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Adamuz: cuando ya nos sorprende que la gente sea normal
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José Luis Losa

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Adamuz: cuando ya nos sorprende que la gente sea normal

Los vecinos de este pueblo cordobés son los mejores portavoces de una España que sigue existiendo escondida detrás del ruido y el fango de la polarización política y mediática

Foto: Vecinos de Adamuz (Córdoba) llevan mantas y colchones para las víctimas del accidente ferroviario. (EFE/Jorge Zapata)
Vecinos de Adamuz (Córdoba) llevan mantas y colchones para las víctimas del accidente ferroviario. (EFE/Jorge Zapata)

El terrible accidente ferroviario ocurrido en Adamuz con más de 40 muertos y cientos de heridos provocó una reacción vecinal que se ha calificado de extraordinaria. Los algo más de 4.000 habitantes de este municipio cordobés de Sierra Morena se movilizaron de inmediato para atender a los heridos y dieron lo mejor de sí mismos durante las horas más duras de una tragedia que ya forma parte de su memoria colectiva.

Todos conocemos ahora la historia de Julio, el chico de 16 años que volvía de pescar con su madre y un amigo, que fue el primero en llegar al lugar del siniestro, en sacar a heridos de los vagones y que hasta cedió sus propias zapatillas a otro niño de diez años para que no se cortara con los cristales mientras avanzaban a oscuras por el campo. O la determinación de Gonzalo, el ya popular cuponero, al que no frenó ni la Guardia Civil en su empeño por ayudar con su quad allí donde las ambulancias no podían acceder.

O la del alcalde, Ángel Moreno, casualmente ingeniero técnico especialista en infraestructuras, que actuó no solo como responsable político, sino también como rescatador en los primeros momentos. O la de tantos vecinos que le siguieron, saliendo de sus casas con mantas y colchones arrancados de sus propias camas para entregarlos a quien los necesitara.

No seré yo quien reste mérito a esta reacción ejemplar. Adamuz ha dado una verdadera lección de humanidad y solidaridad, además desde la modestia. Se merezcen, sin duda, la Medalla de Andalucía el próximo 28 de Febrero. Pero quizá convenga hacerse una pregunta extraña: ¿y si esa reacción no es tan excepcional? ¿Y si hubiera sido muy parecida en casi cualquier otro rincón de España?

Ya lo vimos en el barrio compostelano de Angrois tras el descarrilamiento del tren en 2013. O en Madrid después del 11-M. En cada gran tragedia reaparece el mismo reflejo: gente corriente haciendo cosas extraordinarias sin sentirse héroes. Pero no hace falta llegar a esos episodios extremos. Estamos rodeados de personas buenas que nunca saldrán en los titulares.

Porque políticos y periodistas seguimos mostrando a menudo un país que no es verdadero. Un país deformado, crispado, reducido a titulares y tertulias. Un país que solo se parece al real el día del sorteo de la Lotería de Navidad, cuando la tele sale a la calle y vemos a gente normal llorar porque va a poder "tapar agujeros", o emocionarse sinceramente porque le ha tocado "un pellizco" a su hijo o a su vecino.

Los telediarios funcionan así: solo cuentan lo que se sale de lo normal. Y por eso rara vez aparece reflejada la España real. Esa que, afortunadamente, sigue siendo una sociedad sana, noble y solidaria. La misma que lidera las donaciones de órganos en el mundo. La que trabaja para dejar a los suyos un lugar un poco mejor.

No es noticia que la gente se levante de madrugada para trabajar y sacar adelante a su familia. Ni que se reúna en el centro cívico para discutir un partido de fútbol. Ni que se emocione con sus fiestas, sus tradiciones y sus ritos, aunque en otros lugares no se comprendan.

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Adamuz no ha sido una excepción. Adamuz ha sido un espejo. El reflejo de un país herido que socorre a las víctimas, que llora a los muertos aunque no sean suyos y que recibe a quien quiera sumarse al dolor y a la ayuda sin preguntar antes por la filiación política.

Quizá, al final, lo verdaderamente extraordinario sea que todavía nos sorprenda lo normal.

El terrible accidente ferroviario ocurrido en Adamuz con más de 40 muertos y cientos de heridos provocó una reacción vecinal que se ha calificado de extraordinaria. Los algo más de 4.000 habitantes de este municipio cordobés de Sierra Morena se movilizaron de inmediato para atender a los heridos y dieron lo mejor de sí mismos durante las horas más duras de una tragedia que ya forma parte de su memoria colectiva.

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