Bajar impuestos, subir recaudación y otras magias

Sería deseable escuchar posiciones más respaldadas por datos y menos tendentes a laminar la cultura positiva de la tributación

Foto: Foto: Christian Dubovan (Unsplash).
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Los debates sobre el sistema tributario español se han vuelto más intensos antes y tras las elecciones generales. Bienvenido sea que se hable y se proponga más sobre impuestos, aunque sería deseable escuchar posiciones más respaldadas por datos y menos tendentes a laminar la cultura positiva de la tributación, indispensable para la cohesión social y la fortaleza de las instituciones democráticas.

Se leen algunas posiciones extremas que llevarían los impuestos a la raspa, y por tanto limitarían lo público a justicia, defensa y prisiones. Sin embargo, los partidos que quieren ganar adeptos bajando impuestos, al tiempo que mantienen los básicos del Estado de bienestar, afirman que se pueden bajar los impuestos y mantener o incluso incrementar la recaudación.

La teoría proviene de un economista llamado Laffer y es tan conocida por su fragilidad como por el hecho de que se escribió en una servilleta de un restaurante. Se basa en un hecho evidente. Si el Estado fija un tipo cero de recaudación, recaudará cero. Si fija un tipo del 100%, también recaudará cero, ya que nadie querrá invertir ni trabajar para dar todo el rédito al Estado. Siendo evidente en sus extremos, la teoría falla en el espacio intermedio y a la hora de fijar los tipos óptimos para maximizar la recaudación.

El hecho es que, para un sistema fiscal de un país desarrollado con un abanico de impuestos como el español actual o el estadounidense de las últimas décadas, no se cumple el principio de que una rebaja, vendida bajo el disfraz del estímulo a la actividad económica, equivale a una mayor recaudación.

Estados Unidos tenía en los años sesenta y setenta tipos máximos del impuesto de la renta por encima del 70%, una Hacienda pública saneada y una economía competitiva. Cuando primero Reagan y luego Bush recortaron los impuestos, lograron lo esperable, reducir los ingresos e incrementar el déficit público.

En España ha ocurrido lo mismo. Las rebajas, saldos me atrevo a decir, en el impuesto de sociedades durante la última década destrozaron su capacidad recaudatoria. Una reducción de cinco puntos en el tipo nominal y, sobre todo, una multitud de deducciones y márgenes para la ingeniería fiscal de las grandes empresas laminaron a la mitad el impuesto, haciendo perder al Estado nada menos que 20.000 millones de euros anuales desde 2007. Esto teniendo en cuenta que los beneficios empresariales superaron con creces, en 2017, los previos a la crisis. 20.000 millones al año, póngalos usted a revertir los recortes en educación o salud.

Un ejemplo más. La rebaja en IRPF y sociedades realizada por el Gobierno del PP en 2014, un año antes de las elecciones generales, supuso una caída de la recaudación de más de 12.000 millones de euros en 2015 y 2016, años de déficit y de recortes sostenidos. Y me temo que un último ejemplo lo tendremos en el caso andaluz, donde la rebaja de impuestos a la riqueza supondrá una merma para la Hacienda de esta comunidad autónoma.

Las rebajas de impuestos dejan menos dinero en la Hacienda de todos y más en el bolsillo de las grandes empresas y fortunas

Además, las rebajas de impuestos tienen un segundo efecto nocivo, añadido a la caída de ingresos y recorte de gasto público o incremento del déficit. Y es que acentúan la regresividad del sistema fiscal. Esto es así porque la rebaja suele ser para quien más tiene, aunque la sufren las familias en forma de menos política social a igual presión tributaria. Véanse si no algunas propuestas para las elecciones pasadas: menos tramos en el IRPF con tipos máximos más bajos, eliminación del impuesto de sucesiones incluso para los ultrarricos, relajo en la lucha contra los paraísos fiscales… y así.

Las rebajas de impuestos dejan menos dinero en la Hacienda de todos y más en el bolsillo de las grandes empresas y fortunas. Soñar con que este dinero se invierte en crecimiento de la economía productiva es otro deseo no avalado por la evidencia histórica reciente. Además, concentran la carga fiscal sobre la clase media e incluso sobre la población más vulnerable, a través del IVA, y fragilizan las políticas sociales. Más desigualdad y pobreza.

Recortar impuestos supone recortar los ingresos públicos. No nos vendan humo, no hay conejos en la chistera. Si proponen lo primero, asuman y expliquen lo segundo.

*José María Vera, director general de Oxfam Intermón.

Tribuna
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