La España industrial del día después del Covid-19

El sector industrial está preparado para resetearse y ajustar su competitividad a las condiciones de mercado que imponga la reconstrucción económica de esta nueva globalidad emergente

Foto: Operarios de Seat en Martorell fabrican respiradores. (EFE)
Operarios de Seat en Martorell fabrican respiradores. (EFE)

Por la pérdida de vidas humanas y el riesgo que implica para la salud de todos, la crisis del coronavirus representa la mayor situación de emergencia de la que el mundo conserva una memoria generacional viva. Además de ello la economía global se encuentra en estado de shock y parece adentrarse en un escenario de repercusiones imprevisibles e inéditas. La estrategia de recuperación habrá de abordarse mediante planteamientos muy imaginativos, porque la solución a una crisis de estas características puede que no guarde semejanzas con ninguna situación anterior.

En España el impacto de la crisis Covid-19 ha dirigido los focos hacia la esperanza del sector industrial como motor de la recuperación, por múltiples motivos. La dependencia exterior de ciertos suministros básicos ha generado inseguridad, malestar y preocupación. Pero también ha despertado nuestro sentido de la oportunidad y una toma de conciencia sobre los saludables beneficios de la localización productiva. Adicionalmente, para una potencia turística mundial como España el hecho de que el turismo haya entrado en una situación de paralización sine die contrasta con la continuidad operativa de la actividad industrial y con la visibilidad de la logística como factor estratégico en las situaciones de emergencia al servicio de las constantes vitales del país.

La industria 4.0 no basa su capacidad de producción en el vapor, sino en la investigación, la innovación y la tecnología

El mundo contemporáneo se caracteriza por la amplia disponibilidad de alternativas a las que pueden optar los proyectos de inversión industrial. La existencia de un marco de gobernanza que ofrezca una recepción coherente e integral para las propuestas de inversión será el factor más específico de la prosperidad industrial en un esfuerzo de recuperación. Por esta razón, sin la menor duda, la implementación de un gran acuerdo nacional que contemple la reconstrucción industrial como una de sus prioridades sería la mejor herramienta para abordar un desafío tan complejo y sofisticado.

Tampoco pasa inadvertido el hecho de que las nuevas exigencias sanitarias, al menos en el corto plazo, dejan al turismo poco margen para su reinvención, mientras que la industria nacional ha abordado un proceso de reconversión adaptativa en tiempo real. El sector servicios frena en seco, mientras la industria agroalimentaria apenas pestañea. De la noche a la mañana las fábricas de automoción construyen respiradores, la industria textil produce mascarillas, batas y equipos de protección, las empresas de destilería geles hidroalcohólicos.

Su capacidad de satisfacer las necesidades básicas de la ciudadanía ha desvelado el rostro más humano de la industria, poniendo en evidencia su contribución a la solidaridad de nuestra comunidad social. Sirva también el voluntariado de esa legión de establecimientos industriales y de makers que con sus impresoras tridimensionales muestran a la sociedad la versatilidad productiva de las nuevas capacidades de la manufactura 3D.

No estamos en la primera revolución industrial, sino en la cuarta. La industria 4.0 no basa su capacidad de producción en el vapor, sino en la investigación, la innovación y la tecnología. Esta precisión altera por completo el significado geoestratégico de la reindustrialización. La competencia entre paises por localizar la industria nada tiene que ver con los tiempos de la gran siderúrgica. La atmósfera de la manufactura contemporánea no es la polución, sino el laboratorio a gran escala. Pero como sucede con muchas otras evidencias culturales, las sociedades necesitan de una gran conmoción para digerir las obviedades en masa.

La pregunta es si sería posible hacer virar nuestro potencial industrial no hacia una resolución de urgencia, sino hacia la reanimación de la economía

El programa de la recuperación nacional tal vez demande la formación de un nuevo paradigma basado en la capacidad de materializar una reagrupacion geográfica entre conocimiento, investigación, capital, empleo, tecnología, proximidad y circularidad, de acuerdo a una nueva cosmovision del fenómeno industrial posterior a la pandemia. Como componentes separados, todos esos ingredientes de la recuperación existen en un número muy elevado de posibles localizaciones, pero el sentido común de saber combinarlas en soluciones paquetizadas capaces de seducir a la inversión es el menos común de los sentidos. Esto es la Gobernanza.

La utilidad del producto industrial, el cliente final de la manufactura, se da por garantizado en el mundo de la polivalencia de las cadenas productivas. Si somos capaces de hacer girar las capacidades productivas del país para satisfacer nuestras necesidades inmediatas, debe ser posible realizar la misma operación para dar resolución a las necesidades de otros. Lo que los economistas llaman la satisfacción de la demanda. La pregunta clave es, pues, si sería posible hacer virar todo nuestro potencial industrial no hacia una resolución de urgencia, sino hacia la reanimación de la economía nacional mediante la satisfacción de una demanda de mercado de nuevos productos industriales en un mundo PostCovid19.

Y la respuesta es que sí. Las infraestructuras logísticas, los medios de transporte, las fábricas y los bienes de equipo disfrutan de una capacidad de resiliencia económica mucho más elástica que los activos subordinados al sector servicios o a la actividad turística. Por razones estrictamente materiales la demanda de productos industriales no puede desaparecer, circunstancia que no aplica indistintamente para el sector servicios. El sector industrial está preparado para resetearse y ajustar su competitividad a las condiciones de mercado que imponga la reconstrucción económica de esta nueva globalidad emergente.

Un mapa de partida

El debate sobre el futuro del sector productivo es inseparable del debate sobre el futuro de las infraestructuras y del futuro del suelo industrial. Fábricas, zonas industriales y redes logísticas, son los tres lados inseparables de cada eslabón que se suma en la composición de la cadena de suministro industrial. Las fábricas necesitan suelo donde implantarse tanto como las mercancías redes de comunicación para ser trasladadas. Si vamos a emprender una estrategia nacional de relocalizaciones será preciso apoyarse en un mapa de salida que nos ayude a exhibir el catálogo comercial de nuestras disponibilidades.

La evidencia estadística en nuestro país revela que la necesidad empresarial de suelo para actividades industriales y logísticas no ha dejado de crecer durante, al menos, los cuatro últimos ejercicios. En la edición del Salón Logístico de Barcelona de 2019 se hizo bien patente esta coincidencia respecto al incremento de la demanda de suelo industrial en los balances de las principales comercializadoras. El crecimiento de las cifras de contratación inmologística certifica la necesidad cuantitativa de suelo industrial en España.

El mapa de suelo industrial en formación incluye desarrollos de 25.000.000 de metros cuadrados. Son la pista de aterrizaje de la reindustrialización

Sí -en cambio- existe un debate crucial respecto a las características del tipo de suelo industrial que realmente se necesita. Sobre sus aspectos cualitativos. Por ubicación, precio, accesibilidad, servicios, superficie, extensión, proximidad demográfica, normativa, edificabilidad, autorización de altura, funcionalidad y otras características. Esta es la razón de que el debate sobre el futuro de la localización industrial esté vinculado tan íntimamente a las estrategias de la recuperación económica. Y por derivación, también al del futuro del empleo.

En marzo de 2020, el mapa peninsular español del suelo industrial en formación comprendía desarrollos de más de 25.000.000 de metros cuadrados de extensión. Estas superficies, que irán ingresando paulatinamente en el mercado, son la pista de aterrizaje de la futura inversión industrial. Representan así el punto de partida del debate sobre el futuro industrial y la base cartográfica para la modelización de una post-reindustrializacion de España expresada, no como una generalidad, sino en términos de concreción y factibilidad. Más que nunca ¿le ha llegado al debate sobre el suelo industrial en España la hora inaplazable de la resiliencia y la sostenibilidad? Claramente sí. He aquí el mapa de ese debate. Empecemos cuanto antes.

* Carlos G. Triviño es CEO de Gobernanza Industrial.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios