'Lobbying', puente entre sociedad y política
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'Lobbying', puente entre sociedad y política

Regular de manera unilateral y negativa una actividad mal definida solo servirá para alimentar sospechas y establecer limitaciones

Foto: Foto: Freepik.
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El 'lobbying' está experimentando un fuerte crecimiento en España. Los síntomas son claros: se crean nuevas agencias, se ponen en marcha nuevos registros públicos, los agentes políticos y económicos subrayan la importancia de estos trabajos, los contratan de manera cada vez más habitual, el sector se expande a ritmo exponencial acelerado... Y, como fruto de todo ello, se intensifica la convicción de que es necesario elaborar e implementar una regulación pública de estas actividades.

Es difícil no compartir esta última convicción sin reserva alguna. Sin embargo, su realización práctica puede tropezar con un problema que no es precisamente menor. Se sobrentiende que una regulación pone orden y garantiza el adecuado ejercicio de una actividad cuya naturaleza está claramente definida. Más aún: su papel suele ser poner límites a lo que no se puede ni debe hacer en el desarrollo de esa actividad cuyo contenido se considera que es sobradamente claro y preciso. ¿Es esta la situación del 'lobbying' en España? Sería un exceso de entusiasmo contestar afirmativamente.

"La mayor asertividad que se consigue a la hora de definir el 'lobbying' es su papel de influencia en las decisiones de las instituciones públicas"

Hemos de admitir que, por lo general, solemos definir el 'lobbying' más por lo que no es que por lo que sí es. Así, decimos que no es una actividad ni ilegal ni inmoral; no es una actividad propia de oportunistas o 'conseguidores'; no está relacionada con las 'puertas giratorias'; no es el refugio propicio de políticos retirados; no alienta prácticas de corrupción; no tiene como objetivo la defensa de intereses inconfesables; no es un trabajo que haya de hacerse con nocturnidad y alevosía...

Todo esto es cierto, sin duda. Sin embargo, insistir en ello es de escasa utilidad. Ante todo, porque definir algo por lo que no es resulta poco clarificador; y, sobre todo, porque hacerlo así resulta perjudicial y hasta sospechoso: funciona como una especie de 'excusatio non petita' que, además, pone delante del receptor todo lo que esa actividad debería superar para ser considerada aceptable y respetable, con lo cual le genera inevitablemente una inmediata reacción de rechazo.

Normalmente, la mayor asertividad que se consigue a la hora de definir públicamente el 'lobbying' es apuntar a que su papel consiste en influir en las decisiones de las instituciones públicas para defender de manera ética los intereses legítimos de determinados agentes sociales y económicos. De esta manera, se dibuja una especie de 'calle de único sentido' (desde los grupos de interés hacia las instituciones públicas) que, lógicamente, solo puede beneficiar a los primeros.

"El 'lobbying' no es 'una calle de un solo sentido' desde los grupos de interés hacia las instituciones públicas"

Es posible que una forma de hacer 'lobbying', siempre mediante actividades éticas y transparentes, convenientemente reguladas y debidamente registradas, sea esta. Pero convengamos en que, si es así, este jamás tendrá mucho vuelo, nunca logrará sacudirse los prejuicios que por el momento lo acompañan, estará continuamente bajo sospecha y, en el mejor de los casos, será solo de interés y utilidad para los agentes que contratan tales servicios.

¿Puede haber otra vía de ejercerlo? Quizá sí. Un filósofo coreano de formación alemana, que goza actualmente de elevada y justa reputación, Byung-Chul Han, recupera en uno de sus ensayos más recientes el concepto de 'puente' elaborado por Heidegger. Venía este a decir que un puente no se construye entre dos orillas ya existentes y definidas, sino que es la construcción del puente la que hace que las orillas sean realmente orillas. Y añade Han que el puente simboliza la idea según la cual “el vínculo precede, en cierto modo, a los términos relacionados”; es decir, que el puente no se construye entre dos lugares ya existentes, sino que produce esos lugares al ser construido.

De ser así, podríamos decir, parafraseando de manera abusiva sus palabras, que el 'lobbying' no es 'una calle de un solo sentido' desde los grupos de interés hacia las instituciones públicas; ni tampoco un mero 'puente' entre dos entidades (instituciones públicas y grupos de interés) que tendrían perfectamente definidos sus perfiles e intereses, sino un 'puente' que, por serlo, consigue que esos dos agentes adquieran precisamente su plena identidad.

"Es imprescindible regular de manera positiva para que el 'lobbying' contribuya al fortalecimiento de nuestra vida en democracia"

En definitiva, si el 'lobbying' tiene auténtica razón de ser, será porque las instituciones públicas y los colectivos sociales pueden adquirir sus auténticos perfiles, aclarar y definir sus intereses, y comunicárselos eficazmente entre sí, en beneficio de la sociedad y de los ciudadanos, gracias al puente que entre ambas orillas construye el propio 'lobbying'.

Es esto lo que importa y es imprescindible regular de manera positiva para que el 'lobbying' contribuya de forma eficaz al fortalecimiento de nuestra vida en democracia, una tarea en la que todas las partes implicadas (instituciones, agentes, agencias...) deben colaborar y a la que han de aportar sus puntos de vista. Lo contrario, es decir, regular de manera unilateral y negativa una actividad mal definida o que se define a sí misma de manera preponderantemente negativa, solo servirá para alimentar sospechas, establecer limitaciones y poner puertas al campo.

* Alfonso López es fundador y CEO de Reti España, Government Relations & Public Affairs.