De invisibles a imprescindibles. Primer SOS del sistema alimentario español

Ellos y solo ellos aseguran que podamos comer todos los días, que no haya desabastecimiento en los supermercados y no se desertice media España

Foto: Los agricultores navarros han iniciado la campaña de recogida del espárrago, marcada por el uso de mascarillas y otras medidas de seguridad. (EFE)
Los agricultores navarros han iniciado la campaña de recogida del espárrago, marcada por el uso de mascarillas y otras medidas de seguridad. (EFE)

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, dice nuestro refranero. Y vaya si está tronando en este momento, grandes truenos que llegan directamente al corazón de todos los españoles, y especialmente al de los más de 100.000 afectados y ya más de 10.000 muertos a los que solo podemos llorar desde la soledad del confinamiento de nuestras casas, desde la certeza de que esta es la mejor contribución que podemos hacer al control del Covid-19.

Truena, y mucho, en este momento en los hospitales, que ven cómo la incompetencia del Gobierno, del 'mando único', del único responsable por tanto, hace que no haya material de protección para el personal, respiradores para los enfermos o pruebas para detectar la enfermedad y evitar contagios, a diferencia de lo que ocurre en los países de nuestro entorno.

Truena en nuestras casas con un sonido ensordecedor cuando vemos las medidas económicas que abocan al cierre de empresas y la desprotección de autónomos, que sin ganar un solo euro se ven obligados a pagar impuestos. Truena en el corazón de los 300.000 españoles que han pasado a engrosar las listas del paro el último mes (sin contar los que están en ERTE) y ven cómo los responsables políticos del Gobierno dan explicaciones infantiles, tiran balones fuera y se afanan en buscar responsables de sus desatinos e ineptitudes, en lugar de buscar apoyos expertos y dar respuestas eficaces para evitar la quiebra de las empresas.

Está empezando a tronar, y mucho, en uno de los sectores más estratégicos de la economía y clave para nuestra supervivencia, en el sector agroalimentario. El sector que, formado por agricultores, ganaderos, industria transformadora y distribución, conforma el sistema alimentario español. Ellos y solo ellos aseguran que podamos comer todos los días, que no haya desabastecimiento en los supermercados y no se desertice media España.

Resulta muy curioso ver la evolución que ha tenido el medio rural en los escasos tres meses que han transcurrido del año 2020. En apenas 90 días, se podría decir que la agricultura, la ganadería y la agroalimentación han pasado de ser casi invisibles a ser absolutamente imprescindibles.

Han sido prácticamente invisibles durante casi dos años para un Gobierno que los ha ninguneado desde que llegó a la Moncloa, dos años de inactividad ministerial que han generado no solo pérdida de confianza sino de recursos, de competitividad y viabilidad en las explotaciones, y eso es precisamente lo que los llevó a salir a las calles, a manifestarse y a luchar por su propia supervivencia.

Quizá ya nadie lo recuerde, pero es justo reconocer que el sector agroalimentario ya contribuyó decididamente a salir de la crisis a la que nos llevaron las nefastas políticas socialistas de los años 2008 a 2011. Y hoy, una vez más, este mismo sector nos vuelve a dar una lección de esfuerzo y compromiso en estos duros momentos.

Su implicación durante esos años permitió que el Estado pudiera pagar las millonarias deudas que las políticas socialistas dejaron en sectores que en este momento se están viendo imprescindibles; el sistema sanitario con 16.000 millones de deuda, o el social, en que la deuda superaba los 1.300 millones solo en las prestaciones de dependencia, con más de 300.000 personas en lista de espera, 300.000 mayores dependientes sin atender.

Su esfuerzo y el compromiso de autónomos y empresarios, junto con políticas económicas acertadas y fiables, permitieron que la trágica cifra de 177.000 empresas cerradas y de 5,2 millones de españoles desempleados empezara a revertir y España recuperase la senda de crecimiento por la que estuvo caminando hasta junio de 2018.

Hoy vuelven a ser imprescindibles, nunca han dejado de serlo, pero su necesidad es más visible, ya que a la inacción del Gobierno, a la situación crítica que ya denunciaban desde principios de año, le ha sobrevenido la pandemia.

Llueve sobre mojado, los problemas se acumulan y no perdamos de vista que son los únicos que pueden garantizar el abastecimiento de alimentos, pero las dificultades para hacerlo son cada vez mayores. El trabajo, la dedicación y el buen hacer de agricultores, ganaderos, empresarios y personal de industrias y supermercados no es suficiente en estos momentos. Ahora es más necesario que nunca que todos y cada uno de los eslabones de esta cadena estén perfectamente engranados para poder funcionar a velocidad de crucero, que todos cuenten con los recursos que necesitan para funcionar de forma estable y segura. Y es el Gobierno quien debe garantizar que así sea.

Sabemos que en estos momentos hay serias amenazas que podrían poner en riesgo el abastecimiento de alimentos. La más urgente de resolver es la falta de mano de obra. En la industria transformadora, donde la falta de material de protección (mascarillas, batas, etc.) está provocando cierres y un absentismo laboral más que justificado por miedo al contagio. Y en el campo, donde la mano de obra temporal ni está ni se la espera.

Efectivamente, la falta de mano de obra es un serio problema para la recolección de productos frescos y perecederos —la fresa de Huelva, los espárragos en Tudela, los ajos en La Mancha, las hortofrutícolas en la huerta de Murcia o Valencia son solo algunos ejemplos—. Labores, tradicionalmente, realizadas por personal contratado temporalmente, en su mayoría extranjeros que, debido al cierre de fronteras, no han podido llegar a España. La Unión Europea ha pedido a nuestro Gobierno que se abran las fronteras, con el debido control sanitario, para acoger a este personal, pero España no tiene test para hacer las pruebas, nuestro 'mando único' nuevamente es incapaz de dar la respuesta que están dando otros países.

Alternativas hay, cientos de miles de personas sin trabajo este mes pueden apoyar en la recolección, no es necesario ser un experto, solo tener voluntad, acercarse a las oficinas de empleo, incluso ofrecerse a las empresas que en nuestro entorno sabemos que necesitan realizar estas labores con urgencia. El Gobierno de España perfectamente podría, incluso me atrevo a decir que debería, articular estas medidas urgentemente, como ya lo ha hecho el Gobierno francés hace tiempo para acompasar oferta y la demanda.

En su lugar, el Gobierno español ha hecho dos cosas: quitar a las CCAA, de forma absolutamente autoritaria y unilateral, los fondos que podrían destinar a fomentar el empleo, y reducir el tiempo que es necesario trabajar para cobrar un subsidio —se han reducido las peonadas por real decreto-ley. El resultado es evidente, más dificultad para encontrar mano de obra, más paro en la industria trasformadora, más personas subsidiadas, las cosechas sin recoger, los agricultores arruinados y los españoles desabastecidos y pagando los subsidios.

Protejamos el sistema alimentario español de esta tormenta. Sin ellos, no tendremos alimentos, dependeremos de los productos que nos quieran vender otros países, pagaremos lo que nos quieran cobrar, cerraremos los pueblos y media España se convertirá en un desierto. Tengamos presente a Santa Bárbara, al menos en este momento en que la tormenta arrecia.

*Milagros Marcos, diputada por el PP.

Tribuna
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