Comienza la cuenta atrás: blindaje protector o bajada a los infiernos

No es un secreto que la economía se encuentra en una encrucijada. Hay que evitar recaídas, pero también no ir más allá de lo que se requiere para que la crisis no sea irreversible

Foto: Vista de unas obras en Valencia. (EFE)
Vista de unas obras en Valencia. (EFE)
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El pasado martes 31 de marzo participé, junto a otros ponentes de la Comisión Europea y del BEI, en un Foro Virtual sobre el European Green Deal, organizado por Thinking Heads y la cátedra Orfín de la Universidad de Alcalá de Henares. Moderaba la sesión el economista José Carlos Díez y, como telón de fondo, la crisis del coronavirus y algunas reflexiones compartidas sobre su impacto en la economía mundial.

Todos coincidimos en la necesidad de contar con respuestas más precisas, y con escenarios y plazos de actuación más elaborados. Todos nos hicimos las mismas preguntas ¿Cuánto durará esta crisis? ¿Cuál va a ser la magnitud de la recesión? ¿Qué podemos y debemos hacer en el corto y medio plazo para superar la pandemia y su impacto económico?

Las previsiones sobre la crisis económica siguen siendo muy volátiles. El FMI ya ha alertado de que el nivel de incertidumbre relacionado con el coronavirus no tiene precedentes. Según esta institución, a finales de marzo era tres veces superior al nivel de incertidumbre de la crisis del SARS y 20 veces superior al de la crisis del ébola; y con la expansión global de la pandemia seguirá creciendo.

Nunca con anterioridad la economía había parado en seco y 4.000 millones de personas habían sido confinadas. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, subrayó la pasada semana que el mundo se enfrenta a una crisis mucho peor que la de 2008, cuando la economía perdió dos billones de su valor y soportó una contracción del PIB del 4%.

Necesitamos respuestas

Un artículo reciente de la revista 'The Economist', "Hard choices", reflejaba las dificultades que hay detrás de la disparidad de predicciones. Cuando los políticos preguntan cuál será el coste de la crisis y el confinamiento, los epidemiólogos responden "Not our department". El problema es que cuando la pelota llega al tejado de los expertos en proyecciones económicas y presupuestarias, estos tampoco lo tienen fácil.

Sin embargo, necesitamos respuestas. Necesitamos saber cuánto va a durar el confinamiento y qué ocurrirá después; cómo será la transición y cómo afectará a los distintos sectores de la economía; y cómo protegemos la sociedad y la economía del virus y garantizaremos el máximo nivel de actividad económica sostenible durante un periodo de recesión que será previsiblemente largo.

Necesitamos respuestas, pero también necesitamos un plan. Necesitamos un escenario compartido por los gobiernos, los agentes económicos y por la sociedad en su conjunto. Una coraza protectora que nos blinde frente a la pandemia. Responder a estas preguntas, y construir ese blindaje, es urgente y crítico por diversos motivos. Tenemos que anticiparnos.

Todo parece indicar que el parón económico, la disrupción, será mucho más prolongado y puede provocar daños estructurales permanentes

En primer lugar, porque los agentes económicos necesitan certidumbre o, lo que es lo mismo, reducir la incertidumbre, y desechar escenarios improbables. La incertidumbre prolongada tiene un coste, conduce al cierre de empresas, sobre todo, en aquellos sectores más castigados por la crisis.

Si el impacto de la crisis fuera limitado, en torno a un mes, la recuperación económica podría ser rápida; sin embargo, este no parece ser el escenario al que nos enfrentamos. Todo parece indicar que el parón económico, la disrupción, será mucho más prolongado y puede provocar daños estructurales permanentes.

Intervenciones extraordinarias

En este contexto, las intervenciones fiscales y monetarias extraordinarias son fundamentales. Las políticas de apoyo a los hogares, las empresas y el sector financiero deben combinar medidas de liquidez con medidas de solvencia cuando la crisis es prolongada.

Es como si cogiéramos la economía española, o la economía global, y la obligáramos a cambiar de traje, dos o tres tallas menos, y tuviera que funcionar con estas limitaciones durante un largo periodo de tiempo, previsiblemente, alrededor de un año.

En segundo lugar, reducir la incertidumbre es crítico para construir un blindaje presupuestario. Necesitamos una revisión presupuestaria que dote de estabilidad la economía y le ofrezca certidumbre.

Hoy, la economía está parada, pero sin actividad económica no hay ingresos, y sin ingresos las empresas y las economías quiebran, y los presupuestos son imposibles. Se necesitan revisiones presupuestarias que identifiquen las inversiones en capital social que se requieren para luchar eficazmente contra la pandemia, el gasto en protección social necesario para garantizar una renta digna a todos los españoles, los recursos dedicados a blindar a las empresas y a cuánto ascenderá la caída dramática de los ingresos tributarios y cómo se va a financiar el desequilibrio. Esta es una decisión agónica a la que se van a enfrentar los gobiernos.

El coste para las futuras generaciones

Todos sabemos que la duración de la crisis vendrá en buena medida determinada por la ciencia. De acuerdo con el Instituto de Milán, hay aproximadamente 75 protocolos de tratamiento para el Covid-19 en desarrollo, algunos de los cuales están siendo testados en personas. En el terreno farmacológico, se trabaja en tres frentes, el de los antivirales, el de las terapias inmunológicas y el de las drogas tradicionales con un segundo uso, pero el descubrimiento de una vacuna puede marcar el escenario de salida.

Mitigar el impacto del Covid-19 en la economía requiere sustituir el confinamiento por medidas de aislamiento social moderado

Aunque hay una carrera global, algunos dirían que una competición por salvar el mundo, con decenas de posibles vacunas en los laboratorios, todos los expertos toman como referencia el plazo de un año. Eso contando con que no existan retrasos en la financiación y no se pongan trabas a los procesos regulatorios. Durante este periodo, tenemos que aceptar que la economía trabajará a medio gas, con limitaciones y por debajo de su potencial. Y el presupuesto tiene que reconocer esta realidad.

La economía solo despegará cuando el control de la pandemia lo permita, y es crítico que esto ocurra cuanto antes; por eso, el blindaje protector tiene que estar construido lo más pronto posible, tener un grado de protección adecuado y la capacidad de funcionar de manera eficiente durante un periodo de tiempo previsiblemente largo. No se pueden cometer fallos que puedan llevar a paradas y arranques intermitentes.

Mitigar el impacto del Covid-19 en la economía requiere sustituir el confinamiento por medidas de aislamiento social moderado y crear un clima de confianza y seguridad en el conjunto de la sociedad. Y esto, hasta que haya una vacuna y otras alternativas farmacológicas eficientes, requiere un blindaje, una coraza, que proteja la economía y la sociedad frente al virus. Las preguntas aquí son obvias. ¿Cómo será la coraza y cuándo se puede levantar el confinamiento?

Los americanos utilizan una expresión, 'waiting game'. Resulta necesario esperar a que el confinamiento contenga la expansión del virus de forma que el blindaje pueda controlarlo. En ese punto, se podrán establecer medidas de aislamiento social compatibles con una actividad económica sostenida. Pero el blindaje debe estar preparado con antelación y requiere fortalecer las líneas de defensa frente al virus, de forma que permita proteger y dar seguridad a la población.

La necesidad de trabajar en estas líneas de defensa ya ha sido destacada por los expertos. Para ello, es importante disponer de unas capacidades de test amplias y variadas; una capacidad de cribado que, unida a las medidas de control y vigilancia, permita evitar posibles rebrotes del virus e impedir retrocesos en el control de la epidemia.

Como referencia, los expertos ya han alertado sobre la importancia de extender adecuadamente el uso de los test diagnósticos, y acelerar el tiempo de respuesta. La capacidad de test será efectiva para controlar la pandemia cuando se puedan hacer en número suficiente, de forma que no dé como positivo más de uno sobre cada 10.

En segundo lugar, medidas de vigilancia y control diseñadas para identificar a los ciudadanos infectados, asintomáticos o no. Todos sabemos que el equilibrio entre la protección de la esfera privada y la seguridad colectiva es siempre delicado, pero en esta situación de crisis la adopción de medidas excepcionales está justificada.

Debemos preparar la economía para un periodo de cierta autarquía y para una apertura escalonada de los distintos sectores productivos

También en este punto hay cuestiones que son determinantes y sobre las que conviene el mayor consenso político posible: si las medidas de control y vigilancia serán obligatorias, como en Corea del Sur o Israel; o si, por el contrario, cabrían también medidas voluntarias, como en Singapur. También convendría conocer quién controlará los datos, si las administraciones públicas o las entidades privadas. Y en este punto es deseable que haya el mayor consenso político.

En tercer lugar, resulta crítico mantener el esfuerzo de inversión en capital social. Esto incluye la capacidad del sistema en términos de UCI y equipos de protección, así como el esfuerzo en investigación.

Finalmente, debemos preparar la economía para un periodo de cierta autarquía y para una apertura escalonada de los distintos sectores productivos. Por el momento, y a nivel global, el impacto en los distintos sectores es desigual. Mientras las industrias de la aviación y el turismo han frenado en seco, el golpe en las manufacturas ha sido significativo. Los sectores de agua y energía se han resentido de forma moderada y en las áreas de salud, compras 'online' y negocios digitales han crecido las oportunidades. Distinguir entre los sectores es crítico, porque algunos necesitarán medidas de liquidez y otros, medidas de solvencia.

El sector público tiene que jugar un papel determinante con el despliegue de la inversión pública. Como comentábamos en nuestro foro virtual sobre el European Green Deal, este es momento de apoyar la economía europea acelerando el esfuerzo de digitalización y la transición ecológica.

*Juan Costa Climent es exministro de Ciencia y Tecnología y exsecretario de Estado de Hacienda. Socio de EY.

Tribuna