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Por qué no deflactar el IRPF equivale a subir impuestos
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Juan Ramón Rallo

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Por qué no deflactar el IRPF equivale a subir impuestos

Deflactar el IRPF según la inflación no implica subirle ni bajarle los impuestos a nadie: equivale a mantener la misma estructura fiscal que antes de la inflación

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Ballesteros)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Ballesteros)
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El Gobierno alemán han dejado en evidencia al Ejecutivo de Pedro Sánchez al plantear una cuestión que no debería admitir mucho debate: la necesidad de deflactar el IRPF según la inflación. Semejante deflactación debería producirse, siempre, de manera automática, sin necesidad de que el Gobierno de turno ofrezca su plácet. Del mismo modo que este Gobierno defiende con uñas y dientes que las pensiones estén indexadas al IPC, resulta cuando menos incoherente que no reclame un mismo trata paritario para el contribuyente.

Pero no, tanto Sánchez como Montero están cerrados en banda a una posible deflactación del IRPF. Argumentan que este no es el momento de bajar impuestos a los ciudadanos, sino de concentrar los recursos públicos en quienes más sufren (¿como los pensionistas, con ingresos más elevados?). Sin embargo, en este lenguaje encontramos la primera trampa que termina viciando el debate: deflactar el IRPF a la inflación no equivale a bajar impuestos, sino a no subirlos. Quizá no sea el momento de bajar impuestos (discutible), pero desde luego no es el momento de subirlos: o, si creen que es el momento de hacerlo, que acudan a las Cortes con su propuesta transparente de aumento impositivo y paguen ante la población el peaje político de disparar la tributación. Más ni lo uno ni lo otro.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden. (Reuters/Elizabeth Frantz) Opinión

Expongamos por qué, en efecto, no deflactar la tarifa del IRPF equivale a aumentar impuestos a todos los contribuyentes. Supongamos que el IRPF tiene la siguiente tarifa: hasta 10.000 euros, se paga el 10%; a partir de 10.000 euros, se paga el 30%. En ese caso, un trabajador que ingrese 15.000 euros abonaría 2.500 euros en impuestos, que serían equivalentes al 16,6% de su salario. Pues bien, imaginemos ahora que durante un año o durante varios años se acumula una inflación de 100% sin que el IRPF se deflacte. ¿Cómo afectará este hecho al trabajador de nuestro ejemplo anterior? Pues caben dos posibilidades extremas: que el trabajador haya visto aumentar su salario en línea con la inflación (hasta 30.000 euros) o que su salario no haya crecido nada y se haya comido todo el empobrecimiento inflacionista. En ambos casos, el IRPF le castigará sobreproporcionalmente.

Primero, si su salario nominal ha pasado de 15.000 a 30.000 euros (aun cuando su salario real siga siendo de 15.000 euros), los impuestos que deberá pagar ascenderán a 7.000 euros, lo que supone un tipo efectivo del 23,3% (frente al 16,6% que soportaba con anterioridad). Es decir, a pesar de que no se ha enriquecido, paga más impuestos.

Segundo, si su salario nominal se ha quedado congelado en 15.000 euros, su salario real se habrá visto reducido hasta 7.500 euros. Y a pesar de que su salario real ha caído a 7.500 euros (en cuyo caso debería pagar 750 euros al IRPF, esto es, un tipo efectivo del 10%), abonará 2.500 euros en impuestos que suponen un tipo efectivo del 16,6%. Dicho de otro modo, si a este trabajador se le hubiese rebajado el salario nominal en un 50% en un contexto de estabilidad de precios, pagaría unos impuestos del 10% de su salario; pero como se le baja el salario por la puerta de atrás, erosionando su capacidad adquisitiva, pagará el 16,6%.

Foto: Foto: EFE/Henry Chirinos. Opinión

Se mire como se mire, pues, estamos ante un sablazo tributario generalizado que podría solventarse de un modo muy sencillo: deflactando el IRPF según la inflación. Imaginemos que modificamos el IRPF de nuestro ejemplo anterior, de tal manera que hasta 20.000 euros se pague el 10% y a partir de 20.000 euros se pague el 30%. En ese caso, el trabajador que le hayan subido su salario en línea con la inflación (de 15.000 a 30.000 euros) seguirá pagando un tipo efectivo del 16,6% (sus impuestos ascenderán a 5.000 euros); asimismo, el trabajador que se haya quedado con un salario nominal de 15.000 euros (equivalente a un salario real de 7.500 euros) pagará un tipo impositivo del 10% (1.500 euros en impuestos).

Deflactar el IRPF según la inflación no implica subirle ni bajarle los impuestos a nadie: equivale a mantener la misma estructura fiscal que antes de la inflación. Pero obviamente nuestro Gobierno quiere subir los impuestos a todos los contribuyentes sin pasar por las Cortes. Exprimir más a los españoles sin mirarles a los ojos y reconocer qué se está apropiando de porcentajes crecientes de su dinero. Prefieren la puñalada trapera.

El Gobierno alemán han dejado en evidencia al Ejecutivo de Pedro Sánchez al plantear una cuestión que no debería admitir mucho debate: la necesidad de deflactar el IRPF según la inflación. Semejante deflactación debería producirse, siempre, de manera automática, sin necesidad de que el Gobierno de turno ofrezca su plácet. Del mismo modo que este Gobierno defiende con uñas y dientes que las pensiones estén indexadas al IPC, resulta cuando menos incoherente que no reclame un mismo trata paritario para el contribuyente.

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