La prudencia fiscal, la gran víctima de las elecciones en EEUU

Para que el deterioro fiscal de EEUU sea sostenible en los próximos años, será necesario contar con el apoyo de la Reserva Federal

Foto: El edificio de la Reserva Federal en Washington. (Reuters)
El edificio de la Reserva Federal en Washington. (Reuters)

El objetivo clave en las próximas elecciones presidenciales de EEUU es la clase media. Tanto demócratas como republicanos están a la caza y captura del voto de este segmento de población. Se trata de algo completamente racional desde un punto de vista aritmético, pero creemos que a lo que puede conducir es a que la prudencia fiscal sea la gran víctima de los comicios americanos, tal y como explicaremos a continuación.

Las elecciones de 2016 se decidieron entre los votantes con ingresos medios. Hillary Clinton logró una clara victoria entre aquellos electores que ganan menos de 50.000 dólares al año, pero su derrota vino de la incapacidad de batir a Donald Trump en el territorio de las rentas medias. Pero ¿qué es la clase media? Generalmente, se entiende esta como la población cuyos ingresos se sitúan entre dos tercios y el doble del ingreso medio. Pero esta definición no es lo suficientemente precisa, la línea divisoria clave que decidieron las últimas elecciones americanas se traza entre aquellos con educación universitaria y los que no. De hecho, Clinton superó a Obama en un promedio de más de nueve puntos porcentuales en 48 de los 50 condados con mayor nivel de educación, mientras que obtuvo un resultado 11 puntos peor que su antecesor demócrata en 47 de los 50 condados con peor formación académica.

Por eso, cuando los aspirantes demócratas afirman que "la clase media está en problemas y necesita ser tranquilizada sobre su futuro, para, evitar caer en el falso populismo", tomando prestadas las palabras de Joe Biden, lo que en realidad tienen en mente esos candidatos es la población sin estudios universitarios, generalmente, trabajadores blancos. Pero los demócratas van a tener complicado competir con Trump en el campo de los llamados "factores culturales". Una estrategia en ese sentido podría hacerles perder en algunas áreas demográficas clave, como las mujeres con estudios superiores, que apoyaron más a Clinton que a Obama.

Pero los demócratas pueden intentar mejorar su oferta en términos de "interés económico" para atraer a estos exvotantes demócratas. Y, a decir verdad, eso es lo que todos están haciendo. El grado de ambición de sus propuestas difiere, entre los "radicales" —Sanders y Warren— y los "moderados" —Biden y Buttigieg— por nombrar solo a los cuatro candidatos que encabezan las encuestas en las dos primeras primarias (Iowa y New Hampshire). Pero todos comparten un enfoque bastante tradicional en la redistribución y protección contra el riesgo que normalmente sería lo mejor para los miembros más frágiles de la clase media, es decir, aquellos cuyo menor nivel de educación los pone en mayor riesgo en una economía globalizada y automatizada.

Los demócratas van a tener complicado competir con Trump en el campo de los llamados "factores culturales"

En cuanto a los contendientes más destacados en estos momentos, la medida emblemática de Warren es "Medicare para todos", en pocas palabras, replicar la atención médica universal brindada por el Estado en la mayoría de las otras economías desarrolladas. Esto se pagaría en parte mediante la reforma fiscal, que incluye un gravamen sobre la riqueza acumulada. Por su parte, Biden quiere extender el sistema de Obamacare con seguros privados, lo que llevaría la proporción de estadounidenses sin ningún tipo de cobertura de salud del 8% actual al 3%. Para pagar el coste adicional, también sería necesario introducir un impuesto sobre los tramos de ingresos más altos.

Lo que puede faltar aquí es una narrativa convincente por parte de los demócratas sobre las razones detrás del deterioro de las condiciones económicas de la clase media. Todos los candidatos demócratas apoyan la idea del "comercio justo" y de un enfoque duro hacia China, pero no pueden vencer a Trump en su propio terreno: hacer del comercio libre "descontrolado" el origen de todos los problemas del trabajador medio americano. Es decir, mientras los demócratas se centran en cómo mitigar las consecuencias negativas de la globalización, el candidato republicano se presenta como el campeón que puede reequilibrar la globalización en beneficio de EEUU. De esta manera muchos de los trabajadores sin estudios superiores pueden percibir a Trump como más alineado con sus propios intereses económicos, a pesar de sus intenciones de revertir los progresos alcanzados por Obama en temas de bienestar.

Pese a todo, el presidente también tiene sus propios problemas narrativos. Puede incidir en la Fase Uno alcanzada con China o en el cambio de relaciones comerciales como México y Canadá, o incluso redoblar su agresividad si los chinos tienen problemas para cumplir su parte del trato, pero todo esto será básicamente retrospectivo. Trump necesita añadir un nuevo mensaje y pensamos que este tomará la forma de una importante reducción de impuestos para la clase media. Esto no solo permitiría al jefe de Gobierno desquitarse de las críticas a su anterior recorte fiscal, excesivamente sesgado hacia las clases más elevadas, sino que al mismo tiempo encerraría a los demócratas en una peligrosa trampa: o le brindan a Trump una gran victoria justo ante de las elecciones, o, si bloquean el recorte impositivo, serán etiquetados de enemigos de la clase media.

Curiosamente, a pesar de la gran cantidad de veneno que circula actualmente por la arena política de EEUU, republicanos y demócratas no han tardado en ponerse de acuerdo una vez más para elevar el techo de gasto y ambos se muestran bastante relajados sobre el volumen de déficit que generarían sus políticas. Los republicanos prometen bajar los impuestos al "americano corriente", mientras que, de forma muy inusual, tienen muy poco que decir sobre una eventual reducción del gasto público. Al mismo tiempo, Biden y Warren comparten la idea de poner toda la carga sobre la clase alta, que habitualmente es notoriamente esquiva en temas impositivos, lo que hace que los resultados de los incrementos fiscales dirigidos a este segmento de rentas suelan ser decepcionantes. En definitiva, como decíamos al principio, la prudencia fiscal parece la gran víctima propiciatoria de este año electoral.

Y, para que el deterioro fiscal de EEUU sea sostenible en los próximos años, será necesario contar con el apoyo de la Reserva Federal. La Fed ha sido bastante pragmática y preventiva hasta ahora, incluso aunque esto no haya sido suficiente para el gusto de Trump, pero este enfoque podría cambiar si se enfrentan a un estímulo fiscal significativo. Powell está "a salvo" hasta febrero de 2022, pero un recrudecimiento del conflicto entre la Casa Blanca y el banco central podría hacer que viéramos antes algunos "fuegos artificiales".

*Gilles Moëc es Group Chief Economist de AXA Investment Managers.

Tribuna
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