¿Recesión en la eurozona? Alemania (y su ortodoxia fiscal) tiene la llave

Los datos de PIB publicados el miércoles en el país centroeuropeo han confirmado lo que se temía desde hace semanas: la economía más grande de la zona euro está en problemas

Foto: El titular de Finanzas alemán, Olaf Scholz, junto a Angela Merkel. (Reuters)
El titular de Finanzas alemán, Olaf Scholz, junto a Angela Merkel. (Reuters)

Los datos de PIB publicados el miércoles en Alemania han confirmado lo que se temía desde hace semanas: la economía más grande de la zona euro sigue sin levantar cabeza. La contracción del PIB del 0,1% respecto al primer trimestre supone que existe un riesgo real de que la economía alemana entre en recesión en el tercer trimestre si este indicador vuelve a contraerse. Aunque 'recesión' es un término muy jugoso que domina los titulares, lo realmente importante es que las finanzas germanas siguen mostrando síntomas de debilidad permanente. El PIB aún podría crecer débilmente en el tercer trimestre, con lo que habríamos evitado la temida recesión, pero eso no despejaría ninguna de las dudas que actualmente se ciernen sobre la economía. Los indicadores adelantados sugieren que la segunda mitad del año no va a ser mucho mejor que la primera. Una vez más, se pone de manifiesto que las tensiones comerciales y su impacto derivado en el sector industrial, junto a ‘shocks’ específicos como el que viene sufriendo la industria automovilística, han sido capaces de poner a la locomotora europea de rodillas a pesar de un mercado laboral que se encuentra en el mejor momento de su historia, con niveles récord de desempleo.

Como era de esperar, esto ha causado a su vez una desaceleración notable en la economía de la zona euro. España, por ahora, sigue soportando esta tendencia mejor que el resto. El menor peso relativo de nuestro sector industrial y el menor grado de apertura exterior nos han protegido en parte de la tormenta que llega de fuera, pero eso no nos hace inmunes en absoluto. Primero, porque la caída de nuestras exportaciones, aunque tenga un efecto comparativamente más pequeño, es en absoluto negligible. Segundo, porque nuestro crecimiento basado en la demanda interna también sufre las consecuencias de este deterioro.

El riesgo ahora para España y la zona euro en general es que la incertidumbre que domina el sector industrial se extienda al sector servicios, que es el que sostiene el crecimiento actualmente. Unos consumidores más pesimistas que ahorren más y unas empresas que empiecen a reducir planes de contratación e inversión darían un mazazo a las perspectivas de crecimiento.

La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)
La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)

La buena noticia es que la economía alemana se encuentra en una posición fiscal envidiable para estimular la economía si así lo considera oportuno. La mala es que las limitaciones a un plan de estímulo fiscal en Alemania son enormes, no solo por el tradicional conservadurismo alemán sino por su propio diseño institucional, con una regla de déficit consagrada en la Constitución, unida a las limitaciones impuestas desde Bruselas según el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Aunque cada vez son más las voces, incluso desde dentro del propio país, que piden a Alemania mayor atrevimiento a la hora de encarar la desaceleración, la realidad económica y política dicta que no deberíamos esperar grandes noticias al respecto en el corto plazo. Un plan de estímulos de gran calado solo es probable en el caso de que las cifras económicas sufran un deterioro aún más severo.

Ángel Talavera es Economista Jefe para Europa de Oxford Economics.

Tribuna
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