Entendiendo a Podemos

El propio Pablo Iglesias explica con claridad en un artículo de dieciocho páginas sus verdaderas intenciones y por qué no se posicionan con claridad en todos los temas

Foto: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Probablemente conozcan la película de 1988 Las amistades peligrosas, dirigida por Stephen Frears y a la que ya hemos aludido aquí antes. En su desarrollo, el personaje interpretado por Malkovich –Valmont– es un reconocido libertino que se afana por conquistar a Madame de Tourvel –Pfeiffer–, mujer casada y reputada por sus altos estándares morales. Para lograr su conquista, que a su vez le llevará a un premio más codiciado, el vizconde recurre a una maquiavélica estrategia. Sabedor de que el único camino posible es aparecer ante los ojos de la dama como una persona pía y virtuosa, arrepentida de su pasado, oculta su auténtica personalidad e intenciones. Pues bien, es inevitable trazar el paralelismo con el plan de Podemos para alcanzar el poder.

Y no es un razonamiento que únicamente sostengamos quienes alertamos de las consecuencias del populismo y la latinoamericanización de nuestro país, que creemos es lo que persiguen los promotores de Podemos. Antes bien, es el propio Pablo Iglesias quien así lo explica con claridad en un artículo de dieciocho páginas publicado en el último número de la revista británica de difusión de ideas marxistas New Left Review y de la que este medio se ha hecho eco. En palabras del propio Iglesias (el resaltado y la traducción son mías):

When we insist on talking about evictions, corruption and inequality, for example, and resist getting dragged into debates on the form of the state (monarchy or republic), historical memory or prison policy, it doesn't mean that we don't have a stance on those issues or that we've ‘moderated' our position. Rather, we assume that, without the machinery of institutional power, it makes no sense at this point to focus on zones of struggle that would alienate us from the majority, who are not ‘on the left'. And without being a majority, it is not possible to get access to the administrative machinery that would allow us to fight these discursive battles in other conditions, while intervening with public policies.

Cuando insistimos en hablar de desahucios, corrupción y desigualdad, por ejemplo, y nos resistimos a que nos arrastren al debate sobre la forma del Estado (monarquía o república), la memoria histórica o la política penitenciaria, no significa que no tengamos una posición clara en esos temas o que hayamos “moderado” nuestro posicionamiento. Al contrario, entendemos que, sin la maquinaria del poder de las instituciones, no tiene sentido en estos momentos centrarnos en luchas que nos alejarían de la mayoría, que no se posiciona “en la izquierda”. Y sin lograr la mayoría, no es posible acceder a la maquinaria administrativa que nos permitiría pelear esas batallas ideológicas en otras condiciones, a la vez que intervenimos en las políticas públicas.

Esta estrategia valmontiana de conquista del voto a fuerza de ocultar las auténticas intenciones para cobrarse la pieza no es novedosa en la arena política

Sorprende la transparencia con la que el jefe del movimiento populista de moda tras las últimas elecciones explica su estrategia, pues muy pocas veces antes, por no decir nunca, un líder político ha expuesto de forma tan abierta sus planes para ganarse al electorado proyectando una imagen muy diferente a lo que realmente es. Es como si, meses antes de ganar las elecciones, Mariano Rajoy hubiera publicado en una revista inglesa de ideas conservadoras un artículo exponiendo su intención de subir los impuestos en su primer Consejo de Ministros pero que, para ganar, tenía que decir lo contrario. 

No sabemos muy bien si en el caso de Iglesias es por la arrogancia del que ya se ve vencedor o porque, en su desdén hacia los mismos que han de auparle a la Moncloa, considera que el grueso de su electorado no es capaz de leer un texto en inglés. Pero, en todo caso, su sinceridad contrasta con la reacción en los seguidores de Podemos hacia quienes venimos tiempo avisando de que esa y no otra es la estrategia de este grupo de profesores de la Complutense. Aún es más, en el mismo número de la revista, y en la confianza de quien habla para los suyos, Iglesias es aún más claro y deja poco por matizar en una entrevista que ocupa veinte páginas (enlace):

It's true that this choice of the middle ground generates ambiguities, at least, till we reach control of the state and the institutions –because there are two moments: this moment, the strategic moment, so to speak, and then the moment of the state; the one is inseparable from the other.

Es cierto que esta elección del centro resulta ambigua, al menos, hasta que logremos el control del Estado y de las instituciones –porque hay dos momentos: éste momento, el momento estratégico, por así decirlo, y posteriormente, el momento del Estado; uno no se puede separar del otro–.

La sinceridad de Iglesias contrasta con la reacción en los seguidores de Podemos hacia quienes venimos tiempo avisando de que esa es su estrategia real

Esta estrategia valmontiana de conquista del voto a fuerza de ocultar las auténticas intenciones para cobrarse la pieza deseada no es novedosa en la arena política. Platón ya justificó en La República el uso de la mentira política –o “noble mentira”– con los gobernados, considerados incapaces de reconocer lo que verdaderamente les conviene. O unos cuantos siglos más tarde, en 1778, época del despotismo ilustrado, Federico II de Prusia, apodado “el Grande” por sus éxitos militares, organizó un certamen de ensayos filosófico-políticos sobre la utilidad o no para el pueblo de ser engañados. Y es bien conocido el doble ejemplo de fascistas y comunistas de mediados del siglo XX, con quien Iglesias gusta mucho de compararse a tenor de sus manifestaciones:

The current situation is in some ways comparable to that of the 1930s. In the 1930s, there seemed to be two options in face of the economic crisis, and the political crises to which it gave birth, (...) [o]ne was fascism, as a strategy for the reconstruction of the order of the dominant classes. The other, the Communist option, was that of the Popular Front: the defence of bourgeois democracy as a transitional or strategic option, in order to achieve eventually socialist ends. 

La situación actual es, de algún modo, comparable a la de los años 30. En los 30 parecía haber dos opciones ante la crisis económica y política que aquella generó, (...) una era el fascismo, como estrategia para la reconstitución del orden de las clases dominantes. La otra, la opción comunista, que era la del Frente Popular: la defensa de la democracia burguesa como alternativa transitoria o estratégica para, eventualmente, llegar al socialismo.

Y, por supuesto, en nuestro siglo XXI, tenemos el ejemplo de quienes son referentes de los fundadores del movimiento populista en España, los regímenes bolivarianos de Iberoamérica. Mejor que se lo cuente yo, sospechoso de estar sesgado por perniciosas ideas liberales, les propongo le cedamos la voz a los verdaderos protagonistas. Permítanme, pues, recomendarles este vídeo de dos minutos y medio y pedirles que valoren ustedes mismos las respuestas de Hugo Chávez al periodista mexicano Jorge Ramos en la entrevista emitida por Univisión en diciembre de 1998, tan sólo un día antes de ganar sus primeras elecciones en Venezuela.

Hugo Chavez - 1998

Vídeo: Entrevista a Hugo Chávez en 1998

 

Juzguen ustedes mismos sus promesas de limitar su mandato, respetar los medios de comunicación privados y no nacionalizar empresas extranjeras a la luz de la realidad posterior del país caribeño. Y, como son frecuentes entre sus simpatizantes las críticas hacia quienes relacionamos Podemos con el chavismo porque, dicen, nuestra intención es meter miedo, quizás merezca la pena recurrir una última vez a las palabras del propio Pablo Iglesias para mostrarles que su interés por las posibilidades políticas del populismo de corte iberoamericano no es fruto de la imaginación.

Our thinking drew on a particular set of political experiences –Latin America's ‘gained decade'. (...) Analysis of the developments in Latin America offered us new theoretical tools for interpreting the reality of the Spanish crisis, within the context of the Eurozone periphery; from 2011, we began to talk about the ‘latinamericanization' of Southern Europe as opening a new structure of political opportunity. This populist possibility was theorized most specifically by Íñigo Errejón, drawing on the work of Ernesto Laclau.

Elaboramos nuestro pensamiento a partir de un conjunto particular de experiencias políticas –la “década ganada” de Latinoamérica–. (...) El análisis de los acontecimientos en Latinoamérica nos proporcionó nuevo instrumental teórico para interpretar la realidad de la crisis española en el contexto de la periferia de la Eurozona; a partir de 2011 comenzamos a hablar de la “latinoamericanización” del sur de Europa como el inicio de una nueva estructura de oportunidad política. Esta posibilidad populista fue elaborada teóricamente de forma más específica por Íñigo Errejón a partir de la obra de Ernesto Laclau.

Muy pocas veces antes un líder político ha expuesto sus planes para ganarse al electorado proyectando una imagen muy diferente a lo que realmente es

Por cierto que, Ernesto Laclau, politógo posmarxista argentino recientemente fallecido, y que Iglesias reconoce que inspiró a Íñigo Errejón, es el autor, entre otras, de Hegemonía y estrategia socialista y de La razón populista, obras donde reivindica el populismo como camino para instaurar su modelo radicalmente opuesto a la libertad individual y al progreso económico. Estas son las fuentes de las que beben quienes aspiran a gobernar España.

Ante la claridad de esta estrategia tan cuidadosamente diseñada durante años y tan claramente expuesta ahora –recuerden que los textos citados son tan sólo de hace unas semanas y no recuperados de viejos archivos–, causa perplejidad que el debate esté centrado en el programa publicitado por Podemos y en sus contradicciones, como el propio Iglesias reconoce y sobre las que ayer mismo Daniel Lacalle ironizaba con maestría.

Pero en mi opinión no es ese el debate. La cuestión no es programática ni económica, porque el auténtico programa se encargan muy bien de ocultárselo al público, como el mismo Iglesias acaba de explicar a los suyos. Sobre lo que deberíamos estar hablando y discutiendo es sobre si es lícito que, para alcanzar el poder, un grupo de radicales manipulen y engañen a la gente decente, como ellos llaman. Personas bienintencionadas que jamás optarían por un modelo contrario a la libertad y los valores occidentales, y que, sin embargo, es su fin último. Como ya les anticipaba hace unos meses, sus planes no deben criticarse tanto porque no sean realistas, sino porque su intención es imponerlos a base de coacción e igualarnos a todos en la miseria.

Si vieron la película –y si no, les recomiendo que corran a verla porque es una gran cinta– recuerden cómo termina la historia “de amor” entre el vizconde de Valmont y Madame de Tourvel, no vaya a ser que nuestro final sea el de la virtuosa –y crédula– dama.  

Monetae Mutatione

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