Los locales vacíos del 'se vende' de CaixaBankia

¿Qué pasará con los locales que ocupan las sucursales de ambas entidades?

Foto: Foto: Reuters.
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Continuamos digiriendo la noticia de la fusión entre dos de las grandes entidades bancarias de España. CaixaBank y Bankia pasarán a ser uno solo, mientras nos preguntamos dónde se ubicará su sede, qué nombre adoptará la nueva entidad o cómo se comportarán sus valores a lo largo del proceso. Sin embargo, hay una consecuencia que veremos en nuestro día a día que todavía no ha estado bajo el foco de los testigos: ¿qué pasará con los locales que ocupan las sucursales de ambas entidades?

El último precedente que tenemos a nuestro alcance es el de la compra del Banco Popular por parte del Grupo Santander, en que, tras la absorción, la suma de las sucursales menguó desde las 4.500 de ambas entidades hasta situarse en torno a las 3.000 con las que contaba el banco cántabro antes de la adquisición de la que fuera la entidad más solvente de Europa. Esto, a pesar de impactar, resulta un proceso lógico cuando una nueva entidad busca sinergias y optimizar los recursos a su disposición. Cualquier persona que pasee por la calle se encontrará en muchas ciudades de España una sucursal de Bankia y otra de CaixaBank en la misma manzana, y comprenderá que una de las dos tendrá que cerrar o que lo hagan las dos para ocupar un local más grande.

Un proceso que gana más fuerza si vemos la tendencia de reducción del conjunto de las sucursales bancarias en la última década. En 2008, España alcanzó su pico de oficinas comerciales de entidades financieras con 45.700, hoy son unas 23.500 las que encontramos en nuestras calles. En algunos sitios como Ávila, Huesca, Ourense, Palencia o Soria, el registro se sitúa en números similares a los de 1975. Solo en el último lustro han cerrado una cuarta parte de las sucursales de nuestro país, dentro de un proceso que nos ha llevado a contar con 11 entidades bancarias hoy de las 55 que competían en España en 2009.

El auge de internet o el envejecimiento de la población han ido despoblando las antes nutridas colas de personas que acudían a diario a estas oficinas para hacer sus gestiones diarias. Dicho todo lo anterior, el proceso tiene más justificaciones, es más, se sitúa en el centro de la ciclogénesis explosiva que ha supuesto la omnicanalidad —la búsqueda por la convivencia del negocio físico con el virtual— que está teniendo lugar en el comercio. La tendencia en la banca es la misma que en otros sectores: sucursales más grandes, en ubicaciones más céntricas, y el cierre de la presencia física en mercados secundarios.

Si volvemos a las personas que se crucen con estas sucursales por la calle, nos podrán preguntar: ¿seguirán existiendo sucursales bancarias? Sin una bola de cristal en la mano, la respuesta bien podría ser: cerrarán las que se encuentren en ubicaciones secundarias, y en las principales calles —como el paseo de Gracia, la calle Larios, Serrano o la Gran Vía bilbaína— se renovarán en espacios más grandes y espectaculares. Entonces, ¿qué será de los locales vacíos? Lo que está claro es que la actividad comercial tradicional, en un momento en que la tienda 'online' gana enteros frente a la tienda física, no es la solución para todos los locales que van a salir al mercado. Sin embargo, hay un conjunto de alternativas que permitirán absorber un potencial incremento de la oferta.

Una salida podría ser contribuir a afrontar el problema de la falta de viviendas en las grandes ciudades. Es posible que no todas las sucursales reúnan las características necesarias para su habitabilidad, pero las que encajen supondrían una vacuna en tiempos de indisposición residencial. Claro que para que esta solución pudiera tener lugar, resulta imprescindible que los ayuntamientos que tengan normativas muy restrictivas a este tipo de cambio de uso se replanteen su postura y permitan dar una solución clara y rápida a los retos que suponen dos realidades paralelas: el incremento de locales vacíos y la falta de vivienda.

Otra opción se encontraría al aprovechar la ola de crecimiento que están experimentando los supermercados. Varias sucursales se podrán reconvertir en supermercados de barrio, explotados por las varias cadenas que buscan actualmente estar cada vez más próximas a sus consumidores.

Otra opción para aquellas sucursales que por localización o tamaño, entre otros, no encajen como vivienda o locales para supermercados de conveniencia es que podrían suplir las necesidades de espacios de almacenamiento y distribución de última milla, aquellos que los operadores de paquetería utilizan entre las naves logísticas y nuestra casa.

El avance de las tecnologías y el consumo nos va dando soluciones para atender a estas demandas

Cada vez son más los que acostumbran a buscar su comida en la pantalla de un móvil en lugar de en su despensa o los que tienen un restaurante favorito que, potencialmente, nunca pisarán. Lo mismo ocurre con parte de los consumidores de moda. En este contexto, ¿por qué no aprovechamos las sucursales vacantes como 'dark stores' o 'dark kitchens'?

Otra solución sería la de reconvertirlas en espacios de trabajo. Quizá 'coworkings' en un momento en que, tras la pandemia y el auge del teletrabajo, cada vez son más las empresas que fomentan los días en remoto y que muestran interés por la dispersión de parte de su plantilla para evitar la concentración de sus equipos y el riesgo de contagios.

¿Qué pasará con las sucursales vacías? No hay una respuesta uniforme para todas, pero, desde luego, el avance de las tecnologías y el consumo nos va dando soluciones para atender estas demandas. Hasta entonces, atentos a las fusiones bancarias, que sin duda inyectarán nuevas oportunidades.

*Augusto Lobo, director del área de Retail de JLL España.

Tribuna
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