La comisión Juncker: nuevas caras y nuevo 'lobby' en Bruselas
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La comisión Juncker: nuevas caras y nuevo 'lobby' en Bruselas

La sociedad civil organizada deberá estar atenta a la nueva Comisión Juncker que verá la luz en noviembre. El lobby en Bruselas –entendido como actividad para

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Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea (EFE)

La sociedad civil organizada deberá estar atenta a la nueva Comisión Juncker que verá la luz en noviembre. El lobby en Bruselas –entendido como actividad para dar u obtener información a (o de) las instituciones con objeto de participar en las decisiones de la UE– contará con nuevos rostros y, sobre todo, con un innovador sistema de funcionamiento de la Comisión Europea.

Sea cual sea el veredicto del Parlamento Europeo tras las comparecencias individuales de los 27 comisarios nominados por los estados miembros y aceptados por el presidente Juncker, el diseño de la Comisión Europea 2014-19 combina realismo, audacia y habilidad política, aunque no está exenta de riesgos. Solo el tiempo acabará dictando sentencia.

En efecto, no debe descartarse que algún comisario nominado se caiga del equipo (hay precedentes y, por cierto, Arias Cañete lidera las quinielas de comparecencias difíciles). Haya o no que recomponer el equipo, el Consejo Europeo procederá al nombramiento formal de la Comisión no más tarde de noviembre, tras el consentimiento del Parlamento Europeo.

Realismo

Acuciado por la actual crisis, el modelo de Comisión diseñado por el luxemburgués Juncker coloca crecimiento y empleo en primer plano mientras otros objetivos, como el medio ambiente o la protección de la salud, pierden fuerza.

Resulta muy significativo, en ese sentido, el traspaso de agencias como la de medicamentos (EMA, European Medecines Agency) o la de productos químicos (ECHA, European Chemical Agency) desde la Dirección General de salud (DG SANCO) a la Dirección General de Industria (DG ENTR).

¿Audacia política?

En línea con la mejor tradición centroeuropea, Juncker muestra sus credenciales europeístas al no dejarse amedrentar por los grandes países diseñando una Comisión que no refleja (al menos en el diseño, veremos cómo evoluciona) el peso de los estados marcando su independencia frente a éstos.

Por ejemplo, llama la atención que a pesar de que el vicepresidente letón Dombrovskis, encargado del euro, coordine la acción del comisario francés Moscovici, sea sin embargo éste último quien se vaya a sentar en la mesa del poderoso Eurogrupo que, por cierto, aspira a presidir Luis de Guindos en 2015.

¿Está Juncker ocultando tras su aparente audacia política una simple maniobra de compensación honorífica a ex primeros ministros de países pequeños, como los bálticos, otorgándoles vicepresidencias huecas de poder?

Juncker habla alto y claro de terminar con los reinos de taifas, con la ‘Comisión-silos’ en la que cada miércoles aparecían ‘propuestas sorpresa’ sobre la mesa sin que hubiese habido debate ni filtro político previo (a nadie se le escapan los constantes enfrentamientos entre la comisaria de acción climática, la danesa Hedegaard, y el italiano Tajani, comisario de industria durante la última Comisión Barroso).

Independencia de los estados, métodos de trabajo basados en equipos de proyecto en vez de silos/taifas, coordinación frente a la celosa protección del cortijo político por parte de cada comisario… Lo cierto es que solo el tiempo dirimirá si la teoría de Juncker se declina en mejor calidad de la legislación, que es la principal función de la Comisión europea como locomotora legislativa de la UE.

Habilidad política

La audacia inspira la estrategia de Juncker, quien tampoco olvida la táctica con hábiles guiños políticos en las decisiones que ha tomado.

Riesgos

Para que el diseño sobre el papel y el verbo político se traduzcan en resultados, Juncker va a proceder a alteraciones en la organización interna del staff, de pronóstico incierto. Ha hecho cierto el dicho que para hacer una tortilla hay que cascar huevos.

De entre los 27 comisarios, tan solo la comisaria sueca encargada de la cartera de comercio hace honor a la misma en términos del staff que trabajará para ella: la Dirección General de Comercio (DG TRADE).

El resto, incluido el propio presidente, picotea de aquí o de allá competencias de las diferentes Direcciones Generales, servicios, agencias y demás, lo que dará a lugar a batallas internas de aquí a final de año y, lo que sería peor, a disfunciones en una maquinaria tan necesaria como compleja.

A la ya mencionada problemática entre vicepresidentes coordinadores y comisarios coordinados (nadie quiere hablar de comisarios seniors y juniors) se une un más que discutible reparto de competencias como, por ejemplo, que cuatro de los siete vicepresidentes coordinen el mismo área de “industria, emprendimiento y pymes” ¿A qué comisario reportará el Director General de Industria?

Algunas de estas cuestiones aparecerán sin duda en las comparecencias de la última semana de septiembre en el Parlamento europeo y no habría que descartar, aparte de alguna sustitución de comisarios reprobados, que el propio Juncker haga reajustes en su cuaderno. Luego habrá que acomodarse con los baches de la carretera y ver que ocurre a partir de enero de 2015 cuando cada mochuelo esté en su olivo.

*Emiliano Alonso es abogado y lobista. Autor del libro “El lobby en la UE: manual sobre el buen uso de Bruselas” (2ª edición en curso).

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