¿Y si en vez de monetizar deuda cerramos el BCE?

Que mi hija de ocho años, en su inocencia naive, se pregunte por qué el gobierno no “hace” más billetes y monedas para dárselo a los

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    Que mi hija de ocho años, en su inocencia naive, se pregunte por qué el gobierno no “hace” más billetes y monedas para dárselo a los pobres para que así puedan comprar comida y juguetes para sus hijos, me parece que entra dentro de lo normal. Al fin y al cabo, todos los niños son ingenuamente keynesianos. Ahora bien, no deja de sorprender que adultos hechos y derechos, y con una supuesta formación, como son nuestros políticos, a estas alturas de la película, de verdad piensen que la crisis actual se solucionaría antes si el BCE tuviera el gatillo fácil a la hora de darle a la máquina de “hacer” dinero.

    Y es que, no escarmentados por los continuos fracasos de todas y cada una de las medidas que han ido tomando —el último paquete no duró ni tres días antes de que el caos retornara a los mercados financieros—, nuestros líderes europeos continúan insistiendo en aumentar el nivel de intervención estatal en las cuestiones monetarias. O lo que es lo mismo, insisten en imprimir más dinero para financiar sus déficits públicos que, al fin y al cabo, es la raison d'être de los bancos centrales y de la política monetaria.

    Así, y sin lucir un atisbo de rubor en sus rostros, socialistas de todos los partidos —Hayek dixit—, junto con sus economistas mainstream de cabecera y hasta algún semanario de renombre —véase el artículo de portada de The Economist—, exhortan abiertamente al Banco Central Europeo (BCE) a que se erija en prestamista de última instancia de los gobiernos —de los bancos ya lo es— e imprima todo lo que tenga que imprimir para monetizar la deuda de los estados, incapaces de controlar su déficit y, por tanto, de ofrecer una garantía creíble a sus potenciales acreedores para que les compren los bonos que emiten a un precio razonable.

    Y si hace falta, dicen, que lo haga en el mercado primario, que para qué andarnos con tonterías y pasar los nervios de las subastas. ¿Que para ello es necesario reformar el estatuto del BCE porque el artículo 21 prohíbe expresamente esas operaciones? Pues refórmese. Todo sea por salvar la moneda única, ¿no?

    Pues no. Creando euros de la nada y dándoselos a los gobiernos que, ni con la presión de estos meses son capaces de disciplinar su comportamiento fiscal, no se va a solucionar un problema. Un problema que, por otro lado, surge precisamente de eso, de la creación de dinero out of thin air por los bancos, que en la época de pretendida bonanza expanden artificialmente el crédito por obra y gracia de la reserva fraccionaria. Todo ello bajo el aliento y la protección como prestamistas de última instancia, no nos olvidemos, de los bancos centrales.

    Así pues, al igual que un alcohólico no se cura de su adicción a base de tomar más bebidas alcohólicas, una economía borracha de deuda, contraída durante la expansión crediticia de la fase de boom, no se cura con más dosis de dinero creado de la nada.

    Y si no me creen, les sugiero que hagan el siguiente experimento mental: imagínense que se cumplen los rumores sobre el cambio de postura de Alemania —Francia sólo se arrima al árbol alemán para evitar miradas incómodas— y después pregúntense: ¿y después qué?

    Es decir, Ángela Merkel y los alemanes, sufriendo un episodio de amnesia temporal transitoria, olvidan que sus abuelos perdieron todos sus ahorros en la “cura” inflacionista de 1924 —y sus padres en el cambalache monetario del 48— y da su brazo a torcer para que el BCE monetice deuda pública de los países en apuros, suministrando liquidez ilimitada a sus gobiernos.

    ¿Cómo creen que va a reaccionar el mercado? ¿De verdad alguien piensa que tras ese anuncio todo se va a tranquilizar y volveremos crecer como si hubiéramos despertado de un mal sueño? En el momento de dar un último repaso a estas líneas, el Ibex, junto con el resto de mercados europeos, subía un eufórico 4,25% en respuesta a un rumor. En su carácter ciclotímico habitual, ¿cuánto piensan que va a durar la euforia?

    Miremos un poco más allá. En definitiva, monetizar deuda significa de facto imprimir euros. E imprimir euros significa que pasen a valer menos. Si los euros valen menos, ¿cómo se sentirán los tenedores de títulos de deuda pública —y en general de cualquier instrumento de renta fija— denominada en euros? Pues se van a sentir preocupados. Preocupados y estafados porque, en el fondo, les van a devolver algo que vale menos que lo que prestaron.

    ¿Y los potenciales prestamistas? Pues bien, ante la promesa de liquidez ilimitada, esos que cuando hacen lo que queremos llamamos inversores y cuando no, especuladores, tenderán a pensar, con toda la lógica del mundo, que el BCE seguirá con el gatillo fácil. Y con esa expectativa y para evitar que les pase como a los anteriores, exigirán una mayor tasa de rentabilidad que compense la pérdida de valor de los euros que van a invertir —y que recibirán de vuelta devaluados si se cumple su expectativa. Lo que Mises llamaba la «compensación por variación de precios».

    Así pues, nos encontraremos igual o peor que antes. No sólo no habremos solucionado el problema porque no hemos reducido el endeudamiento —hemos cambiado deuda por deuda—, sino que lo habremos empeorado porque los tipos de interés a los que debo refinanciarlo seguirán subiendo, haciendo la situación todavía más insostenible. ¡Ah! Y de paso habremos empobrecido a los ciudadanos, cuyos ahorros en un euro devaluado valdrán menos.

    ¿Y después, qué? ¿Volver a pedirle al BCE que compre deuda pública? ¿O le pediremos directamente que imprima dinero y se lo dé directamente a los gobiernos? 

    Como dejó escrito Murray Rothbard en su The Case Against the Fed*, los bancos centrales nunca serán parte de la solución porque son parte del problema. O, más bien, son el problema. Citando a Rothbard en traducción libre: «la economía americana ha sufrido una inflación crónica y ciclos destructivos de auge y depresión precisamente porque esa inflación ha sido generada invariablemente por la propia Fed. Ese papel, en realidad, es el mero propósito de su existencia: cartelizar a los bancos privados y asistirles en la creación artificial de dinero y crédito, transferiéndoles reservas y rescatándolos al aparecer las dificultades».

    Cambiemos la economía americana por la europea y la Fed por el BCE —que es lo que algunos reclaman, que el BCE tome ejemplo de la Fed— y la cita de Rothbard es perfectamente aplicable.

    Y me pregunto, si en un siglo de existencia, esos planificadores centrales al estilo soviético que son los bancos centrales, no sólo no han contribuido a evitar los ciclos económicos, sino que los han alimentado e intensificado, ¿por qué no nos decidimos a cerrarlos, volver al patrón oro e implantar la reserva del 100%?

    Monetae Mutatione
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