De turistas a residentes, ¿una oportunidad perdida?

Una de las palancas para acelerar la recuperación económica es la demanda interna y el consumo privado, que en muchas regiones del país está ligado al turismo residencial

Foto: Propiedad a la venta en la Costa del Sol comercializada por Barnes Marbella.
Propiedad a la venta en la Costa del Sol comercializada por Barnes Marbella.

El último informe trimestral que publica el Banco de España sobre la economía afirma que el impacto del covid-19 en España ha sido superior a la media de la UE, principalmente por la alta dependencia que la economía española tiene del turismo extranjero.

Bien es sabido que una de las palancas para acelerar la recuperación económica es la demanda interna y el consumo privado, consumo que en muchas regiones del país está íntimamente ligado con el llamado turismo residencial, que existe tanto en España como en Portugal.

El turismo residencial es una industria en auge por la cada vez más frecuente llegada de retirados o empresarios de alto poder adquisitivo a nuestro país atraídos por el clima y nuestro estilo de vida.

Para entender esta industria y su potencial, hay que entender el perfil del 'turista residencial' y sus necesidades. No son turistas al uso, no vienen de vacaciones ni van a hoteles; al contrario, son personas que disponen de un alto poder adquisitivo que les permite vivir en cualquier parte del mundo y que eligen hacerlo en España, por nuestro excelente clima, gastronomía, servicios e infraestructuras, lo que en definitiva les permite mejorar sustancialmente su calidad de vida.

Nos referimos a personas que tienen acceso a viviendas de lujo, que consumen en comercios exclusivos no frecuentados habitualmente por el ciudadano medio, que salen a cenar asiduamente, que juegan al golf, que tienen yates e incluso aviones privados, y que, no nos olvidemos, dan trabajo a muchas personas de forma directa y a otras tantas más de forma indirecta. Cualquier país abriría sus puertas de par en par a este perfil de residentes, pues generan más empleo directo e indirecto que la media de las micropymes españolas.

Sin embargo, venimos observando que este sector no está alcanzando su máximo potencial debido precisamente a la falta de estímulos, entre otros, impositivos, por parte del Gobierno central y, sobre todo, de los gobiernos autonómicos de las regiones que más se beneficiarían del retorno de este sector.

Podemos decir sin equivocarnos que Portugal nos ha tomado la delantera. Ya residen allí un extraordinario número de impatriados de alto poder adquisitivo, muchos de ellos exiliados de España y atraídos no solo por las bondades del país vecino, muy similares a las nuestras, sino también por el excelente trato fiscal que reciben.

Los que tenemos la suerte de residir en Andalucía o Baleares tenemos la sensación de que, en lugar de implantar medidas para atraer al turismo residencial de lujo, hasta la fecha lo único que hemos conseguido es invitarlos a trasladarse a Portugal. ¿Por qué?

Pues sencillamente porque el país vecino ha jugado muy bien sus cartas, algunos lo llaman 'dumping' fiscal, pero para otros es simplemente una cuestión de modelo de negocio. En Portugal, impuestos sí, pero sin que mengüen la riqueza del contribuyente, pues resulta mucho más rentable para el fisco portugués fomentar la economía e incrementar la recaudación de forma indirecta, vía cotizaciones a la Seguridad Social derivadas del incremento del empleo, o recaudación de IVA o impuestos especiales debido al incremento del consumo. Estos perfiles tienen una influencia significativa en lo que respecta a la recaudación mediante impuestos indirectos y suelen ser bastante sensibles en lo que a impuestos directos respecta.

¿Qué factores impositivos influyen en la decisión entre Portugal o España? Creemos que no es el IRPF, aunque también influye. Estas personas son carne de cañón de dos impuestos que en Portugal no existen y que en España sí, el impuesto sobre el patrimonio, que puede llegar a representar el 3% anual de un patrimonio que ni siquiera se ha generado o está localizado en España, y el impuesto sobre sucesiones y donaciones, que en Portugal tampoco existe y que en España puede alcanzar hasta el 36% del valor de lo heredado.

Existe en ocasiones miedo a introducir medidas como las adoptadas por Portugal porque pueden ser mal interpretadas por según qué parte de la sociedad. Sin embargo, este tipo de propuestas ya se encontraba entre las recomendaciones de la Comisión de Expertos para la Reforma Fiscal encargada por el anterior Gobierno para la salida de la última crisis. Portugal, a diferencia de España, ha encontrado en ellas una oportunidad espléndida para atraer y fomentar la industria de turismo residencial con excelentes resultados, por lo que su actual Gobierno no solo las mantiene sino que las promociona internacionalmente.

Atraer contribuyentes ricos a residir en nuestro país es una oportunidad de crecimiento económico para las regiones donde se asienten. Es habitual que estos contribuyentes inviertan en el desarrollo de la zona, fomentando la inversión extranjera y el empleo. En definitiva, suelen traer altas cotas de prosperidad a las regiones donde se ubican.

Pero para atraerlos necesitamos ser más inteligentes impositivamente y no cegarnos con el beneficio cortoplacista que genera el hachazo fiscal que sufren el primer año de su residencia, porque al segundo ya están viviendo en Portugal.

Aprovechemos nuestra oportunidad, no seamos cortos de miras, y eliminemos de una vez por todas el impuesto de patrimonio y el impuesto a las herencias, y fomentemos una fiscalidad adaptada a las peculiaridades del turismo residencial de lujo, que tanta falta nos hace en España.

*Inmaculada Domecq y Bernard Fay. UHY Fay & Co.

Tribuna
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