La nueva economía será femenina

Las nuevas economías nos indican cómo transitar hacia una nueva economía más femenina, más sostenible y regenerativa, más colaborativa, más justa y orientada al bien común

Foto: 'El toro de Wall Street' contra 'La niña sin miedo'. (Reuters)
'El toro de Wall Street' contra 'La niña sin miedo'. (Reuters)

Por suerte, el debate sobre la igualdad de género en el ámbito económico y empresarial cada vez está más presente en la sociedad y en la agenda política. El próximo 8 de marzo miles de personas saldremos a las calles para recordar que aún queda mucho por hacer. Sin embargo, importantes demandas como la igualdad salarial (la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 17% en Europa y del 23% en España), el acceso a posiciones directivas en las empresas españolas es del 24%, según el Informe “Women in Business” 2017 de Grant Thornton y las mejoras en la conciliación de la vida personal y profesional siguen sin ser suficientes. Por eso, necesitamos no solo hablar de igualdad de género, sino de cómo transitar desde un modelo económico claramente masculino a uno en el que la energía de lo masculino y lo femenino estén en equilibrio.

La vida es el resultado del equilibrio entre el hombre y la mujer. Así nos lo cuentan muchas tradiciones espirituales, como el Taoísmo con el Yin y el Yang, e incluso la mecánica cuántica y la física al hablar de polos positivos y negativos. Cuando existe un desequilibrio entre estas dos energías, el sistema falla.

Las características del modelo económico actual nos demuestran que estamos ante un modelo masculino que fomenta y premia valores como la competitividad, la fuerza y firmeza en las negociaciones, la rapidez o el explorar nuevos mercados y crecer de manera ilimitada. Lógicamente, en este modelo los hombres han ocupado posiciones de poder tanto en lo político como en lo económico y solamente aquellas mujeres en las que estos valores masculinos están reforzados han logrado destacar. Por su parte, los valores femeninos se han vinculado al cuidado de las personas y la comunidad, el contacto con la naturaleza y el sentido de armonía. Características que se echan en falta en todo lo relativo a economía y empresa.

Es innegable que este modelo ha traído muchas cosas buenas, pero, si miramos la actualidad y hacemos un poco de retrospectiva, está claro que es un modelo agotado e inadaptado a la realidad del siglo XXI, que ya no da más de sí. Las desigualdades se siguen incrementando, el desarrollo económico ha generado el gran problema del cambio climático y, lo que es aún más preocupante, muchas de las personas que viven en las sociedades en teoría más evolucionadas se ven invadidas por la soledad, el stress y no encuentran sentido a sus vidas.

Solamente las mujeres en las que estos valores masculinos están reforzados han logrado destacar

Hasta hace no más de un par de generaciones en los hogares españoles solía entrar un solo sueldo y con él se podía sacar adelante familias de más de dos hijos y hasta numerosas.. Hoy en día, una pareja media en la que los dos trabajan tienen serias dificultades puede sacar adelante uno o dos hijos. Si uno de los dos pierde el empleo, entrarán en situación de precariedad. Además, el modelo actual se ha apropiado de lo más importante de nuestras vidas; el tiempo y las relaciones humanas. El estilo de vida moderno, un estilo cazador y frenético, apenas nos deja tiempo para las amistades, la familia, el deporte, la espiritualidad o el contacto con la naturaleza. El escaso tiempo libre que tenemos lo dedicamos a visitar centros comerciales y consumir. Da igual que sea ropa, videojuegos o drogas. El consumir ha sustituido al vivir.

Este desequilibrio sistémico solo puede solucionarse incorporando al sistema valores y características femeninas y, para ello, contamos con las propuestas reales de las denominadas nuevas economías. Estas propuestas nos invitan a pasar de una economía lineal, que extrae recursos de la tierra para devolverlos en forma de residuos, a una economía circular, que aprende de los procesos naturales, en los que nada se desaprovecha y no existe el concepto de residuo. De una economía individualista, en la que buscamos la felicidad a través del consumo y la posesión de objetos materiales, hacia una economía del bien común en el que el objetivo de la actividad económica es generar un impacto positivo en la comunidad. De una economía competitiva, en la que luchamos por eliminar a nuestros competidores, a una economía colaborativa en la que el compartir es un valor. De una banca y finanzas orientadas a maximizar los beneficios económicos a una banca basada en valores y unas finanzas sostenibles en las que el objetivo es la maximización del impacto social y la regeneración de la naturaleza.

Según el estudio “Otro consumo para un futuro mejor”, publicado recientemente por el Foro NESI de Nuevas Economía e Innovación Social junto con la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), el 73% de las personas que en España se autodenomina como “consumidores comprometidos” tiene en cuenta aspectos éticos y medioambientales en su decisión de compra y considera que el cambio de paradigma consiste en “consumir menos y mejor”. Este mensaje está alineado con las propuestas de las nuevas economías.

Las nuevas economías nos indican cómo transitar hacia una nueva economía más femenina, más sostenible y regenerativa, más colaborativa, más justa y orientada al bien común. Si seguimos este camino no solo alcanzaremos la igualdad de género, sino que pondremos la economía al servicio de las personas y del planeta, volveremos a poner la vida en el centro de los debates económicos y políticos, y construiremos una sociedad en la que hombres y mujeres puedan desarrollarse plenamente.

Diego Isabel La Moneda es fundador y director del Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios