¿Un ministro de Economía austriaco?

Seguramente, y sin desmerecer al resto de miembros del gabinete, si hay un nombramiento ministerial que ha resonado en la opinión pública desde la investidura de

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    Seguramente, y sin desmerecer al resto de miembros del gabinete, si hay un nombramiento ministerial que ha resonado en la opinión pública desde la investidura de Mariano Rajoy ha sido el del Ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos. En parte porque, en el ejercicio de la autoproclamada previsibilidad del recién investido Jefe del Gobierno, la presencia de Cristóbal Montoro en el ejecutivo estaba descontada —al igual que la vicepresidencia de Soraya Sáenz de Santamaría— y en parte porque, siendo otro de los firmes candidatos, no había certeza de que Rajoy se atreviera a dar el paso de darle la cartera, nada más y nada menos, que al que era presidente de Lehman Brothers en España cuando el banco quebró en 2008.

    No obstante, en mi opinión esto último no debe pasar de la categoría de anecdótico a los efectos de aptitud para desempeñar la responsabilidad de gobierno —que no a efectos personales, pues no debió ser un trago de gusto—, habida cuenta de que si fue este banco de inversión el que quebró y no otro, fue porque así lo decidió el poder político, que optó por dejar caer a éste mientras rescataba a otros igualmente quebrados.

    Otro de los aspectos que ha sido mencionado estos días en los medios de comunicación, aparte de su paso por Lehman Brothers, es su condición de economista de corte liberal. Calificativo que se ha utilizado tanto para alabarlo como para criticarlo, dependiendo de la adscripción ideológica del medio en cuestión—en el segundo caso, anteponiéndole, cómo no, el prefijo neo-. En algún caso, incluso se ha resaltado que "tiene una gran influencia de la Escuela Austriaca de Ludwig von Mises" (El Mundo, 26/12/2011) o que "se identifica con la escuela liberal, muy bebido en las teorías de Von Hayek" (El País, 21/12/2011).

    ¿Cuál es el pensamiento económico de Luis de Guindos?

    En este sentido, merece la pena destacar un artículo que publicó hace casi dos años sobre el análisis austriaco del ciclo económico. A saber, que las crisis económicas son la consecuencia de la intervención del estado que, alterando la oferta monetaria y los tipos de interés, fomenta la expansión artificial del crédito, creando una falsa sensación de prosperidad y originando las burbujas que tarde o temprano terminan pinchando y hundiendo a la economía en la depresión. De tal forma que "la única solución verdadera para los austriacos es reconocer que se han cometido errores y depurar los excesos de valoración y de inversión cometidos durante el período de euforia" (“Una perspectiva ‘austriaca’ de la crisis”, Suplemento Mercados de El Mundo, 10/1/2010).

    ¿Quiere decir esto que tenemos un Ministro de Economía de pensamiento austriaco, como lo fuera Böhm-Bawerk en la Austria de finales del siglo XIX y principios del XX?

    Eugene Böhm-Bawerk (1851-1914) es uno de los grandes economistas de la historia y uno de los principales exponentes de la Escuela Austriaca de Economía. Fue además un alto funcionario y también ministro de Finanzas de Austria en tres ocasiones entre 1895 y 1904, cargo que desempeñó como independiente y en el que tuvo cierto éxito, contribuyendo a la estabilidad y progreso de su país.

    Como economista, Böhm-Bawerk fue discípulo de Carl Menger —fundador de dicha corriente de pensamiento económico—, y maestro de Ludwig von Mises y Joseph A. Schumpeter —este último no llegó a formar parte de esta escuela pero como Böhm-Bawerk llegó a ser Ministro de Hacienda aunque con menos éxito. Su principal contribución a la ciencia económica fue su Teoría del capital y el interés, una de las piedras angulares de la Teoría Austriaca del Ciclo.

    Pues bien, al igual que Böhm-Bawerk, de Guindos parece ser un firme defensor del equilibrio presupuestario y de la disciplina monetaria, lo cual hace albergar ciertas esperanzas en que no aplique fallidas recetas keynesianas o monetaristas.

    En cualquier caso, no creo que el recién nombrado ministro se declare perteneciente a ninguna escuela, ni tampoco creo que a ustedes les importe mucho, sinceramente. Más bien pienso que, más allá de las etiquetas, lo que a ustedes les interesa —como también le interesa a un servidor— es que lo que haga, lo haga bien, que tome las decisiones correctas y que ayude más que ponga obstáculos a que salgamos todos de esta crisis que está durando ya más de la cuenta.

    Y, ¿qué es lo que puede hacer? 

    No obstante, sin ocupar una Vicepresidencia económica y, por lo tanto, sin mando en plaza para coordinar toda la acción económica que se encuentra dispersa entre diversos ministerios (Hacienda y Administraciones Públicas; Industria, Energía y Turismo; Fomento; Empleo y Seguridad Social; etc.) habrá que ver cómo es capaz de poner en marcha las reformas liberalizadoras necesarias y que él mismo ha reclamado antes de ocupar el despacho ministerial.

    Pues quitando la reforma del sector financiero, sobre la que tiene competencias directas y, todo hay que decirlo, sobre la que su jefe tiene unas ideas no muy halagüeñas acerca de las bondades del banco malo, el resto de actuaciones económicas que España necesita urgentemente caen bajo la esfera de otros titulares: control del gasto público y reducción del déficit —sin aumentar los impuestos— (Montoro), reforma laboral (Báñez), reforma del sector de la energía y liberalización de la economía (Soria), etc.

    Parece pues que su éxito como responsable de Economía y Competitividad se medirá en su capacidad de influencia sobre Rajoy, que se ha reservado para sí esa función de coordinación, no sabemos si porque realmente le apetece ese papel o para evitar conflictos entre Montoro y de Guindos.

    Su éxito dependerá, por tanto, de su capacidad de influencia sobre Rajoy y también de su capacidad de influencia en Europa, que no es, desde luego, cuestión baladí, habida cuenta que la política monetaria la cedimos a las instituciones europeas cuando entramos en el euro. Esperemos que el ministro sea fiel a las ideas anti-inflacionistas que ha venido plasmando en sus artículos de opinión y no le veamos mañana abogando en Bruselas por la monetización de la deuda o por la creación de los eurobonos.

    En definitiva, creo que el nombramiento de Guindos podemos acogerlo con optimismo, si bien con la cautela que merece todo político y remitiéndonos siempre al implacable juicio de los hechos, que serán lo que verdaderamente pongan de relieve el modelo teórico económico que este hombre maneja en su cabeza, así como su capacidad de influencia para que lo asuman sus compañeros de gabinete.

    Y no quiero terminar este último post del año sin desearles a todos ustedes que pasen unas felices fiestas de Navidad en compañía de sus seres queridos y que el 2012 les depare los mayores éxitos en todos los ámbitos.

    Monetae Mutatione
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