La destrucción de empleo aún no ha terminado

Muchos contratos temporales finalizarán en abril y los empresarios pueden estar esperando para dejar que se extingan

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la rueda de prensa sobre los datos de desempleo y afiliación a la Seguridad Social. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, durante la rueda de prensa sobre los datos de desempleo y afiliación a la Seguridad Social. (EFE)
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El efecto de la crisis sanitaria sobre el empleo ha sido tan impactante como se temía: desde que se declaró el estado de alarma, el número de afiliados a la Seguridad Social ha caído en 890.000. Dicha cifra, dentro de su magnitud, podría parecer incluso hasta moderada, si tenemos en cuenta que el volumen de empleo, solo en los sectores más directamente afectados por las restricciones en vigor hasta el pasado lunes (hostelería, comercio, actividades culturales, servicios personales), era de 4,5 millones. En algunas de estas actividades, además, la tasa de temporalidad es muy elevada, lo que facilita la reducción del empleo por la simple vía de la extinción del contrato.

La destrucción de empleo aún no ha terminado

Lo que ha impedido que el impacto sea mayor ha sido el recurso a los ERTE, que se han aplicado ya a 620.000 trabajadores, de modo que el número de empleos afectados de un modo u otro por la crisis alcanza ya el millón y medio. La flexibilización de esta figura va a ser un elemento clave para ayudar a contener la sangría en el empleo, si bien es cierto que el hecho de no poder despedir a los trabajadores en los siguientes seis meses puede desanimar a muchas empresas a recurrir a ella, si sienten una elevada incertidumbre con respecto al mantenimiento del volumen de negocio en los mismos niveles que antes de la pandemia.

A la cifra anterior de afectados por despidos, finalizaciones de contratos y ERTE, habría también que añadir la de las contrataciones estacionales que se realizan habitualmente en el mes de marzo y que, evidentemente, este año no se habrán realizado, y que puede ascender a unas 75.000.

La destrucción de empleo no ha terminado. Por una parte, muchos contratos temporales finalizarán en abril y los empresarios pueden estar esperando para dejar que se extingan. Además, a medida que avanzan las semanas, se va clarificando en muchas empresas a cuánto asciende la caída de actividad y el número de empleos excedentes. A esto se suma la ampliación de las restricciones a todas las actividades no esenciales desde el pasado martes, puesto que, a pesar de que se trata, en principio, de una medida transitoria y las horas de trabajo son recuperables, sin duda va a tener alguna repercusión en el empleo.

Hay que tener en cuenta el elevado peso de las pequeñas y medianas empresas en España, que tienen menos capacidad financiera para afrontar un parón de estas características. Tampoco hay que olvidar la importancia que tiene el turismo en nuestra economía, actividad que difícilmente va a volver a la normalidad después de la emergencia sanitaria, especialmente en lo que se refiere al turismo internacional. Entre otras razones, porque pocas personas se van a arriesgar a que surja un nuevo brote de la enfermedad y se queden colgadas en otro país. Para este sector, no cabe esperar una vuelta a la normalidad hasta el año próximo. Eso significa que el grueso de las contrataciones estacionales que se realizan en hostelería todos los años a partir de abril no se va a realizar, lo que supondrá un impacto mayúsculo en las cifras de empleo de este año.

No obstante, seguimos pensando que si la pandemia se contiene en las próximas semanas y no hay rebrotes —y si toda esta situación no degenera en una crisis financiera internacional, que tampoco se puede descartar—, a lo largo del próximo año se recuperará el grueso de la actividad y el empleo perdidos con esta crisis. Las medidas destinadas a apoyar las rentas de los trabajadores afectados y a amortiguar el impacto sobre la actividad empresarial serán determinantes. La economía española ha demostrado en los últimos años un notable dinamismo y capacidad para crecer de forma sostenible y equilibrada, por lo que no hay motivo para que no retornemos a la senda de la que nos hemos desviado.

*María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas.

Tribuna
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