No esperen que China salve la economía global como en 2008

El crecimiento del PIB del gigante asiático se ha desacelerado desde 2014, lo que ha de considerarse como una tendencia estructural y no solo como parte de un ciclo económico

Foto: El primer ministro chino, Xi Jinping, en el 70 aniversario de la creación del Partido Comunista. (EFE)
El primer ministro chino, Xi Jinping, en el 70 aniversario de la creación del Partido Comunista. (EFE)

La economía china se ha ido desacelerando desde 2014, lo que ha de considerarse una tendencia estructural y no solo parte de un ciclo. Las razones de esta tendencia estructural son bien conocidas. La primera y más importante estriba en el envejecimiento de la población y la finalización de un proceso de urbanización que ha permitido a China crecer por encima de la media mundial durante muchos años. Adicionalmente, la productividad en China sigue reduciéndose, así como el retorno del capital.

En este contexto, según un informe reciente publicado por el Banco Mundial y la Agencia Nacional de Planificación china, el crecimiento se reducirá hasta el 1,9% a partir de 2031, a no ser que el Gobierno chino introduzca reformas estructurales de calado. A esta situación estructural hay que añadir las dificultades cíclicas que afronta la economía china en este momento. La más conocida, sin duda, es la guerra comercial con Estados Unidos, que está reduciendo las exportaciones chinas a la principal economía del mundo, pero quizá no la más importante en cuanto al impacto sobre el crecimiento chino. De hecho, las medidas que el Gobierno chino ha estado tomando desde la segunda parte de 2017 para reducir el sobreendeudamiento y el excesivo riesgo financiero, especialmente en el ámbito no regulado, son la principal fuente de desaceleración de la economía china hoy por hoy.

En un contexto de competencia estratégica con EEUU y una economía mundial que se desacelera, el Gobierno chino ha utilizado las políticas monetaria y fiscal para estimular la economía china desde finales de 2018, sin mucho éxito por el momento. De hecho, la inversión privada sigue desacelerándose rápidamente y las ventas de automóviles han colapsado.

La razón de la escasa reacción de la economía china al estímulo está directamente relacionada con el exceso de endeudamiento y la falta de proyectos rentables que financiar. En este contexto, parece difícil pensar que China hoy por hoy pueda crear suficiente crecimiento para apoyar al mundo en un momento de fuerte desaceleración global. Más bien al contrario: China va a necesitar al resto del mundo para amortiguar su desaceleración. El cambio radical de actitud de EEUU hacia China lo va a hacer muy difícil y, con ello, la recuperación de la economía mundial, puesto que China ha sido el país que ha contribuido más al crecimiento mundial en la última década. Por tanto: abrochémonos los cinturones.

*Alicia García Herrero es economista jefa para Asia-Pacífico de Natixis e investigadora principal en el 'think tank' Bruegel.

Tribuna
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