Los 'riders', ¿esclavos del siglo XXI?

Las empresas de reparto a domicilio están en el punto de mira por las condiciones laborales de sus empleados. Pero ¿cómo es trabajar para una de estas compañías?

Foto: Foto: Reuters.
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Mi nombre es Gerard y soy ‘rider’ de Deliveroo. Como muchos otros ‘riders’, soy estudiante, en mi caso de Historia, y comencé a trabajar con Deliveroo en octubre del año pasado. No era la primera vez que trabajaba con una plataforma de este tipo y al principio fui algo reticente, ya que mi experiencia pasada no fue demasiado positiva. Además, lo que conocía de la compañía, lo que vemos todos los días en los medios de comunicación, me generaba bastante rechazo: condiciones, salarios, turnos… Pero finalmente un amigo, también ‘rider’, terminó por convencerme.

Evidentemente, este no es el trabajo perfecto, pero tampoco aspiro a que sea el trabajo de mi vida. Es un apoyo financiero para hacer lo que realmente quiero: terminar mis estudios. Sin embargo, lo que he visto hasta ahora y lo que vivo cada día, dista mucho de la imagen de la relación de la empresa con los ‘riders’ que se está trasladando desde distintos ámbitos. He llegado a leer que somos ‘los esclavos del siglo XXI’, y, sinceramente, no hay nada más lejos de la realidad.

En mi caso concreto, trabajo una media de 30 horas a la semana, lo que me permite ganar unos 1.200 euros brutos al mes más IVA (porque, al menos en Deliveroo, el IVA no se descuenta de nuestra facturación). Pero lo que es más importante: puedo elegir trabajar cuando quiero. Algo inimaginable en otros trabajos que también se utilizan para complementar ingresos. ¿Se imaginan lo que me dirían si siendo camarero o dependiente propusiese no trabajar unos días porque tengo que estudiar mis exámenes o hacer un trabajo de la carrera? ¿Se podrían siquiera plantear que, al acabar esos exámenes, me gustaría irme algunos días de viaje y entre semana porque es más barato?

Otro comentario que escucho habitualmente es: “Sí, trabajarás cuando quieras, pero si no trabajas o rechazas pedidos, se te penaliza a la hora de asignarte nuevos pedidos”. Tampoco es correcto, porque en mi caso los pedidos se asignan por geolocalización, no por tiempo trabajado.

También hay cosas que mejorar: los tiempos de espera de los pedidos en los restaurantes o más coordinación en determinados aspectos operativos

Les pongo un ejemplo. Barcelona estaba dividida en tres zonas de trabajo, de manera que como ‘rider’ de una determinada zona, tenías acotada tu área de reparto. Recientemente, Deliveroo decidió unificarlas, por lo que se te podían asignar pedidos fuera de tu área, mucho más lejos de tu zona de interés. Como resultado, la cancelación de pedidos se disparó y entre algunos ‘riders’ que conozco, los ratios de aceptación descendieron significativamente. ¿Consecuencias para ellos? Ninguna. La compañía nos reunió a todos para analizar el problema y solucionarlo, ajustando las tarifas de los pedidos más lejanos, y la tasa de aceptación volvió a remontar.

Estoy convencido de que, aunque queda mucho por mejorar, Deliveroo ha evolucionado sensiblemente desde que comenzó a operar y me consta, porque me lo comunican, que su intención es seguir desarrollando las condiciones de los ‘riders’ por una cuestión muy sencilla: en ello les va el negocio. Entre otras cosas, hoy tenemos un seguro que nos cubre en caso de accidente, disponemos de condiciones ventajosas con compañías de alquiler de motos para quien prefiera operar con este tipo de vehículos y de acuerdos con talleres, por si tenemos algún problema con nuestra bici o moto, poder arreglarlo rápidamente y con menores costes que si fuésemos individualmente.

Por supuesto, como en cualquier empresa, hay cosas que mejorar: los tiempos de espera de los pedidos en los restaurantes o una mayor coordinación en determinados aspectos operativos. Sin embargo, debería superarse el discurso de la precariedad y acabar con algunos tópicos. Honestamente, creo que hay un desconocimiento generalizado que provoca un rechazo a nuevas formas de trabajo como esta, cuando la realidad es que hay otros trabajos más ‘socialmente aceptados’ donde las condiciones son peores, los horarios más largos, los salarios más bajos y la libertad de elección nula.

Yo prefiero seguir siendo autónomo, por la flexibilidad que me aporta, pero también porque me compensa a nivel económico. En un formato de empleado, en mi caso, tendría poco encaje, no tendría la flexibilidad de poder decidir cuándo trabajar y centrarme en mis estudios. De hecho, creo que el verdadero problema de las condiciones de los trabajadores bajo demanda es que no estamos bien amparados por la legislación, con una carga fiscal, por ejemplo, que una vez pasada la tarifa plana de los 50 euros para los autónomos es poco sostenible.

Hay gente que denuncia que pedir comida a través de este tipo de empresas no es ‘ético’ cuando, por ejemplo, caen chuzos de punta, una nevada impresionante o, como estos días, con casi 40 grados a la sombra. Están en su derecho y es cierto que hay días en que las condiciones no son ideales, pero a mí me gustaría seguir teniendo la libertad de elegir si quiero hacer el esfuerzo y ganar un dinero que necesito durante el tiempo que considere oportuno. Además, esos días hay incentivos y sigo teniendo la potestad de decidir si me apetece o no salir. Es lo bueno de poder trabajar en un entorno plenamente flexible.

Esta ocupación es una fuente de ingresos tan válida como otras. En algunos casos, sirve para seguir estudiando y, en otros, supone una parte importante del sustento de personas con dificultades para acceder a otro tipo de ocupaciones. Por lo tanto, mejorémosla, sí, pero también deberíamos pensar a quién perjudicamos demonizándola.

*Gerard Caballé i Setó es 'rider' de Deliveroo.

Tribuna

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