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Suiza demuestra resiliencia frente a los nuevos aranceles de Estados Unidos
Pese a los aranceles del 39% impuestos por Washington, Suiza mantiene margen fiscal y capacidad de adaptación para sortear el impacto económico
La errática política comercial de Donald Trump, basada en su idea de que un país que exporta más a Estados Unidos de lo que importa "le roba" a los estadounidenses, sorprendió a Suiza. El arancel del 39% que se aplica a las exportaciones suizas resulta difícil de justificar si se lo compara con el 15% negociado por la vecina Unión Europea.
Este arancel sobre las exportaciones suizas a EE. UU. excluye a los productos farmacéuticos y al oro, lo que significa que algo más de la mitad de las exportaciones helvéticas todavía no se ve afectada. Dicho de otro modo, las medidas de Trump alcanzan actualmente a alrededor del 3,5% del PIB suizo. Parte de esas exportaciones podrían desviarse a través de otras jurisdicciones para esquivar el gravamen del 39%, con un riesgo mínimo para Suiza, dado que Washington amenaza esos "transbordos" con un castigo apenas mayor, del 40%.
Suiza tiene escasas alternativas para complacer a una administración cuyas políticas desafían la lógica económica, y cuesta ver qué más podría ofrecer la Confederación. Los aranceles de importación sobre la mayoría de los bienes industriales que ingresan en Suiza ya son del 0%.
Además, aunque solo sea la vigésima primera economía mundial por PIB nominal, Suiza es ya el séptimo inversor extranjero en EE. UU. Esto se debe en parte al sector farmacéutico, que ha comprometido inversiones por casi 300.000 millones de dólares en territorio estadounidense, según comunicados corporativos.
Igualmente, es difícil imaginar que un arancel del 39% —el más alto aplicado a una economía avanzada y dos veces la base mínima de la UE o Japón— pueda mantenerse indefinidamente.
En algunos sectores, Suiza ya representa una parte significativa de las importaciones estadounidenses. Más de cuatro quintas partes de los relojes que compran los estadounidenses provienen de Suiza, así como más del 10% del café, casi el 10% de los metales preciosos y cerca del 9% de los productos farmacéuticos.
Consecuencias económicas
Tras el anuncio del nuevo arancel estadounidense del 1 de agosto, redujimos nuestra previsión de crecimiento para Suiza en 2025 del 1,1% al 0,9%. Esta revisión refleja la fuerte dependencia exportadora del país, la importancia del mercado estadounidense y una economía que se desacelera en términos generales. También hemos considerado la estabilización de la inflación negativa, resultado de la caída en los precios de la energía y de la fortaleza del franco suizo.
¿Se verá obligado el Banco Nacional Suizo a volver a las tasas de interés negativas? Pensamos que la tasa de referencia del 0% ya representa el piso en este ciclo. No podemos descartar por completo un recorte hacia terreno negativo, pero lo vemos como un recurso de última instancia, por ejemplo, si el franco se apreciara excesivamente frente a las principales divisas. Conviene subrayar además que tasas negativas solo aportarían un estímulo marginal a la demanda interna en comparación con la tasa actual de cero.
Un aspecto poco mencionado es que Suiza dispone de un amplio margen fiscal. La inversión a largo plazo en energía, defensa e infraestructuras sería una forma mucho más eficaz de impulsar la demanda interna que volver a tasas negativas. Otras herramientas, como el apoyo fiscal a empresas y trabajadores afectados por la reubicación de exportaciones, también son viables y probablemente mucho más efectivas que las tasas negativas, con menos efectos colaterales.
Lo que viene con los aranceles
Por supuesto, el impacto no recae solo en Suiza. El arancel efectivo que Estados Unidos impone sobre sus propias importaciones, y que en gran medida pagan importadores y consumidores del país, se hace cada vez más evidente. Hasta ahora, las empresas estadounidenses han afrontado las dificultades acumulando inventarios, pero ese colchón no durará. Estimamos que el daño real se hará más visible durante las próximas semanas.
Aún existe margen para que las negociaciones lleven los aranceles a niveles más cercanos a los de los socios europeos. La incógnita es cuánto tiempo tardará Suiza en lograr una mejora que, al parecer, solo puede obtenerse en una conversación directa con el presidente estadounidense.
Cuanto más se prolonguen los aranceles, mayor será el daño a la economía suiza. Nadie puede asegurar si unas eventuales concesiones bastarían para mantener el acceso al mercado estadounidense en condiciones favorables. Mientras tanto, una vez más, la economía suiza ha demostrado ser extraordinariamente ágil.
A pesar de una divisa fuerte y de la falta de recursos naturales, la orientación exportadora del país siempre se ha mostrado adaptable. No hay razones para pensar que Suiza no pueda volver a hacerlo: aprovechar su espacio fiscal, invertir en productividad y superar así este nuevo desafío planteado por Estados Unidos.
* Samy Chaar es economista jefe y CIO Suiza de Lombard Odier
La errática política comercial de Donald Trump, basada en su idea de que un país que exporta más a Estados Unidos de lo que importa "le roba" a los estadounidenses, sorprendió a Suiza. El arancel del 39% que se aplica a las exportaciones suizas resulta difícil de justificar si se lo compara con el 15% negociado por la vecina Unión Europea.