Bankia vuelve de nuevo

Bankia continuará dando que hablar en un inmediato futuro. El hecho de que haya duplicado en unos meses su cotización, además de significativo, es sospechoso.Se trata

Bankia continuará dando que hablar en un inmediato futuro. El hecho de que haya duplicado en unos meses su cotización, además de significativo, es sospechoso.

Se trata de un banco que ha generado, sólo con respecto al Estado, una deuda de 24.000 millones de euros, deuda que habrá de ser devuelta (salvo condonaciones imposibles a día de hoy) mediante posibles resultados positivos de explotación en los próximos años, o, en su caso, mediante la compra lisa y llana que alguien haga en algún momento por ese valor para darle toda esa “pasta” al FROB y que este se la dé al Estado para que, a su vez, el Estado la devuelva a Bruselas. En fin, un circuito inverosímil desde la perspectiva actual.

Además, según se ha publicado en este mismo medio de comunicación, el gobernador del Banco de España, Luis Linde, pretende acotar drásticamente el reparto de beneficios en las entidades financieras españolas sujetas a los inmediatos 'tests de estrés', necesarios para adquirir de nuevo ante Europa la condición definitiva de entidades crediticias fiables.

Si quien está comprando acciones de Bankia no espera dividendos inmediatos, es evidente que compra con un ánimo puramente especulativo. Sería fantástico conocer quiénes y cuánto están comprando, así como a qué límites de cotización están dando las órdenes de ventaTodo ello arroja un panorama en cuanto al eventual reparto de dividendos muy poco alentador. En teoría, ese reparto de dividendos entre accionistas de Bankia tendría lugar a muy largo plazo, lo que no parece abonar la tesis de que venga ese 'príncipe azul que rescate a la Bella Durmiente nacionalizada'. Si esto es así, ¿por qué se sostienen de manera tan pertinaz las posiciones compradoras del papel de Bankia? No es, a mi juicio, suficiente la explicación de que la entidad esté anunciando la venta de activos empresariales interesantes, pues eso no daría, en el mejor de los casos, ni para enjugar el 10% de la deuda de la entidad con el contribuyente. Otra explicación adicional a no desechar estaría en la circunstancia de que Bankia esté aprovechando el clima favorable de la subida general del Ibex y, desde luego, ello podría también explicar parte de la subida. Pero sigue siendo insuficiente.

¿Quién se comerá esta vez el 'marrón' de Bankia? Si hubiera manipulación del valor, ¿quién y con qué permisos estaría detrás de este 'rally alcista'?

En términos razonables, si quien está comprando acciones de Bankia no espera dividendos inmediatos, es evidente que compra con un ánimo puramente especulativo. Sería fantástico conocer quiénes y cuánto están comprando en este momento, así como a qué límites de cotización están dando las órdenes de venta. Pero, como eso se antoja complicado, no nos queda otra que la de pensar que, sobre un banco nacionalizado, resultaría extraño –diría yo que hasta increíble– que los organismos de regulación y de control (o, en suma, el FROB y el Gobierno) permanezcan al margen de este interés.

En un puro análisis de 'fundamentales', creo difícil que ningún experto considere razonable el valor actual de la acción de Bankia. Siendo, además, tan importante como es el volumen de autocartera de la entidad, sería un déjà vu que las oficinas de Bankia se pusieran otra vez a convencer a sus ahorradores para que compraran nuevamente acciones. Sin embargo, lo que parece evidente es que, en este 'río revuelto de ganancia para algunos pescadores', puede que haya una buena porción de aficionados a la pesca que se dejen en la aventura todas sus artes o todo el aparejo. Pero, esta vez, será mucho más difícil convencer luego a los jueces de que se actuó bajo engaño (dolo), o por error excusable, como sucedió en el caso de las preferentes y las subordinadas.

Ahora, quien actúe por pura especulación, aunque sea un inversor minorista, tendrá muchas menos disculpas, pues quienes fueron engañados con las preferentes y las subordinadas, efectivamente, sí que podían y pueden alegar que se les endosó un producto totalmente artero y fraudulento, vamos, que se les 'trincó en el garlito'; Pero los 'ambiciosetes' de ahora no podrán aspirar a la protección judicial, –o dicho de otra forma– tendrán mucho más difícil la prueba del supuesto engaño.

De todas formas, puesto que Bankia es ahora del Estado (de todos nosotros), sería catastrófico y, naturalmente, iría contra el buen nombre de la Marca España que se pudiera acreditar en el futuro que el Gobierno –esta vez del PP– hizo también la vista gorda respecto de comportamientos poco ortodoxos en el mercado financiero. Ese nuevo fraude no sería fácilmente resistible.

*Miguel Durán es abogado.

Tribuna
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