¿Qué nos espera a la salida del túnel?
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José Luis Malo de Molina

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¿Qué nos espera a la salida del túnel?

La indudable mejora de las perspectivas no debe ocultar, sin embargo, algunos retos importantes que aguardan a la economía española a la salida del túnel

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Imagen de Peter H en Pixabay.

El avance de la inmunización de la población mediante la campaña de vacunación y el desbloqueo por el Tribunal Constitucional alemán del plan de recuperación europeo permiten vislumbrar la posibilidad del final de la crisis económica generada por la pandemia y la perspectiva de una vuelta gradual a un dinamismo económico normalizado. La indudable mejora de las perspectivas no debe ocultar, sin embargo, algunos retos importantes que aguardan a la economía española a la salida del túnel.

La política económica ha acertado en la articulación de un enfoque que combina medidas ultraexpansivas de carácter fiscal y monetario con mecanismos de soporte transitorios a los sectores más afectados y con reformas de transformación y fortalecimiento del patrón de crecimiento. Y los países como el nuestro, sorprendidos en una situación de mayor vulnerabilidad y escasa capacidad de actuación con sus propias fuerzas, cuentan con un potente soporte europeo, que por primera vez ha sido capaz de articular una gran intervención de solidaridad con mutualización de riesgos. Nada debe desviar la atención del esfuerzo de diseño e implementación de estas medidas. Pero hay que hacerlo sin perder de vista lo que nos espera cuando la situación esté encarrilada. Las alertas de precaución no pretenden quitar impulso a esas políticas, sino ayudar a desplegarlas con el refinamiento imprescindible para que sean eficaces y coloquen a la economía en una buena posición de salida.

Foto: Protesta contra el capitalismo en Alemania. (Reuters)

Mucho dependerá del dinamismo del escenario económico mundial tras la crisis, pero lo que es indiscutible es que no todos los países saldrán en igualdad de condiciones. Los efectos de la pandemia habrán sido marcadamente asimétricos por la distinta intensidad relativa de la misma y de sus efectos económicos, por las fortalezas y fragilidades específicas de cada país y por la eficacia de la respuesta de sus políticas sanitarias y económicas.

Cuando quede atrás la emergencia sanitaria y se hagan efectivas las posibilidades de una sólida recuperación, los apoyos exteriores y las facilidades excepcionales de financiación se irán mitigando gradualmente. Algunos autores tan poco sospechosos de exceso de ortodoxia como Larry Summers y Oliver Blanchard han llegado a alertar sobre la posible emergencia de riesgos inflacionistas en la economía americana por los efectos retrasados del ambicioso programa de gasto del presidente Biden, lo que impactaría negativamente sobre la dinámica esperada de los tipos de interés. No parece el escenario más probable, pero, en cualquier caso, incluso en ausencia de riesgos inflacionistas en Estados Unidos, la atención de los inversores y de los mercados financieros se centrará en las posiciones de salida de cada país.

Foto: El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. (Reuters)

El entorno financiero continuará siendo globalmente muy holgado por un periodo prolongado de tiempo, pero el efecto balsámico de las medidas excepcionales dejará paso a una actitud más discriminante. Los países más frágiles y rezagados tendrán que enfrentarse a mayores dificultades para sostener el pesado legado de la deuda contraída. En las economías avanzadas, no cabe refugiarse en ensoñaciones de condonaciones o perpetuaciones de la deuda. Aquellas economías que no hayan hecho bien las cosas quedarán señalizadas y se encontraran con dificultades para apelar al mantenimiento de la financiación. Más aún en aquellos casos en los que la superación de la pandemia se entienda, no como el punto de partida de políticas de reequilibrio, sino como la recuperación del margen perdido para la aplicación de medidas de gasto corriente que tuvieron que pararse por las apreturas de la crisis.

España saldrá de la pandemia con un nivel deuda que marcará un máximo histórico y con renovadas incertidumbres sobre la capacidad del sistema bancario para absorber el inevitable deterioro de sus activos por la limitada capacidad de empresas y familias para reembolsar los préstamos obtenidos. Unos ingredientes proclives a reavivar el fantasma de una posible nueva crisis financiera, por lo que es obligado preguntarse por los antídotos necesarios para evitar que un riesgo de tal magnitud se pudiera materializar. La prudencia en la calibración de las políticas expansivas es un requisito imprescindible, a pesar de su dificultad cuando se trata de administrar programas de gasto de dimensiones gigantescas. En dicha calibración, la prioridad debe estar en el impulso inversor, liderado por la intervención pública y vinculado a las reformas para transformar y hacer más resistente el modelo de crecimiento. Y los programas de ayuda temporal, directa o indirecta, a los sectores más afectados deben canalizarse con criterios de sostenibilidad hacia entidades solventes, evitando la desviación y congelación de recursos en actividades sin futuro. En un mundo de elevado endeudamiento generalizado, más importante que las cifras de deuda en sí mismas será la confianza en las perspectivas de crecimiento y por lo tanto el aprovechamiento que se haya hecho del esfuerzo inversor realizado y en la eficacia de las reformas emprendidas.

Foto: María José Montero. (Diseño: EC)

En España, el daño sufrido por algunos sectores clave, como el turismo, la hostelería, el comercio, los automóviles, etc., será duradero. Se requerirán algunos años para restablecer su dinamismo sobre bases nuevas. El efecto neto que esto tenga sobre el crecimiento potencial de la economía española dependerá de la eficacia inversora con la que se hayan utilizado fondos europeos para la recuperación, lo que plantea retos de gestión de proporciones desconocidas por su cuantioso volumen y por la novedad de las áreas a las que deben ser destinados, como la lucha contra el cambio climático, el impulso de la digitalización, la implantación de tecnologías avanzadas y la cualificación del capital humano.

Se trata de realizar un importante esfuerzo inversión adicional articulado con las reformas necesarias para inducir un cambio en el modelo de crecimiento que permita que la economía española sea percibida con capacidad de superar la erosión sufrida en su producto potencial. En este capítulo, la reforma del mercado de trabajo será una pieza clave para el vigor de la recuperación. El recurso a los ERTE es una respuesta adecuada para evitar que la elevada temporalidad actúe como mecanismo inmediato de la explosión del desempleo. Los ERTE son una figura que conviene preservar como colchón amortiguador de las perturbaciones y como un ingrediente permanente de flexibilidad. Pero no hay que perder de vista que se trata de un mecanismo temporal que actúa como una solución parcial. Será necesario complementarla con la creación de los máximos incentivos para la contratación laboral en la reactivación y con compromisos de medio plazo para establecer una renovada estructura institucional del mercado de trabajo orientada a generalizar en la mayor medida posible los contratos estables.

Foto: La vicepresidenta económica, Nadia Calviño. (EFE)

Especial importancia tiene preservar la flexibilidad en la estructura salarial y en la modulación de los incrementos salariales. Una política de incrementos salariales generalizados, como pudiera preconizarse desde interpretaciones keynesianas mecanicistas, no se corresponde con la prioridad de maximizar la creación de empleos. Los incrementos salariales uniformes no son una respuesta acertada frente a una perturbación como la generada por la pandemia, que tiene efectos marcadamente heterogéneos por sectores productivos y tipos de empresas. Hay segmentos del sistema productivo en los que lo que está en juego es la supervivencia de un gran número de empresas amenazadas por la posibilidad de que la grave crisis de liquidez generada por la caída de sus ventas y sus ingresos se transforme en una crisis de solvencia y de supervivencia.

Si no se produce una inversión adicional importante, liderada por el sector público pero capaz de movilizar al sector privado, y acompañada de reformas que induzcan cambios en el modelo de crecimiento, nos encontraremos a la salida del túnel con un menor crecimiento potencial que colocará España en una posición de mayor vulnerabilidad justo cuando los apoyos externos empiecen a extinguirse y el escrutinio de los financiadores se haga más estricto.

*José Luis Malo de Molina, economista.

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