Covid-19, a vueltas con el uso del efectivo

Si desapareciera el efectivo, solo quedarían sistemas de pago que estarían totalmente privatizados y en manos de grandes empresas

Foto: Billetes y monedas de euros. (CC)
Billetes y monedas de euros. (CC)
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El covid-19 es muchas cosas además de un virus, entre ellas, un acelerador de cambios. Pero no todos estos cambios, algunos metidos a calzador, aprovechando la confusión y el miedo, parece que sean tan necesarios y naturales como nos han querido hacer creer, y no todos tienen por qué convertirse en cambios permanentes cuando retornemos a la normalidad, como, por ejemplo, esa fijación que les ha entrado a algunos de acabar con el uso del efectivo, redoblando esfuerzos a tal fin justo en este momento cuando las prioridades deberían ser otras.

El intento de abolición del uso del efectivo es una obsesión que ya empieza a molestar. Hay que ser conscientes de que es el único medio de pago que es 'público', si desapareciera el efectivo, solo quedarían sistemas de pago que estarían totalmente privatizados y en manos de grandes empresas. Tema para nada baladí y que merecería una reflexión adicional para el legislador dadas las importantísimas repercusiones sociales que ello conllevaría en la ciudadanía.

"No a todas las personas que querrían utilizar tarjeta en lugar de efectivo se la dan nada más la piden a su banco, por motivos obvios"

Las grandes multinacionales que defienden sus tarjetas como el mejor sistema de pago llevan años intentando ganar terreno a las compañías que gestionan el efectivo, una competencia en buena lid, y donde finalmente iban decidiendo libremente los usuarios según sus preferencias, móviles de actuación y posibilidades; porque tengamos presente que no a todas las personas que querrían utilizar tarjeta en lugar de efectivo se la dan automáticamente nada más la piden a su banco, por motivos obvios. Y ni son pocas ni, desgraciadamente, van a bajar en número visto lo visto, por lo que, paradójicamente, a los colectivos ya sujetos a exclusión social por otros motivos les queremos endosar un motivo nuevo, sin pestañear.

¿Por qué el pago móvil no crece más?

Los defensores del efectivo siempre lo han definido como un medio complementario, han explicado las ventajas que tiene su uso, han entendido normal e incluso beneficioso para la economía que haya una diversificación de sistemas de pago y nunca han caído en la tentación de publicitar las desventajas, inconvenientes y riesgos que conlleva utilizar otros medios de pago distintos del efectivo, que no son pocos.

Lo anormal es que el uso de la tarjeta o el pago por móvil estén tardando tanto en ir incrementando su cuota de mercado, a pesar de los avances tecnológicos y de su puesta masiva a disposición de los posibles usuarios. Por algo será.

Sin embargo, las empresas de transacciones electrónicas actúan como un medio de pago alternativo y, por tanto, en guerra continua con cualquier otro medio de pago que no se encuentre en su cartera de productos. En definitiva, una estrategia de exclusión.

Hasta aquí, aunque a unos nos guste menos que a otros, todo explicable. Lo que no tiene explicación alguna es lo que está pasando al respecto de los medios de pago durante los días transcurridos desde el inicio del estado de alarma. Parece como si alguien quisiera aprovechar la pandemia para convertir la tarjeta en heroína del covid-19 y que para ello necesitara identificar a un villano y criminalizarlo, y qué mejor que el pago en efectivo.

"El uso del dinero no conlleva un mayor riesgo de contagio que otros materiales, como el plástico de la tarjeta o como el pomo de una puerta"

La Orden SND/2020/399 (artículo 6.6), aprobada por el Ministerio de Sanidad, recomienda textualmente “evitar, en la medida de lo posible, la utilización del efectivo”, discriminándolo negativamente del resto de medios de pago, pese a la más que suficiente documentación donde se verifica cómo diversos organismos internacionales (entre otros, la propia Organización Mundial de la Salud o el Banco Central Europeo) están reiterando que el uso del dinero no conlleva un mayor riesgo de contagio que otros materiales, como el plástico de la tarjeta o como el pomo de una puerta, acompañando múltiples argumentos técnicos y científicos que soportan sobradamente esta aseveración.

Todo es cuestión de higiene, toques lo que toques, por lo menos eso es lo que nos dicen quienes están cualificados para ello. Aunque pagues por telepatía, que a todo se llegará, si lo haces sin mascarilla y a medio metro de la cajera del súper, el riesgo de contagio está más que asegurado.

Siguen los procesos de desescalada y la recomendación de minimizar el uso del efectivo sigue vigente, sin tener todavía un solo argumento científico respaldado que lo justifique. Habrá que estar atentos para asegurar una competencia leal y siempre en beneficio del usuario, donde prime su libertad de elección dentro de un marco legal y donde no quepan recomendaciones de gran difusión y sin ningún tipo de respaldo argumental aceptado por la comunidad científica.

De momento, lo que se observa es que diariamente se repone bastante más efectivo que el que se recoge, y que empieza a haber cada vez más colas en los cajeros para retirar en efectivo los pagos derivados de la aplicación de los ERTE y los pagos de pensiones. Por algo será.

*Ángel Córdoba es presidente de Aproser.

Tribuna
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