La deconstrucción del trabajo. Lecciones aprendidas del covid-19

Consideramos estratégico incorporar un Plan Nacional de Inclusión Tecnológica ambicioso y eficiente, dentro del Plan de Reestructuración Económica

Foto: Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay.
Imagen de Sasin Tipchai en Pixabay.

La situación por la que estamos atravesando hará que miles de autónomos y microempresas se vean obligados a cerrar sus negocios definitivamente después del periodo transitorio, y si no es así, se verán abocados a cambiar en profundidad la forma de desarrollarlos.

Ha quedado de manifiesto desde hace un tiempo que los consumidores demandan un cambio total sobre sus preferencias a la hora de realizar sus compras, o en la forma de comunicarse vía redes sociales, y esta tendencia parece indicar que va a ser aún mayor ante la incertidumbre que crean las crisis climáticas y sanitarias que pudieran seguir amenazándonos.

Tras este largo confinamiento, hay al menos cuatro consecuencias que podemos ya señalar como evidencias:

a) Los consumidores han dado un paso acelerado en el uso del 'e-commerce', lo que significa que han aprendido su uso y valorado positivamente la experiencia. Según un informe publicado por 'Marketing 4 e-commerce', el comercio 'online' se incrementó en un 55 % en el periodo del 13 al 24 de marzo y en un 24% más a partir del 21 de marzo hasta el 7 de abril, todo ello sin tener en cuenta los efectos de la falta de 'stock' en determinados productos no esenciales que paralizaron las compras a partir de unas fechas determinadas. El transporte y la logística también han diagnosticado los problemas del reparto en la 'última milla' y han aprobado esta asignatura con una relativa solvencia, gracias, entre otras razones, a la reducción drástica del transporte privado en automóvil.

El comercio tradicional y la hostelería que se recupere después de esta crisis ya no podrán hacerlo sin acudir a soluciones digitales, ello debe significar mayor formación y mayores inversiones en la búsqueda de soluciones adecuadas.


b) El teletrabajo y el trabajo a distancia se han acabado imponiendo, aunque sea por necesidad, a la extendida cultura presencialista de nuestras empresas, pero también se han detectado los déficits existentes todavía en nuestros sistemas de comunicaciones y las trabas para el acceso a la información, especialmente en las zonas territoriales más necesitadas, que coinciden con las de la España vaciada, que en este ámbito podemos considerar como la 'España desconectada', una definición más ajustada a la problemática existente.


c) Por otra parte, la sociedad está dando mucho más valor a las actividades profesionales relacionadas con la asistencia a las personas, que inevitablemente se tienen que realizar de manera físicamente presencial. Hasta ahora, habíamos minusvalorado este modelo profesional, considerándolo marginal, cuando realmente se ha visto que es consustancial a la propia naturaleza humana y a la satisfacción de sus necesidades básicas. También en este apartado, la inclusión de la telemedicina y teledependencia ha empezado a cobrar un importante protagonismo.

d) Hemos redescubierto que la producción industrial de bienes tiene un valor imprescindible, incluso para nuestras vidas. La globalización, entendida como deslocalización, no era ninguna panacea. Redescubrimos el valor de lo local para dar respuestas a nuestras necesidades inmediatas, prueba de ello es la reconversión ocasional de ciertas industrias que han encontrado una nueva vía de negocio que subsistirá tras el covid-19.

En todos los supuestos anteriores, tanto la formación como la inversión serán necesarias para reducir la brecha digital que afecta a aquellos que tienen que protagonizar el cambio y la transformación digital.

Un reciente informe de UGT con base en los datos del INE sobre 'Equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación de los hogares', del año 2019, revela que todavía hay tres millones de españoles y millón y medio de viviendas que no disponen de internet. Más de la mitad de la población española solo acredita competencias digitales básicas (54%), lo que es un lastre inasumible en términos de cohesión social y empleabilidad.

Es por ello que es imprescindible señalar una batería de propuestas que servirán como guion de las acciones que desde las distintas administraciones se deberán poner en marcha en las próximas semanas.

Las medidas tendrán que responder a tres vectores básicos: 'deconstruir' el futuro de los negocios, con un mayor protagonismo basado en la transformación digital; abordar los cambios necesarios para posibilitar la extensión del teletrabajo, no como solución de emergencia sino como actividad incorporada de pleno derecho; estructurar las ayudas atendiendo a las peculiaridades sectoriales y específicas para cada sector o territorio. Entendemos que, si no se cumplen estas tres premisas básicas, perderíamos el tren de la innovación y el progreso social y económico.

Para ello, el Gobierno de España, debe aprovechar la posibilidad que ofrece la Comisión Europea (CE), que ha propuesto la activación de la cláusula general de salvaguardia del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) dentro de su estrategia para responder de forma rápida, enérgica y coordinada a la pandemia del coronavirus, para poner en marcha nuevas medidas. Consideramos estratégico incorporar un Plan Nacional de Inclusión Tecnológica ambicioso y eficiente, que incluya la robotización, la inteligencia artificial, el acceso universal a las comunicaciones, el 'e-learning' y la transformación digital de las administraciones públicas, sin olvidar el aumento de las medidas en ciberseguridad, todo ello dentro del Plan de Reestructuración Económica, se apruebe o no con el concurso de otros partidos de la oposición, pero que seguro tendrá el apoyo de los más importantes agentes sociales y económicos.

La propuesta representa un paso importante en el cumplimiento del compromiso de la CE de utilizar todos los instrumentos de política económica a su disposición para prestar apoyo a los Estados miembros a la hora de proteger a sus ciudadanos y paliar las consecuencias socioeconómicas sufridas.

*Sebastián Reyna y José Joaquín Flechoso, miembros del colectivo Cibercotizante.

Tribuna
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