Creyentes en las políticas Trump apuntan a que un dólar barato es lo que se pretende. Como si hubiera un plan real pensado a conciencia y no el capricho fortuito en la cúspide, al que nadie tose y todos visten sobre el camino
Billetes de dólar, libra y euro. (Reuters/Dado Ruvic)
Tras los numeritos Trump con los aranceles, el 'Día de la Liberación' y su desescalada, el frenazo a la inmigración en frontera o el zarandeo autoritario al engranaje institucional, llega por fin la ley estrella de la legislatura, el 'Big Beautiful Bill'. Se jalea como el gran éxito político y el resorte precursor para una nueva época dorada que hará América grande de nuevo. La norma marca la senda presupuestaria para los próximos años y prevé déficits adicionales y otros 3 y pico billones de deuda para cubrirlos. A pesar de que el déficit medio desde 2020 está en el 7 % sobre PIB y la deuda rasca ya los máximos históricos de la posguerra.
Todo ello cuando el mercado de capitales ha dado ya señales de que algo se está rompiendo: la inexorable propensión del resto del mundo a financiar déficits fiscales y comerciales sin límite, el privilegio desorbitante del dólar. Y cuando la economía, pendiente de absorber el efecto estanflacionario de las políticas arancelarias- más inflación menos crecimiento real- ya renquea y se desliza peligrosamente hacia el estancamiento y desde ahí, a una probable recesión. Unos presupuestos populistas y osados hasta la temeridad.
Trump reculó de la versión maximalista de política arancelaria que aseguraba un infarto inmediato a la economía global. Y la bolsa americana ha sido un visto y no visto, de vuelta a máximos anuales. La narrativa de que los acuerdos arancelarios son en sí buenos ha ganado la escena. Que la tarifa media efectiva sobre importaciones oscile ahora entre un 13 y 18% y nos transporte a otro mundo muy distinto, o que exista una incertidumbre perenne sobre estos acuerdos y sus tiempos, se obvia por el momento.
Sin embargo, el mercado deja sus señales. Se han roto correlaciones históricas en divisas y tipos de interés que no sugieren nada bueno. De un lado, la depreciación del dólar de un 12-14% frente al resto del mundo es excepcional. De otro, esa misma depreciación en un entorno de tipos de interés americanos relativos al resto del mundo obstinadamente altos, también es extraordinaria. En flujos corresponde al inversor extranjero reduciendo posiciones de EEUU. Cuando el epicentro de la incertidumbre es el propio EEUU y baja el precio de su deuda (y suben las rentabilidades) y a la vez baja el dólar, se encienden todas las luces. Tipos a 10 años del bono cercanos al 4.5% y ralentización económica: los mercados sugieren "riesgo crédito", riesgo de impago de la deuda americana.
Tan estrafalaria puede resultar esta aseveración que conviene avalarla con las declaraciones de grandes próceres de las finanzas americanas que han alertado en este sentido. Sin ir más lejos el CEO de JPM, Jamie Dimon, el de la mayor gestora de mundo, BlackRock, Larry Fink, o el del fondo de cobertura de mayor éxito en la historia, Citadel, Ken Griffin. Todos han denunciado los peligros de un presupuesto irresponsable en una coyuntura financiera, ese mercado de bonos señalando riesgo crédito, y económica, esa ralentización incipiente.
O el ya retirado Ray Dalio, que ha decidido publicar el libro que lleva preanunciando un tiempo, 'Cómo quiebran las naciones', justo esta primavera y a colación de las deliberaciones de Congreso y Senado sobre el presupuesto. Mención especial merece Elon Musk, que salió escaldado del DOGE y los intentos para recortar los gastos públicos de una forma significativa, pero que se ha mantenido fiel a lo que observa, "una abominación". Y en consecuencia roto su relación con Trump y el partido republicano. Qué sabrán todos estos, parece decir el mercado.
Pero, sobre todo, y haciendo honores a un "objetivismo randiano"-por Ayn Rand, icono intelectual del exitoso capitalismo americano que se proclamó "antes racional que capitalista"-, vayamos a los hechos:
1/ Los niveles actuales de déficit y deuda son el resultado de una deriva iniciada tras la GCF en la que la FED ha estado monetizando déficits ($ 14 billones 2009-24), pero tienen dos episodios clave: los recortes de impuestos de la primera legislatura Trump y la expansión del gasto con Biden. En ambos casos se vitupera una tradición de ortodoxia keynesiana por la cual cuando la economía va bien (valles en tasa de desempleo), los déficits históricamente se reducen con miras a posibles vacas flacas a futuro. Nada de esto pasa desde 2017, más bien al contrario. Se pone la sexta marcha. A resultas llegamos con un déficit del 6-7% y la tasa de desempleo, apenas por encima del 4%.
2/ El presupuesto Trump pone la séptima marcha. Extiende los recortes de impuestos de Trump 1.0, apuntala los gastos de defensa y control en fronteras, y recorta gastos Medicaid, de seguro médico a 10-12 millones de americanos en situación marginal, muchos de los cuales son votantes de las bases del MAGA. Wolf, del 'FT', tilda el presupuesto de pluto-populista por favorecer el trasvase de rentas desde los menos a los más pudientes. Los déficits anuales los próximos años se estiman aumenten en $ 500 bn por año, y la deuda total se incremente en un montante de entre 3 y 4 billones de dólares sobre los 36 ya existentes.
El objetivo declarado aparente es la reducción del déficit al 3%, pero el real y prioritario es la bajada de impuestos en un país ya con mínimos de la OCDE, el 25% sobre PIB. Las subidas de impuestos son un auténtico anatema para los republicanos y aunque proclaman suscribir la ortodoxia financiera, una vez en el poder, la historia dice lo contrario.
Si realmente asumieran la realidad con toda la seriedad que reclama la situación, una comisión bipartisana jerarquizaría objetivos: reducción del déficit, y medios para ello: recorte de gastos y subidas de impuestos. Y hacerlo muy lentamente, con muchísimo cuidado para no llevarse la economía por delante. Y así ganarse la sanción de los mercados de bonos con subida del precio de la deuda y caídas de tipos de interés.
3/ La política arancelaria ha pegado una patada a la estructura global de flujos de capital engranada en el modelo de globalización libre de las últimas décadas. EEUU hacía de consumidor de último recurso y defendía un orden internacional basado en reglas. Y a cambio, el resto del mundo financia déficits fiscales y comerciales a bajo coste: el privilegio dólar. Ahora es "América First", a beneficio y… riesgo propio.
Efectivamente, cuando Trump habla de que "se aprovechan de EEUU" omite la cruda realidad: ese resto del mundo, incluido nosotros europeítos, financia a EEUU para vivir por encima de sus posibilidades. Consumir por encima de lo que se produce e invertir por encima de lo que se ahorra.
4/ Los efectos tóxicos de las políticas económicas, todos estanflacionarios, se acumulan y están por afectar al ciclo económico a la baja los próximos meses. La estimación actual del mercado es de un crecimiento del 1% (desde el 2.5% del 2024) pero el presupuesto lo fía todo a restablecer un crecimiento del 3%. Los últimos datos sobre consumo interno no son alentadores. Con la recesión encima, no hay margen presupuestario para lidiar con ella y lo que actualmente es un déficit del 6-7% se amplía automáticamente 9-10% en apenas unos meses.
5/ De lo estructural a lo contingente: el impacto en necesidades de financiación es crítico en esta coyuntura. Si al déficit actual de 2 billones de dólares y las refinanciaciones de la deuda que vence este año, 7 billones, añadimos el impacto de una caída de la economía en el déficit, 1 billón, nos encontramos con la necesidad de refinanciar casi un tercio de la deuda total. Justo cuando el mercado apunta a salidas del inversor extranjero que tiene en sus manos un 30% de la deuda UST. Y acomodando toda la incontinencia Trump, por decirlo elegantemente.
Llegado el caso de un mercado de bonos en rebeldía, la opción más probable a fecha de hoy, al margen de quiebras selectivas a tenedores internacionales (Plan Mar-a-Lago) que señalábamos aquí Trump y la recesión que viene. Desidia o perfidia , es una monetización masiva y singular por parte de la FED, que embarcaría a EEUU en prácticas monetarias más propias de otras latitudes. La víctima colateral de todo ello es el dólar. La depreciación actual este año del 12% sería un mero aperitivo de lo que está por llegar: la defenestración de su privilegio histórico cuya grandeza ha sido presidir la mayor expansión económica de la historia. La banca de inversión, siempre tan gradual y cauta ya habla del 1,25 frente al euro. Por definición, nunca cuenta con escenarios singularmente disruptivos, los que llevarían al dólar a caídas ahora impensables.
Creyentes en las políticas Trump apuntan a que undólar barato es lo que se pretende. Como si hubiera un plan real pensado a conciencia y no el capricho fortuito en la cúspide, al que nadie tose y todos visten sobre el camino. No se asume que una vez roto el cántaro, la prima de riesgo político de esos tipos de interés de mercado, asociada a la arbitrariedad y la falta de predictibilidad, ya no tiene vuelta a atrás- en definitiva, la rotura del mejor riesgo país de la historia en un acto de autoinmolación sin precedentes.
"Trump is winning"…. Ay, si Rand levantara la cabeza…
Tras los numeritos Trump con los aranceles, el 'Día de la Liberación' y su desescalada, el frenazo a la inmigración en frontera o el zarandeo autoritario al engranaje institucional, llega por fin la ley estrella de la legislatura, el 'Big Beautiful Bill'. Se jalea como el gran éxito político y el resorte precursor para una nueva época dorada que hará América grande de nuevo. La norma marca la senda presupuestaria para los próximos años y prevé déficits adicionales y otros 3 y pico billones de deuda para cubrirlos. A pesar de que el déficit medio desde 2020 está en el 7 % sobre PIB y la deuda rasca ya los máximos históricos de la posguerra.