La economía estadounidense depende cada vez más de la IA
La decente marcha de la economía de EEUU depende de que la llama de la promesa de la Inteligencia Artificial General se mantenga suficientemente encendida.
La economía estadounidense se expandió anualizadamente un 3,8% en el segundo trimestre del año. Y aunque los datos del primer semestre siguen siendo mediocres comparados con los anteriores —el PIB a mediados de 2025 apenas era un 0,78% superior al del último trimestre de 2024—, aun así sorprende el dinamismo de un país azotado simultáneamente tanto por tipos de interés relativamente altos cuanto por una guerra arancelaria a gran escala.
Sin embargo, la sorpresa acaso resulte menor si tenemos en cuenta que, en estos momentos, el principal motor de crecimiento de la economía estadounidense es el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Para que nos hagamos una idea: el PIB trimestral constante de EEUU, ya ajustado por efectos de estacionalidad, aumentó en 184.000 millones de dólares durante el último trimestre y, de ellos, 85.400 millones de dólares (46% del total) se corresponden con el rubro de "equipamiento de procesamiento de información" (no solo centros de datos pero, en estos momentos, esencialmente centros de datos). Y téngase presente que aquí solo estamos considerando la contribución directa de los centros de datos al crecimiento: ni la inversión en la red eléctrica (que, como ya analizamos, también ha de crecer muchísimo para que la IA pueda mantener su ritmo de expansión) ni en el software propio de los modelos de IA. Por consiguiente, la contribución directa de la inversión en IA al PIB estadounidense probablemente sea superior.
No en vano, el capex únicamente de Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft superará los 300.000 millones de dólares este año 2025 (frente a los apenas 200.000 millones en 2024 o los 130.000 millones en 2023). Y si añadiéramos a Oracle a esta ecuación, nos hallaríamos cerca de los 400.000 millones. Desde luego, no todo capex se traduce en mayor PIB (parte de esa inversión empresarial se satisface a través de importaciones y, por tanto, contribuye a aumentar el PIB de economías foráneas), pero sí puede darnos una idea de la magnitud del boom inversor que se está experimentando al calor esencialmente de la IA.
Así las cosas, no es de extrañar que ni los altos tipos de interés ni los aranceles hayan frenado este boom inversor. Por un lado, la rentabilidad potencial atribuida al desarrollo de la IA, en caso de alcanzar una Inteligencia Artificial General (no digamos ya una Superinteligencia Artificial), es tan sumamente gigantesca que uno o dos puntos de diferencia en el coste de financiación no marcan la diferencia respecto a la decisión de invertir en ella o no. Por ejemplo, imaginemos que la rentabilidad anual promedio esperada de ser el primero en alcanzar una Inteligencia Artificial General es del 30%: en tal caso, lo mismo da que los tipos de interés se hallen en el 5% que en el 3%, pues la decisión de destinar masivas cantidades de capital a este proyecto sigue siendo la misma. Por otro, con los aranceles podría ocurrir algo similar (si bien encarecer mucho la inversión inicial podría limitar la capacidad de escalarla a corto plazo), pero ni siquiera es lo que ocurre: en general, la mayoría de inputs vinculados al desarrollo de la IA han terminado quedando exentos del rearme arancelario de EEUU (a cambio de compromisos bastante vacuos de inversiones futuras dentro del país).
Expresado con otras palabras: a día de hoy, el principal motor de crecimiento del PIB estadounidenseno se está viendo especialmente perjudicado por las dos políticas, monetaria y fiscal, que cabría esperar que sí lo estuvieran lastrando. De hecho, otros sectores más tradicionales —y más intensivos en empleo— sí parecen estar sufriendo apreciablemente más (alrededor de un tercio de los estados se estima que están en recesión y más de la mitad de los 400 rubros industriales del país ya están destruyendo puestos de trabajo), pero lo cierto es que ese estancamiento de la vieja economía está viéndose compensado por la frenética expansión de la nueva economía.
¿Hasta cuándo? He ahí la gran pregunta. Los vertiginosos ritmos de inversión en el desarrollo de la IA tienen sentido económico si alcanzamos algo así como una Inteligencia Artificial General susceptible de reemplazar (o de multiplicar la productividad de) buena parte de la fuerza de trabajo global (sobre todo, la hoy por hoy cualificada y por tanto más cara). Si esas expectativas no terminan cumpliéndose, entonces no es que la IA resulte inútil —ni mucho menos—, pero muy probablemente no justifique ni los enormes montos de inversión actuales ni, sobre todo, los previstos para los próximos años (el capex acumulado entre 2026 y 2030 por Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft rozaría los 2,5 billones de dólares). Por ello, en última instancia, la decente marcha de la economía estadounidense en medio del adverso contexto monetario y fiscal actual depende de que la llama de la promesa de la Inteligencia Artificial General se mantenga suficientemente encendida como para seguir justificando la masiva inversión en centros de datos y en nuevas infraestructuras energéticas. Si en algún momento se apaga o se debilita, entonces a los EEUU se le abrirán las costuras que se han ido tensando durante los últimos años.
La economía estadounidense se expandió anualizadamente un 3,8% en el segundo trimestre del año. Y aunque los datos del primer semestre siguen siendo mediocres comparados con los anteriores —el PIB a mediados de 2025 apenas era un 0,78% superior al del último trimestre de 2024—, aun así sorprende el dinamismo de un país azotado simultáneamente tanto por tipos de interés relativamente altos cuanto por una guerra arancelaria a gran escala.