50.000 millones para rescatar la economía alemana: ¿será suficiente?

Ante la contracción del PIB en el segundo trimestre y la amenaza de que se repita en el tercero, como ya ha advertido el Bundesbank, se especula con un gran paquete de medidas

Foto: Alemania, la locomotora de Europa. (Raúl Arias)
Alemania, la locomotora de Europa. (Raúl Arias)

Ante la contracción de una décima del PIB en el segundo trimestre y la posibilidad de que pueda volver a ocurrir en el tercero, como acaba de apuntar el Bundesbank, se ha empezado a especular con la posibilidad de que el Gobierno alemán apruebe un paquete de estímulos que podría llegar hasta los 50.000 millones de euros, equivalente a un 1,5% de su PIB. Así lo confirmó hace unos días el ministro de Finanzas, Olaf Scholz.

Las razones no son nuevas y tienen mucho que ver con la debilidad del sector manufacturero, la contracción de su potente sector del automóvil desde 2018, las tensiones comerciales internacionales y las incertidumbres sobre el Brexit. Todo esto ocurre en una economía que lleva creciendo 10 años, con un PIB que es un 20% superior al de 2009 y con una tasa de desempleo del 3,1%, en mínimos que no se veían desde 1980.

Alemania tiene margen fiscal para un estímulo de la magnitud planteada, aunque todo hace pensar que, de llevarlo a cabo, sería en una cuantía sensiblemente menor, al menos en las condiciones actuales. Sus cuentas públicas en 2018 cerraron con un superávit del 1,7% del PIB. Las previsiones de primavera de la Comisión Europea apuntaban a que el superávit se mantendría cerca del 1% en 2019, permitiendo que la deuda pública disminuyera hasta situarse ligeramente por encima del 58% del PIB. Además, la rentabilidad de su deuda a 10 años se sitúa en terreno negativo (-0,65%).

Teniendo en cuenta los multiplicadores fiscales habituales, el impacto sobre el PIB de un estímulo fiscal como el que se especula podría ser significativo. Pero para ello los estímulos tienen que diseñarse bien: deben llevarse a cabo en el momento adecuado, ser temporales y contener medidas específicas bien orientadas y efectivas. Esto siempre es importante, y más aún en una economía que hasta ahora ha estado operando prácticamente a plena capacidad.

El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. (Reuters)
El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. (Reuters)

Un aumento del gasto en infraestructuras (seguramente conveniente por otras razones) puede llegar tarde y aumentar la actividad de la construcción, sin evitar que el sector del automóvil siga débil, provocando un desajuste en el mercado de trabajo como consecuencia del aumento en la demanda de unas ocupaciones frente a la disminución de otras. El funcionamiento de la economía es mucho más complejo. No hay vasos comunicantes perfectos entre sectores que permitan asegurar que las medidas de estímulo fiscal de carácter keynesiano tengan los efectos esperados sobre los sectores en declive.

Conviene recordar que, durante la crisis financiera internacional, la principal vía de ajuste de la economía alemana fue su capacidad de reducir durante algún tiempo las horas de trabajo en los sectores que se vieron más afectados por el desplome del comercio internacional, sin aumentar significativamente el desempleo. Esta flexibilidad permitió a los trabajadores mantener su empleo y la mayor parte de sus rentas (gracias también a las ayudas públicas). Las empresas pudieron reducir costes sin tener que despedir personal cualificado que necesitaron más tarde. Y el sector público minimizó el coste de las prestaciones de desempleo.

En la medida en que la actual debilidad de la demanda externa o de algunos sectores sea temporal, este mecanismo volverá a ser útil de nuevo. Si, por el contrario, se trata de un ajuste más estructural, en sectores como el del automóvil o los más expuestos a cadenas mundiales de producción en declive, un estímulo fiscal de carácter general sobre la demanda agregada podría ser poco efectivo. En este caso, son preferibles políticas que faciliten el ajuste sectorial y aumenten el crecimiento potencial a largo plazo de la economía alemana.

Mientras tanto, y a la espera de evaluar adecuadamente el alcance, persistencia y causas de la recesión, es preferible no precipitarse. Si al final todo fuera un ajuste temporal de una economía que vuelve a su senda de crecimiento con una posición cíclica más neutral, bastaría con dejar actuar a los estabilizadores fiscales con normalidad. Si por el contrario fuese un ajuste estructural, será necesario elegir bien las políticas fiscales para que sean efectivas a largo plazo.

* Rafael Domenech es director de Análisis Económico de BBVA Research.

Tribuna
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