Segundo SOS del sistema alimentario: haciendo 'la Pascua' al sector cárnico

Del consumo de cordero en Pascual depende la pervivencia de una de las actividades económicas más relevantes en nuestro país, la industria cárnica

Foto: Cebadero de corderos. (EFE)
Cebadero de corderos. (EFE)

Ha comenzado la Semana Santa, la semana de pasión que finaliza con el Cordero Pascual. Una simbología que, por distintos motivos, comparten las tres grande religiones, musulmanes, judíos y cristianos. No está de más recordar su significado: en la tradición cristiana prefiguraba simbólicamente a Cristo, “el Cordero de Dios”. El cordero que se ordenó a los israelitas comer, con ritos peculiares, como parte de la celebración de la Pascua. El mandato divino aparece registrado por primera vez en Éxodo, donde se representa a Yahveh dando instrucciones a Moisés para librar a los judíos de la última plaga infligida a los egipcios. Por otro lado, poner sangre del cordero en las jambas de las puertas era señal de inmunidad o protección; incluso en Deuteronomio se menciona también a la oveja y el buey en lugar del cordero.

No era sencillo imaginar hace solamente un mes, a pesar de los reiterados avisos de la OMS y de las insistentes alertas que ahora sabemos que habían llegado a nuestras autoridades nacionales, que esta Semana Santa el sacrificio iba a ser de todo el pueblo español, y que por siempre recordaremos estas fechas por la perdidas de los miles de personas fallecidas, más de 14.000 seres queridos que nos han dejado desde la soledad de un hospital o de una residencia de ancianos.

Quien nos iba a decir que 2020 años más tarde, más de 20 siglos después, íbamos a estar suplicando el sacrifico y consumo del cordero en Pascua y que esta súplica iba a estar asociada también a una 'plaga' (pandemia Covid-19) que se puede extender igualmente a otras especies como la ternera, el cabrito, el porcino, el ibérico, puesto que en estos momentos de su consumo depende la pervivencia de una de las actividades económicas más relevantes en nuestro país, la industria cárnica.

Es más, quién nos iba a decir que íbamos a tener un Gobierno que en lugar de resolver los problemas de este importante sector le iba a estar haciendo permanente “la Pascua” por acción y por omisión.

Omisión reiterada durante casi dos años ya de un gobierno que se ha puesto de perfil ante los problemas de agricultores y ganaderos; que ha omitido trabajar en la trasposición de la Directiva que avanza en el control y regulación de la cadena alimentaria. Dos años de crisis del sector cárnico, acuciante tanto en leche como en carne. Dos años sin agilizar las relaciones comerciales con China que pudieran permitir en este momento, sino suplir al menos mitigar el cierre del canal Horeca como efecto del Covid-19. Dos años subiendo costes de producción, de insumos, de materias primas, limitando el uso de productos sin compensación alguna. Dos años sin buscar socios europeos de peso que nos puedan apoyar en momentos difíciles como este.

Es justo en este momento, además de aplaudir cada día a quienes producen los alimentos que comemos, debemos apoyar su labor, reconocer su contribución a la economía española y la obligación de ayudarles a superar estos duros momentos para evitar su desaparición.

La producción animal, indisolublemente arraigada al medio rural, supone el 38’7% del total de la renta agraria. La industria cárnica es el cuarto sector industrial de nuestro país, el 13,8% del PIB de la rama industrial, 3.000 empresas y más de 96.000 trabajadores dependen de estas industrias distribuidas por toda la geografía española, especialmente en zonas rurales entre mataderos, salas de despiece e industrias de elaborados que hoy siguen levantando la persiana para asegurar nuestra alimentación, pero que en estos momentos tan críticos no tienen donde vender sus productos por que la mayoría tenían como destino la hostelería —el canal Horeca— y ahora la pandemia ha provocado el cierre de los restaurantes.

El esfuerzo de ganaderos e industrias había permitido un posicionamiento importante a nivel mundial, tanto en volumen como en calidad. España es el segundo productor de carne de porcino, de ovino y caprino, y el quinto país por censo de ganado vacuno en la UE-28.

Igualmente destacable es la influencia de la calidad de nuestros productos cárnicos en la gastronomía a nivel mundial y el impacto que esto tiene en el sector turístico español. Más de 260.000 turistas visitaron España en 2019 atraídos por su gastronomía, un 16,7% más que el año anterior, uno de cada cuatro turistas internacionales reconoce ya venir a España atraído por la gastronomía y calidad de los productos.

Lamentablemente la pandemia lo está poniendo todo en riesgo. Si el Gobierno no actúa con inmediatez y eficiencia los ganaderos se verán abocados al cierre. No tienen a quién vender, y mientras, los animales siguen demandando alimento y pierden su valor en el mercado en la medida que dejan de ser el producto de calidad que se requiere en la gastronomía: Un lechazo dejará de serlo si sigue creciendo, un cabrito dejará de ser un cabrito y un cochinillo dejará de ser de un cochinillo si se le sigue alimentando, el ibérico y el vacuno dejarán de ser comerciales si exceden el peso requerido en el mercado.

Detrás de cada producto hay comarcas, municipios y familias enteras, hay proyectos de vida en el medio rural que se ven truncados, no por falta de compromiso, no por falta de trabajo, de innovación, de esfuerzo ni de apoyo de la sociedad, sino porque en este momento no tiene la respuesta que necesitan, y sin apoyo estatal y los restaurantes cerrados no podrán dar salida a sus productos.

La respuesta puede y debe ser múltiple, tal y como lo están planteando los propios ganaderos, organizaciones y empresas del sector. La primera y más efectiva, sin duda es agilizar las ventas, buscar nuevos mercados, ampliar los existentes en países como Arabia Saudí o China que hoy tiene abiertas sus fronteras a la importación de productos de este sector. Sin embargo, desde noviembre de 2018 en que se produjo el acuerdo sanitario para exportar a China cordero por ejemplo, el Gobierno no ha dado un solo paso para avanzar. De hecho ese país asiático ya ha abierto este mercado, con Islandia y Argentina, claros competidores nuestros, no en calidad ni bienestar animal, pero si en volumen. No se puede esperar más, no se puede seguir haciendo la Pascua por no trabajar y perder oportunidades que otros aprovechan.

Es imprescindible una gestión nacional inmediata en la que se pueda aumentar el número de salas de sacrificio y despiece autorizadas y optimizar el uso de las que ya lo están para dar servicio al ganado de diferentes zonas de la geografía nacional las 24 horas del día. Esto sí es objeto de decisión de emergencia nacional ante la crisis y resolvería el problema en gran medida.

En segundo lugar y en tanto se recupera la actividad comercial no estaría de más escuchar al sector y reducir cargas fiscales, eliminar, reducir o aplazar impuestos, si no hay ingresos, hay gastos y además deben pagar impuestos la única alternativa es el cierre. Por eso se debe aplicar cuanto antes la máxima de a cero ingresos cero gastos que se está proponiendo reiteradamente desde el Partido Popular, máxime en un sector que además de ser estratégico económicamente y asegurarnos la autonomía alimentaria, es imprescindible para arraigar población en el territorio y evitar la despoblación.

Siempre es importante tener buenos compañeros de viaje, solos en Europa se consigue más bien poco, y en este momento sabemos que hay varios países negociando con la Unión Europea las denominadas ayudas al almacenamiento privado, es decir, apoyo para congelar la producción que no pueda absorber el mercado y sacarla cuando la situación se estabilice. No es la solución ideal, por el desequilibrio que pudiera producirse en el momento en que toda esa producción vuelve al mercado a menor precio por ser producto congelado, ni se podrá generalizar por la falta de espacio de congelación, pero si puede suponer un complemento razonable si se consigue.

Acciones de flexibilización de la PAC o de promoción de consumo de producto autóctono como ha hecho Francia, nuestro país vecino, han reducido las exportaciones previstas, mientras en España esperamos campañas de promoción similares o apoyo a la compra privada para consumo en centros oficiales, por ejemplo. Es de agradecer el esfuerzo de la distribución por promocionar productos locales en sus lineales, de los pequeños productores reinventándose para poner su producto en sistemas de venta on line, incluso a pesar de las dificultades derivadas de la falta de internet en el medio rural.

Todas estas propuestas planteadas por los diferentes agentes que conforman el sistema de alimentos en el sector cárnico están pendientes de respuesta. Frente a ello la acción, la única acción que conocemos del Gobierno, vía propaganda en medios de comunicación hace ya una semana, es la que pretende dividir al sector con medidas parciales decididas de forma unilateral y sin englobar siquiera toda la cabaña ganadera afectada por el Covid-19.

No es momento de hacerle la Pascua a nadie, ni de improvisar sobre la marcha, es momento del rigor, de escuchar y abandonar actitudes prepotentes, de aportar ideas, de contribuir a dar soluciones, de trabajar por recuperar España. Desde el pueblo más pequeño hasta la ciudad más poblada, todos dependemos de la generosidad y buen hacer de quienes en este momento requieren apoyos claros para no desaparecer. La historia determinará quienes 2020 años después ejercieron el papel de judíos y quienes de egipcios en esta pandemia.

*Milagros Marcos, diputada por el PP.

Tribuna
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