Cómo ser un capullo fiscal en 10 lecciones

Capullo es el antihéroe ideal de las sociedades contemporáneas, movidas por el látigo del dinero fácil y la ausencia generalizada de escrúpulos morales y estéticos

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La historia de Capullo es la historia de Narciso. Los dos hombres terminan mal. El primero es despojado de sus riquezas por su codicia. El segundo muere ahogado en las aguas de una fuente, a la que se arroja impulsado por su amor propio y su vanidad incurable. Sin embargo, una diferencia sentimental los separa y abre entre ellos una fisura que ninguno de los dos puede superar. Capullo y Narciso son los mitos representativos de dos mundos culturales que mutuamente se repelen. Narciso es el símbolo de la belleza llevada al límite por el clasicismo de la Antigüedad pagana. Capullo, por el contrario, es el antihéroe ideal de las sociedades contemporáneas, movidas por el látigo del dinero fácil y la ausencia generalizada de escrúpulos morales y estéticos. Pero no seamos moralistas. 'Carpe diem!'.

Disfrutemos de las enseñanzas de Capullo. Los aficionados que lo deseen pueden emular a su maestro conociendo su biografía fiscal.

Primera lección

Cándido (el futuro Capullo) era el Tío Gilito de su ciudad. Era el 'rey del ladrillo' de su comarca en los años anteriores al 'crash' del sector. Como es lógico, la considerable fortuna que amasó durante la edad dorada de la 'piedra' jamás ha figurado a su nombre. La riqueza de Cándido, activada mayoritariamente en existencias inmobiliarias que no lograron su absorción por el mercado después del pinchazo de la burbuja, pertenecía oficialmente a una sociedad anónima constituida por él y varios miembros de su familia. Eran tiempos mejores y Cándido aspiraba a ser el capo local de la construcción. En esto como en muchas cosas más, el futuro Capullo había seguido los consejos de su asesor fiscal. Con el transcurso de los años, Cándido, que desde el inicio desempeñó el cargo de administrador único, se convirtió también en el propietario exclusivo de una organización cuyo objeto social no ha sido otro que la promoción inmobiliaria. En este artículo, la misma será identificada con el nombre de Sociedad A.

Segunda lección

Llega la recesión de 2008 y la Sociedad A tiene un gran patrimonio pero carece de actividad y, por tanto, de liquidez. Es deudora de Hacienda por importe de más de 60 millones de euros (en periodo ejecutivo) y de tres millones adicionales (sobre los que todavía no se había dictado providencia de apremio cuando se conoció la resolución que luego citaré).

La Sociedad A sufre una grave asfixia financiera que, siguiendo las recomendaciones de su intrépido asesor, va a ser superada o, al menos, mitigada por el temerario Cándido, de manera nada ortodoxa. El futuro capullo toma carrerilla y bombea oxígeno a su patrimonio asmático. En el periodo comprendido entre los meses de marzo y junio de 2011, Cándido, en su propio nombre y en el de la Sociedad A, constituye cinco sociedades limitadas, sujetándolas a su capricho gracias a su condición de administrador único. Astutamente, las domicilia muy lejos del centro de dirección de los negocios de la Sociedad A, establecido en uno de los confines más sureños de la Península. Sin embargo, en una burda imitación de Cantinflas, sitúa el domicilio de las cinco nuevas entidades en la capital de España y, por si fuera poco, las cinco hermanas gemelas se instalan, de forma promiscua, en la misma oficina madrileña, identificada en el callejero urbano con el nombre y primer apellido de uno de los tres comuneros de Castilla. Como pueden observar, Cándido, que imagina ser un lince para los negocios y un ingeniero fiscal muy sofisticado, se va pareciendo cada vez más a Rompetechos.

Tercera lección

Poco después de su constitución, el aspirante mejor colocado para ganar el premio 'Capullo fiscal del año' aporta a las cinco limitadas diversos inmuebles pertenecientes, hasta ese momento, a la Sociedad A. El desplazamiento patrimonial (de un valor multimillonario) es oficial, simulado y fraudulento.

Cuarta lección

En las correspondientes escrituras, Cándido, como administrador único de la Sociedad A, renunció a la exención del IVA e hizo constar su repercusión (al tipo del 18%) a las sociedades adquirentes. Dichas mercantiles no podían abonar a la Sociedad A las cuotas de IVA supuestamente soportadas por la adquisición de los bienes. No disponían ni de tesorería propia ni de capacidad de financiación externa. Naturalmente, Cándido pretendía que la ficción de las aportaciones inmobiliarias, de las cuotas de IVA y de todo su tinglado personal fuera una modalidad patentada por él de la llamada 'fe del carbonero' que irradiaría sus encantos al exterior para mover el corazón de la Agencia Tributaria (AT). Cándido resultó más cándido que su nombre. La AT nunca acepta carbón. Es al revés: ese mineral lo entrega a espuertas para castigar a los contribuyentes (aunque algunos no merezcan ese 'regalo').

Quinta lección

El bueno de Cándido presentó en plazo las declaraciones tributarias por el IVA teóricamente repercutido por la Sociedad A a sus cinco hermanas limitadas. Sin embargo, no ingresó las cuotas correspondientes y solicitó a los servicios de recaudación de la AT el aplazamiento del pago. La respuesta administrativa no podía ser otra: NO.

Sexta lección

Simultáneamente y exhibiendo más moral que el Alcoyano, el ya casi capullo fiscal, en su condición de administrador único, solicitó a favor de las cinco hermanas de cartón piedra la 'devolución' (¡ja!) de las cuotas descomunales por IVA 'soportado' (¡jaja!). La respuesta de Hacienda fue la misma: NO.

Séptima lección

Como remate final a las enésimas peripecias administrativas y judiciales que Cándido se ha ganado a pulso, el Tribunal Supremo (TS) le notificó hace unos días su sentencia de 19 de febrero de 2019. El TS aprecia la comisión de cinco delitos fiscales anudados a las solicitudes indebidas —y peripatéticas— de devoluciones de impuestos, superiores, cada una, a 120.000 euros. La condena es directa y personal (Cándido, como administrador, es declarado responsable de los actos de las personas jurídicas concernidas). El TS entiende que los delitos no se han consumado. Los ilícitos penales se efectuaron en grado de tentativa, al rechazar la AT las 'devoluciones'.

Octava lección

El aprendiz de zorro no se ha beneficiado del pretendido desplazamiento dinerario (con el paralelo perjuicio al Tesoro). No obstante, la inigualable tentativa de Cándido despliega un daño insólito pero efectivo que deja KO a quien experimenta con un bumerán cargado de material explosivo. En este último 'pasatiempo', Cándido no tiene ningún rival a su altura. Cándido aprueba finalmente la oposición a la plaza de capullo consumado: le caen seis meses de prisión por cada uno de los cinco delitos, además de la pérdida de la posibilidad de obtener subvenciones o ayudas públicas y del derecho a gozar de beneficios fiscales durante un año y seis meses.

Nueva lección

Carlos I de España y V de Alemania entró con su ejército en Francia “comiendo pavos y salió comiendo nabos”. Cándido también ha salido desbaratado en relación con su posición de partida: además de a las penas privativas de libertad antes reseñadas, el TS le condena igualmente al pago de cinco multas pecuniarias por un importe total de 7.775.290 euros.

Décima y última lección

Si sumamos dicha cuantía a la deuda administrativa antes mencionada, Cándido no podrá negar que su inteligente juego le ha regalado un pan como unas hostias. ¡Enhorabuena, capullito de alhelí!

*Félix Bornstein es abogado y fiscalista.

Tribuna
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