La semana pasada explicamos que los salarios en España llevan estancados desde 1995 debido a que, a su vez, la productividad no ha aumentado significativamente en 30 años. Esta semana, empero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presumido del fuerte crecimiento de nuestra economía. Y los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística parecen darle motivos para ello: en el segundo trimestre de 2025, el PIB español creció un 0,7% respecto al trimestre anterior, mientras que el conjunto de la Unión Europea apenas lo hizo apenas un 0,1%. De hecho, no se trata de una divergencia novedosa, sino que viene ocurriendo desde hace tiempo. Hasta tal punto ha sido así que, nuevamente Sánchez, ha difundido desde X un gráfico en el que se compara la evolución del PIB español desde el primer trimestre de 2018 al segundo trimestre de 2025 con el de Alemania, Francia, Italia y la UE: y en él se refleja que desde 2018 hemos crecido más de un 10% y muy por encima del resto.
Ahora bien, ¿cuán informativo resulta en aislado la evolución del PIB? ¿Significa que el bienestar de los españoles se ha expandido a un ritmo más acelerado que el de nuestros vecinos? ¿Implica que súbitamente nos estamos volviendo más productivos y, por tanto, estamos agigantando nuestra capacidad de generación de riqueza? No tan rápido. Que el PIB aumente es en sí mismo positivo por algunas razones: por ejemplo, porque nos aleja de un escenario de crisis financiera (el aumento de los ingresos nominales facilita mantener el repago de la deuda, tanto pública como privada) o porque una economía de mayor tamaño proporciona ciertas ventajas de economía de escala, verbigracia a la hora de facilitar el crecimiento empresarial. Pero, desde luego, no es por sí solo un indicador representativo ni de nuestro bienestar ni de nuestra productividad.
Para lo primero —bienestar— debemos tomar el PIB per capita (mejor sería el consumo individual real), esto es, dividir el PIB entre la población total del país para hacernos una idea del estándar de vida promedio. A la postre, por mucho que el PIB de la India supere al de Suiza, la calidad de vida en Suiza es muy superior a la de la India. Esta corrección es, además, especialmente relevante en el contexto de esta comparación porque, desde 2018, España ha incrementado su población total en más de un 4% (sobre todo vía inmigración), mientras que el conjunto de la UE lo ha hecho menos del 1% y algunos países, como Italia, incluso la han visto reducir. Pues bien, ¿qué sucede cuando estudiamos la evolución del PIB per capita de España entre 2018 y 2024? Que nuestro crecimiento resulta mucho más modesto: el 4,2% en seis años… por debajo de Italia, del conjunto de la UE y al mismo nivel que Francia.
Para lo segundo, —productividad— debemos tomar el PIB por persona ocupada (aunque técnicamente sería preferible el PIB por hora trabajada). Con esta ratio estimaremos cuánta producción genera en promedio cada trabajador (aunque, como ya vimos la semana pasada, sería recomendable efectuar ciertas correcciones metodológicas a esta métrica). No en vano, el PIB puede crecer o porque los trabajadores existentes se vuelven más productivos o porque empleamos a un mayor número de trabajadores idénticamente productivos (o incluso decrecientemente productivos). Pues bien, ¿qué sucede cuando estudiamos la evolución del PIB por persona ocupada de España entre 2018 y 2024? Que ya no se trata de que no lideremos el ranking anterior, sino que estamos a la cola: el PIB por persona ocupada de España entre 2018 y 2024 ha crecido menos que el de la Unión Europea, el de Italia, el de Francia y también el de Alemania. De hecho, es que no ha crecido, sino que ha decrecido en más de un 2%.
O expresado de otra manera: los buenos datos de crecimiento económico agregado de España durante los últimos años se deben, en esencia, a que hemos incorporado al mercado laboral a varios millones de personas que han venido, sobre todo, de la inmigración. Esta incorporación no ha sido, además, en sectores de alto valor añadido que hayan permitido incrementar la productividad por trabajador, sino en puestos de menor valor añadido, motivo por el cual la productividad promedio ha decrecido. Así pues: el PIB ha evolucionado muy bien; el PIB per capita ha evolucionado de una manera más bien mediocre; y el PIB por persona ocupada ha evolucionado mal.
Y lo anterior no es una forma de rebuscar alguna llaga dentro de la que meter el dedo entre los datos macroeconómicos de España: es ofrecer el abanico de métricas relevantes —cada una para un objetivo distinto— con el objetivo de darnos cuenta sobre cómo lo hemos hecho hasta el presente y cómo puede que sigamos haciéndolo en el futuro. Quienes niegan la buena evolución del PIB de España son tan sectarios como quienes cierran los ojos ante la mala evolución del PIB por persona ocupada o, todavía peor, le niegan a esta última métrica cualquier relevancia.
Si nos emborrachamos con el éxito del PIB y desdeñamos el fracaso del PIB por persona ocupada (y en buena medida, también, del PIB per cápita) no seremos conscientes de dónde están los problemas ni, en consecuencia, intentaremos buscar una solución a los mismos. Que el árbol del PIB no nos impida ver el bosque del bienestar y la productividad: o, mejor dicho, que la propaganda y los intereses electorales de nuestros políticos no nos impidan ver lo que no está funcionando bien en nuestra economía.
La semana pasada explicamos que los salarios en España llevan estancados desde 1995 debido a que, a su vez, la productividad no ha aumentado significativamente en 30 años. Esta semana, empero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha presumido del fuerte crecimiento de nuestra economía. Y los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística parecen darle motivos para ello: en el segundo trimestre de 2025, el PIB español creció un 0,7% respecto al trimestre anterior, mientras que el conjunto de la Unión Europea apenas lo hizo apenas un 0,1%. De hecho, no se trata de una divergencia novedosa, sino que viene ocurriendo desde hace tiempo. Hasta tal punto ha sido así que, nuevamente Sánchez, ha difundido desde X un gráfico en el que se compara la evolución del PIB español desde el primer trimestre de 2018 al segundo trimestre de 2025 con el de Alemania, Francia, Italia y la UE: y en él se refleja que desde 2018 hemos crecido más de un 10% y muy por encima del resto.