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Centralizar impuestos no es un debate técnico, sino político
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Juan Ramón Rallo

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Centralizar impuestos no es un debate técnico, sino político

Si los objetivos políticos son distintos a los del estatismo jacobino de Escrivá, entonces la centralización fiscal no tiene por qué ser técnicamente superior a la descentralización

Foto: El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. (EFE/Juanjo Martín)
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. (EFE/Juanjo Martín)
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A diferencia de lo que sostuvo ayer el ministro Escrivá, centralizar o descentralizar impuestos no es una cuestión solamente técnica, sino sobre todo política (más bien, filosófico-política). A la postre, no es misión de 'la técnica' escoger entre fines u objetivos políticos dispares: 'la técnica' solo puede decirnos, como mucho (y ni siquiera de manera totalmente independiente de la reflexión política), cuál es el camino más eficiente —en este caso, centralizar o descentralizar tributos— para alcanzar un determinado fin. Pero 'la técnica' no escoge entre fines rivales.

Así las cosas, si el objetivo de Escrivá, como buen estatista, es maximizar la recaudación tributaria en manos del Estado (no necesariamente en manos de la Administración central, sino del conjunto de administraciones), entonces ciertamente centralizar impuestos es probablemente la mejor opción. Al igual que un conjunto de empresas podría abusar del consumidor cartelizándose (o integrándose en un monopolio) para subir precios, las administraciones también pueden abusar del contribuyente cartelizándose (o centralizándose) para incrementar los impuestos.

Foto: Isabel Rodríguez, ministra de Política Territorial y Portavoz del Gobierno. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

A su vez, si el objetivo de Escrivá, como buen jacobino, es suprimir las diferencias de preferencias institucionales entre unidades de población inferiores a 'la nación', entonces ciertamente centralizar impuestos es probablemente la mejor opción. Al centralizar, las preferencias ideológicas de la mayoría del demos español se imponen de manera uniformizadora sobre todos los individuos, sin permitir que las agrupaciones de ciudadanos con una escala inferior a la nacional —por ejemplo, municipios o autonomías— puedan diferenciarse al respecto. Ahora bien, si este fuese uno de los propósitos de Escrivá, no quedaría entonces muy claro por qué el ministro se opone a centralizar en paralelo la sanidad o la educación y, ya puestos, en suma, a abolir el Estado de las autonomías y recuperar el omnicentralismo franquista. ¿Por qué sí es positivo, legítimo y aceptable que la mayoría de españoles impongan sus preferencias fiscales a ciertas minorías agrupadas regionalmente, pero no lo es que hagan lo propio en materia de, por ejemplo, currículo educativo nacional? Al menos en esto el jacobinismo de Vox resulta más coherente que el jacobinismo de Escrivá (siendo ambos jacobinos).

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Sin embargo, si los objetivos filosófico-políticos son distintos a los del estatismo jacobino promovido por Escrivá, entonces la centralización fiscal no tiene por qué ser técnicamente superior a la descentralización. Si los objetivos pasan por reducir la interferencia del Estado sobre nuestras vidas o por permitir que agrupaciones de ciudadanos inferiores a 'la nación' puedan diferenciarse institucionalmente del 'espíritu nacional' mayoritario, será desde luego preferible que las autonomías (o los municipios) sean cesionarios de cuantos más impuestos mejor para que cada una de ellas se adapte a las preferencias localmente mayoritarias en materia fiscal y que, al hacerlo, cada una de ellas internalice enteramente el coste de apostar por un estatismo exacerbado: es decir, que los distintos modelos fiscales derivados de las preferencias regionales compitan entre sí a la hora de captar a las minorías locales descontentas con su respectivo modelo regional.

En suma, solo presuponiendo que el estatismo jacobino es el único objetivo filosófico-político a considerar (obviando, por ejemplo, el liberalismo pluralista) cabría argumentar que la centralización fiscal es técnicamente superior a la descentralización fiscal. Pero si ese es el axioma del que parte Escrivá, ¿podría al menos explicarnos el ministro por qué parte de él? ¿O es que acaso pretende soslayar el debate ideológico que claramente subyace a su propuesta inocentemente técnica?

A diferencia de lo que sostuvo ayer el ministro Escrivá, centralizar o descentralizar impuestos no es una cuestión solamente técnica, sino sobre todo política (más bien, filosófico-política). A la postre, no es misión de 'la técnica' escoger entre fines u objetivos políticos dispares: 'la técnica' solo puede decirnos, como mucho (y ni siquiera de manera totalmente independiente de la reflexión política), cuál es el camino más eficiente —en este caso, centralizar o descentralizar tributos— para alcanzar un determinado fin. Pero 'la técnica' no escoge entre fines rivales.

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