. La situación se ha agravado tanto que Joe Biden ha echado mano de legislación de tiempos de guerra (la Defense Production Act, aprobada durante la Guerra de Corea) para priorizar el suministro de factores productivos hacia los fabricantes de este bien tan esencial para muchas familias.

Esta semi-militarización de algunas partes de la economía estadounidense podrá parecer de sentido común: si existe un problema de desabastecimiento tan grave en un artículo tan importante como la leche de fórmula, ¿qué otras alternativas le quedaban a Biden salvo hacer lo que ha hecho? Pues hacer lo que no ha hecho. Si hubiese querido solucionar de verdad el problema, habría atacado sus causas profundas y estas no son otras que el disparatado intervencionismo de las autoridades estadounidenses en contra de la importación de leche de fórmula.

Foto: Mujeres amamantan a sus hijos en el jardín botánico de Ciudad de México (Edgard Garrido / Reuters)

En EEUU, el 98% del consumo nacional de leche de fórmula procede de producción nacional: es decir, las importaciones apenas alcanzan el 2% de su consumo anual. Semejante estructura de mercado provoca que cualquier contratiempo interno obstaculice el abastecimiento regular de esta mercancía: por ejemplo, a finales de febrero, la FDA exigió la retirada de ciertas leches de fórmula de Laboratorios Abbott (el principal fabricante del país) porque creía que podían estar vinculadas con la muerte de dos bebés y Abbott suspendió de inmediato su producción; en condiciones normales, otros fabricantes habrían incrementado su oferta para suplir el hueco que dejaba Abbott, pero el mercado laboral estadounidense está enormemente tensionado (aun cuando todos los parados encontraran empleo, seguiría habiendo unos seis millones de puestos de trabajo sin cubrir), de manera que la oferta de casi cualquier bien se ha vuelto muy inelástica (por ese motivo, cualquier incremento de la demanda se traduce en un alza de precios en lugar de en un alza de la producción). Si dependes (casi) exclusivamente de tu mercado local y tu mercado local no responde, entonces tienes un grave problema.

Pero la cuestión es por qué EEUU consume casi en exclusiva leche de fórmula nacional; por qué, en estos momentos de grave desabastecimiento, los comercios del país no están importando masivamente leche de fórmula desde otros mercados donde no existen tales problemas de suministro. Sin ir más lejos, la Unión Europea es el principal productor y exportador mundial de leche de fórmula: sus exportaciones triplican el consumo anual total de EEUU. Y a la Unión Europea la siguen, como principales exportadores, Nueva Zelanda y Suiza. ¿Qué impide que EEUU compre leche de fórmula en estos mercados?

Foto: Mina de tierras raras en California, EEUU. (Reuters)

No solo los altos aranceles que gravan la importación de este bien (un 17,5% de entrada, pero que va aumentando conforme crece el volumen importado), sino sobre todo que la leche de fórmula extranjera no cuenta mayoritariamente con la autorización de la FDA. Y sin la autorización de la FDA, la leche de fórmula no puede venderse dentro de EEUU. Los habrá que consideren del todo justificado y necesario que una burocracia estatal expida autorizaciones para comercializar productos sanitarios, subsanando de ese modo cualquier tipo de problema de información asimétrica que pudiera existir entre los consumidores (“¿cómo sé si esta leche de fórmula es salubre para mi hijo?”). Pero aun encomendando tal tarea a un órgano estatal centralizado, lo que no tiene ningún sentido es que la FDA se niegue a reconocer los estándares sanitarios que, respecto a la leche de fórmula, prevalecen en la Unión Europea, Suiza o Nueva Zelanda.

¿Es que la leche de fórmula que consumen nuestros hijos en estos territorios es insana y peligrosa? Obviamente, no. Acaso cuente incluso con estándares sanitarios más exigentes que los de EEUU. El problema es que esos estándares sanitarios no son exactamente los mismos que los que impone la FDA (en ocasiones, los requisitos son tan ridículos como que los componentes aparezcan en un determinado orden en el etiquetado) y, por tanto, esta se niega a expedir un reconocimiento automático para aquella leche de fórmula que ya haya sido aprobada en la Unión Europea, Suiza o Nueva Zelanda por sus respectivas autoridades sanitarias. ¿De verdad es mejor semi-militarizar algunas partes de una economía que, como la estadounidense, ya está expuesta a graves cuellos de botella antes que eliminar aranceles y expedir autorizaciones extraordinarias para importar leche de fórmula desde jurisdicciones confiables? Desde luego, para el expansionista intervencionismo estatal, sí. Nunca te disculpes de los errores del intervencionismo estatal: aprovéchalos para incrementar el intervencionismo estatal todavía más.

El 43% de los comercios de EEUU declara no tener 'stocks' de leche de fórmula. La situación se ha agravado tanto que Joe Biden ha echado mano de legislación de tiempos de guerra (la Defense Production Act, aprobada durante la Guerra de Corea) para priorizar el suministro de factores productivos hacia los fabricantes de este bien tan esencial para muchas familias.

Leche Importaciones Estados Unidos (EEUU)
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