Vulnerable, pero no débil: la UE ante la crisis del Covid-19

Los europeos aprenderemos las lecciones de esta crisis y corregiremos las deficiencias puestas al descubierto por la misma. De nosotros depende decidir cómo queremos (con)vivir en el futuro

Foto: Un niño juega haciendo pompas de jabón desde el balcón de su casa. (EFE)
Un niño juega haciendo pompas de jabón desde el balcón de su casa. (EFE)
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Hace 6 meses, con ocasión del 30º aniversario de la caída del Muro de Berlín, debatíamos sobre experiencias y errores cometidos en la reunificación de Alemania. La legendaria conferencia de prensa que el alto funcionario de la Alemania Oriental, Günter Schabowski, dio el 9 de noviembre de 1989 desencadenó el asalto pacífico al Muro de Berlín. Para lo que vino después no estaba preparado nadie. No había un guion pero había valores fundamentales que entonces nos sirvieron de brújula: la reunificación debía ser pacífica, democrática y con encaje en Europa. Y así fue.

También hoy con la pandemia del Covid-19 debemos ingeniárnoslas para actuar sin guion. Jamás pudimos imaginarnos las consecuencias sociales y económicas que tendría la pandemia a escala global. En esta crisis sin guion, en que además aún no se han superado los dramáticos desafíos sanitarios, debemos encontrar las soluciones sobre la marcha. Pero al igual que en el cambio de época de 1989, tenemos una brújula: en este caso es la solidaridad europea.

Es cierto que los socios de la Unión Europea al principio de la crisis han adoptado medidas nacionales rápidas —pues conforme a los Tratados Europeos la atención sanitaria es competencia de los Estados miembros. Sin embargo, las pasadas semanas han mostrado que el mecanismo europeo de solidaridad y coordinación también funciona en tiempos de crisis. Los ministros de Hacienda de la UE han acordado —en un plazo relativamente breve— todo un paquete de medidas que en esta situación única pueden ayudar no solo de modo sustancial, sino también de forma rápida: un logro y una hazaña, no solo palabras.

¿Ha respondido o responde este paquete a todas las expectativas de los socios europeos? Seguro que no. ¿Es suficiente este paquete? Ni mucho menos. El camino que nos aguarda será duro y habrá polémicas. ¿Por qué habría esto de extrañarnos o incluso indignarnos? ¿Acaso la lucha por el equilibrio de intereses, por la mejor solución posible no forma parte también del proceso democrático que vivimos cada día en nuestros propios países? En cualquier caso, los alemanes estamos preparándonos para que nuestra presidencia del Consejo de la UE en el segundo semestre de 2020 sea, como acuñó el ministro de Exteriores Maas, una "corona-presidencia", cuyo objetivo será "que Europa salga de la crisis más fuerte, más solidaria y más soberana de lo que era antes de esta crisis. Para ello, los presupuestos de la Unión de los próximos siete años deben convertirse en un auténtico programa de reavivamiento de Europa. Así pues, repensémoslos e invirtamos ahora de forma masiva en el futuro: en investigación, protección del clima, soberanía tecnológica y sistemas sanitarios y sociales resistentes a las crisis". Junto con Portugal y Eslovenia, con las que formaremos el llamado trío presidencial, trabajaremos para el día de mañana.

Los europeos aprenderemos las lecciones de esta crisis y corregiremos las deficiencias puestas al descubierto por la misma. Nos encontramos en una encrucijada. De nosotros depende decidir cómo queremos (con)vivir en el futuro. Hasta la fecha los europeos siempre hemos superado estas pruebas, unas veces con notas mejores, otras con notas peores. Pero a mi entender hay algo que no se puede negar: al final la convicción compartida de ser una comunidad de destino y de que nos apoyamos mutuamente siempre vuelve a unirnos. Esa es nuestra brújula común.

Nunca deberíamos perder de vista esta brújula común en estos días en los que vuelven a surgir en Europa fracturas que creíamos superadas: de pronto volvemos a estar clasificados en norte y sur, en solidarios e insolidarios. Con demasiada ligereza se habla del fracaso e incluso del final de la UE sin darse cuenta de lo que supondría para todos nosotros.

Ninguno de nosotros podía imaginarse que un día permaneceríamos confinados en nuestras casas en la lucha contra un enemigo invisible. Es verdad: Habíamos creído que todo iría cada vez más rápido y llegaríamos más alto y más lejos. La pandemia está mostrándonos que somos vulnerables, pero no débiles. Al contrario, la UE ha demostrado una y otra vez que puede salir reforzada de las crisis. Rara vez ha dispuesto de guion. Pero siempre ha tenido su brújula y con ella ha ido encontrando el camino correcto. Estoy convencido de que dentro de 30 años podemos otra vez hacer un balance positivo de la superación de esta crisis.

*Wolfgang Dold, embajador de Alemania en Madrid.

Tribuna