El futuro digital ya no es lo que era

En este periodo de digitalización forzada, hemos podido comprobar que la tecnología y las infraestructuras estaban más que preparadas para que pudiéramos disfrutar de sus ventajas

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Lo decía Yogi Berra: “El futuro ya no es lo que era”. Y en el caso de la aceleración digital, eso se está cumpliendo a rajatabla. Estos meses de confinamiento mundial han generado para la humanidad un agujero de gusano temporal que nos ha trasladado a un futuro en el que el reloj de la digitalización camina varios años adelantado. De la noche a la mañana, consumidores, empresas, instituciones y gobiernos se han visto obligados a adoptar el paradigma digital a marchas forzadas para seguir adelante, generando una singularidad que ningún análisis de tendencias había planificado.

Cuando se estudie la historia de la migración de la era analógica a la digital, se comprobará que la pandemia ha tenido el mismo efecto que el meteorito que catalizó el paso de la era de los dinosaurios a la de los mamíferos. El impacto inicial fue terrible, pero no acabó con los grandes reptiles por sí mismo. Fueron los efectos colaterales que se generaron posteriormente los que acabaron indefectiblemente por extinguirlos para siempre.

Porque, en unos 60 días de reclusión global total, han sucedido un montón de acontecimientos que han cambiado los hábitos sociales y además han revelado cuál es la empresa y quién es el líder que tenían hechos los deberes de la transformación digital, o el que simplemente vestía un traje de papel que se ha deshecho con la lluvia.

"Es evidente que no habíamos adoptado más ampliamente las capacidades digitales principalmente por barreras mentales"

La obligada bajada de persiana de las tiendas físicas ha generado una sequía forzosa de clientes en aquellos comercios que no estaban preparados para atender 'online'. Mientras, en paralelo, las familias perdían el miedo al 'e-commerce' encontrando alternativas digitales para su suministro, tal vez para siempre. Ante el cierre de las aulas físicas en todo el mundo, todos los profesores y alumnos, de todas las edades, han tenido que adentrarse en el 'e-learning', y aquellas instituciones que no tenían la metodología, la tecnología y la actitud para dar el servicio han suspendido frente a sus estudiantes.

Todos los que en este periodo hemos podido aprobar gestiones administrativas con una sencilla firma digital hemos podido comprobar que aquellas entidades que nos obligaban a ir a sus sucursales a hacer colas para firmar algún papel nos estaban mintiendo vilmente, y que, simplemente, no se habían tomado el esfuerzo de hacernos la vida más fácil. En muchos puestos laborales, el trabajo en remoto y la videoconferencia han sustituido el fichar por las mañanas tras el atasco matinal y los costosos viajes de trabajo y, sin embargo, la productividad ha aumentado, haciendo añicos los vacíos discursos sobre la necesidad del control físico sobre los empleados. Ante la imposibilidad de acudir al gimnasio o entrenar en el exterior, el uso del rodillo, la elíptica y la alfombrilla de yoga frente a entrenadores 'online' ha despertado una nueva generación de cuerpos atléticos. Y, finalmente, la ausencia de bares abiertos ha propiciado que familias y amigos que hacía tiempo ni se hablaban hayan aprendido a encontrar el calor social en la distancia a través de Zoom.

En este periodo de digitalización forzada, hemos podido comprobar por nosotros mismos que la tecnología, las infraestructuras y la experiencia de usuario que nos posibilitaban el acceso a la era digital estaban más que preparadas para que pudiéramos disfrutar de sus ventajas. En el caso de las empresas, muchas de las reticencias existentes para la transformación se han revelado como excusas para justificar la inercia por parte de aquellos que son parte del problema y no de la solución. Es evidente que no habíamos adoptado más ampliamente las capacidades digitales principalmente por barreras mentales: la inercia es la fuerza más poderosa del universo y los humanos necesitábamos un empujoncito para cambiar nuestros patrones.

"La curva de crecimiento de la digitalización no solo se ha desplazado hacia arriba sino que, además, se ha hecho más exponencial"

Poco a poco, empezamos a volver a la normalidad. ¿Pero será la misma normalidad? Obviamente, mientras hemos estado en el epicentro del impacto, no ha habido otra opción que abrazar 'la manera digital de hacer las cosas', simplemente porque no había otro remedio. Pero ahora que se puede volver a escoger, comprobaremos que los nuevos hábitos adquiridos han llegado para quedarse: una vez que hemos probado la comodidad y productividad del 'online', a partir de ahora vamos a necesitar una buena justificación para ir a las tiendas, acudir a las aulas o desplazarnos al trabajo. Al caer los diques mentales que frenaban la digitalización, las ondas expansivas del meteorito pandémico han puesto en marcha fuerzas imposibles de contener y no se puede volver al punto de partida. La curva de crecimiento de la digitalización no solo se ha desplazado hacia arriba sino que, además, se ha hecho más exponencial.

Por todo ello, las empresas tenemos que revisar nuestras estrategias de antes de la crisis para adaptarlas a una realidad, apenas tres meses más tarde, en la que los consumidores ya no son los mismos. Y por si quedara la mínima duda, a estas alturas, los profesionales tenemos que hacer el esfuerzo de desaprender mucho de lo que aprendimos en el pasado para poder reinterpretar nuestro trabajo desde la perspectiva digital. Ahora más que nunca, este 'life-long learning' ya no tiene sentido desde un modelo 'up-skilling' típico de MBA que nos explica cómo funcionaban las empresas en un mundo que ya ha cambiado, sino mediante un nuevo modelo de formación nativo digital como el MIB (Máster en Internet Business), que se enfoque en el 're-skilling' de las nuevas capacidades y conocimientos necesarios para dominar la economía digital y en el 'pre-skilling' para desarrollar actitud y 'readiness' ante los próximos cambios que, sin duda, vendrán y que son la única constante de esta nueva era.Como decimos en ISDI, "no es una época de cambios, sino un cambio de época".

*Nacho de Pinedo es CEO de ISDI.

Tribuna
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