El acuerdo comercial entre EEUU y China no va a acabar con el riesgo geopolítico en 2020

Los inversores en España y en el resto del mundo deberían darse cuenta de que lo que han vivido desde principios de diciembre es un cuento de hadas y no la realidad geopolítica

Foto: El viceprimer ministro chino, Liu, escucha al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)
El viceprimer ministro chino, Liu, escucha al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)

La lectura de los mercados financieros mundiales sobre el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y China ha sido muy positiva, probablemente en exceso, dada la relativamente limitada dimensión del acuerdo alcanzado. Lo positivo del acuerdo es que permite una tregua —al menos parcial— en la competencia estratégica entre China y Estados Unidos. Esta tregua llega en un momento clave para ambos presidentes, Trump y Xi, por motivos diferentes. Trump necesita una victoria y calma para los mercados financieros antes de las elecciones presidenciales en EEUU. Xi necesita mejorar la percepción de los inversores sobre la situación económica de China para conseguir un crecimiento de al menos el 5,7% en 2020 y, gracias a ello, conseguir su objetivo de duplicar la renta per cápita de la población china.

Como se esperaba, el acuerdo incluye un volumen importante de importaciones chinas desde los Estados Unidos. Con un valor total de hasta 200.000 millones de dólares, que abarca energía, agricultura, manufacturas y servicios, este compromiso supone duplicar las exportaciones americanas hacia China, lo que sin duda supondrá una reducción de exportaciones europeas hacia China en los sectores en los que competimos más con EEUU, tales como componentes de automóviles, aviones y sus componentes, así como productos químicos.

En otras palabras, el acuerdo comercial entre EEUU y China no debería leerse de manera tan positiva para Europa, especialmente Alemania, que concentra la mayoría de las exportaciones europeas a China. Adicionalmente, para que el acuerdo comercial alcanzado pudiera considerarse positivo para Europa, debería haber abierto la puerta a reformas de peso en el sector productivo chino, aumentando el potencial de crecimiento de China, que lleva años reduciéndose.

El viceprimer ministro chino, Liu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)
El viceprimer ministro chino, Liu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)

Aunque el acuerdo alcanzado incluye dos capítulos sobre protección de la propiedad intelectual y transferencia de tecnología, con medidas destinadas a reducir el coste de iniciar una investigación de propiedad intelectual, la realidad es que no incluye ningún tipo de reforma del sistema productivo chino y, en especial, una reforma del enorme peso del sector público en la producción de bienes y servicios en China.

El acuerdo comercial entre EEUU y China es solo un acuerdo interino sobrevendido por ambas partes y, gracias a ello, con un impacto positivo en los mercados financieros que, muy probablemente, no va a durar. Las diferencias entre ambas potencias siguen siendo enormes, por lo que el riesgo geopolítico continúa intacto. Muy probablemente, este riesgo se haga realidad en el ámbito del Medio Oriente, y en concreto Irán, dada la enorme inversión que China ha realizado en este país y el riesgo de que EEUU siga intentando aislarlo poniendo presión a China para desinvertir en Irán.

En resumen, los inversores en España y en el resto del mundo deberían darse cuenta de que lo que han vivido desde principios de diciembre es un cuento de hadas y no la realidad geopolítica en la que nos encontramos.

*Alicia García Herrero, es economista jefa de Asia-Pacífico en Natixis, investigadora sénior asociada del Real Instituto Elcano y 'senior fellow' en Bruegel.

Tribuna
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