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Concurso de ilusiones veraniegas. Innovar en Europa era esto
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Concurso de ilusiones veraniegas. Innovar en Europa era esto

En estos tiempos financieros de competencia entre bloques, la consumación del Mercado Único de Capitales y la emisión conjunta que aporta un euro íntegro -competir, ordenar, racionalizar- es la prioridad

Foto: El expresidente del BCE y ahora asesor de la Comisión Europea, Mario Draghi. (EFE/EPA/Teresa Suárez)
El expresidente del BCE y ahora asesor de la Comisión Europea, Mario Draghi. (EFE/EPA/Teresa Suárez)

El verano es la estación ideal para reponer energías y cargar ilusiones. Y también para templarlas. La semana pasada coincidieron en medios, a ambos lados del Atlántico, dos llamadas de atención a la “ilusión”. Críticas por su significación y los emisores que las profesaron. De uno, el expresidente del BCE y ahora asesor de la Comisión, Draghi, lanzó una misiva a la ciudadanía europea retratando la claudicación europea en las negociaciones comerciales con EEUU y el peloteo servil en la Casa Blanca a cuenta de Ucrania con el fin de ganar tiempo al mus americano. Ambos eventos “han evaporado la ilusión de que la UE tenga alguna relevancia geopolítica” a la altura de su peso económico, dijo. Del otro, en EEUU, líderes de la inteligencia artificial (IA), universidades reputadas y artículos especializados han planteado la existencia de una burbuja financiera en el sector que suscita más “ilusión” en los mercados financieros. Los mismos que corren un tupido velo temporal sobre la acumulación de barbaridades que atesora la administración Trump. De nexo obvio: la atracción de capital.

Dos mensajes oportunos que cuestionan los asuntos más candentes -y trascendentales- en el devenir de ambos continentes: la integración europea y la borrachera de los mercados de capital americanos, en máximos, disociados de la realidad económica y dando señales de alarma bajo cualquier registro histórico. El primero refiere hechos consumados. El otro es admonitorio y tilda de complaciente al capital global. El mismo que ahora opaca el estado real de la economía americana y el efecto acumulado ultralesivo de las tropelías Trump: aranceles, presupuestos, abordaje a la integridad del marco institucional. Dos frentes concomitantes que van a marcar aquí y allá la agenda política, económica y financiera los próximos años.

Ha sido el propio CEO de Open AI, la compañía propietaria del ChatGPT, Sam Altman, el que advirtió la semana pasada de que la industria de IA daba señales de burbuja. Lo hizo además tras presentar la última versión del producto, ChatGPT 5, que ha decepcionado a los expertos sectoriales por no satisfacer los saltos cualitativos esperados en la tecnología. Parece que la ley de rendimientos decrecientes a escala se está cobrando tributo. Y existen dudas sobre que el crecimiento exponencial de la capacidad computacional y los grandes centros de datos operen la magia esperada en criterio. Un poco como la sobreinformación en nuestras sociedades.

A ello se ha unido un estudio del MIT, quizá la universidad americana con mejor reputación en ciencias, que se pregunta algo que ya hacen muchos inversores: ¿dónde está el retorno a la inversión (ROI)? Según su muestreo, sólo el 5% de las compañías que han adoptado la tecnología están viendo resultados fehacientes en sus cuentas de resultados. La pregunta es especialmente pertinente también, para los grandes capacitadores de la industria, las grandes tecnológicas cotizadas en mercados que invierten billones de dólares en centros de datos y chips de última generación. El dinero ya lo tenían y compiten en una carrera por llegar primero a un espacio todavía indefinido.

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Preciso es poner en contexto estas declamas. Estamos ante una revolución tecnológica de carácter general, transformacional para todas las industrias. Y en 10 años no va a haber quien nos reconozca. Lo que se cuestiona es la correlación de este tipo de revoluciones con el flujo de inversión y la posibilidad de burbujas financieras, porque históricamente no han existido las unas sin las otras. Un reciente artículo del FT da cuenta del trabajo de Claudia Pérez al respecto.

Las advertencias toman un cariz crítico al albor de lo que el fenómeno representa en la bolsa americana, y por extensión en el resto del mundo. Una sola compañía, Nvidia, vale tanto como el mercado japonés, o como el italiano y el español juntos. Las siete grandes tecnológicas acaparan el 30% del mercado americano (S&P), concentrando las grandes subidas del índice desde finales del 2022. Y el mercado de bolsa americano un 70% del global, casi tres veces el peso de su economía.

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Y a la estela del efecto camuflaje que la excitación inversora en el sector ha permitido sobre lo que está perpetrando Trump. Desde la auto rescisión del papel de hegemónico benevolente sobre el resto del globo y los privilegios exorbitantes del dólar inherentes- de los que dimos cuenta aquí. Hasta la rotura del consenso histórico sobre el valor cardinal de la integridad de un marco institucional basado en reglas y los famosos “checks and balances” que lo soporte.

Lo ultimísimo en coacción a organismos e interlocutores independientes, este verano. Cuidadito, cuidadito, con lo que se dice. Que no gustan los datos: marchando un Tezanos para la Oficina de Estadísticas Laborales. Que no gusta el análisis independiente de interlocutores de mercado: despidan ustedes. Suma y sigue. Y próximamente, la independencia de la FED. A ver dónde acaban el dólar y los tipos a largo plazo en el epicentro del sistema monetario internacional. En esta coyuntura de cambio estructural de régimen, cualquier marco de estabilidad y predictibilidad sobre los que cree operar el capital, es pura ilusión.

La misiva de Draghi a la ciudadanía europea, un compendio de realismo y sensatez, es la enésima advertencia de lo que nos depara la pasividad de la clase política y la sociedad civil ante los retos que enfrentamos. Proyecten, proyecten lo que supone la caída de inversión sobre PIB de casi 2% en la UE desde que rompió la crisis del 2008, año tras año durante casi dos décadas, como advierten los planes Draghi y Letta. Lo que quiere decir en competitividad, en PIB, productividad y salarios, para la siguiente generación. Una rana que se cuece ya sabiendo, emparedada entre titanes.

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Mientras el cambio de régimen orquestado por Trump tiene como consigna el nacionalismo estatista más furibundo, estos planes tienen un objetivo doble, completar el Mercado Único y el euro. Por dentro, la liberación de la economía europea: erradicar la fragmentación, o sea, los nacionalismos internos. “Innovar” en Europa era esto, y sobre todo esto. Aquí en España estamos en una posición privilegiada para intuir ese Mercado Único tirando barreras internas, porque la deriva política de las últimas décadas de subordinación a nacionalismos periféricos ha construido un modelo centrífugo de ineficiencia económica ejemplar. Nuestro problema nacional se parece como dos gotas de agua al europeo. Por fuera, la defensa de un perímetro de intereses que responda al conjunto.

Lo mejor del desengaño apuntado por Draghi, es la invitación a morder la bala. Quizás hayamos ganado tiempo ante la evidencia. El esfuerzo reformista está ya en su mayor parte diseñado en esos planes Draghi y Letta. En estos tiempos financieros, de competencia entre bloques, la consumación del Mercado Único de Capitales y la emisión conjunta que aporta un euro íntegro -competir, ordenar, racionalizar- es la prioridad absoluta.

Lo peor, por apremiante, es que, sin ella, cuando escampe la ilusión del otro lado, corremos el riesgo de encontrarnos igualmente ilusos, expuestos y subordinados.

*Fernando Primo de Rivera, autor de La economía que viene… (Editorial Arzalia).

El verano es la estación ideal para reponer energías y cargar ilusiones. Y también para templarlas. La semana pasada coincidieron en medios, a ambos lados del Atlántico, dos llamadas de atención a la “ilusión”. Críticas por su significación y los emisores que las profesaron. De uno, el expresidente del BCE y ahora asesor de la Comisión, Draghi, lanzó una misiva a la ciudadanía europea retratando la claudicación europea en las negociaciones comerciales con EEUU y el peloteo servil en la Casa Blanca a cuenta de Ucrania con el fin de ganar tiempo al mus americano. Ambos eventos “han evaporado la ilusión de que la UE tenga alguna relevancia geopolítica” a la altura de su peso económico, dijo. Del otro, en EEUU, líderes de la inteligencia artificial (IA), universidades reputadas y artículos especializados han planteado la existencia de una burbuja financiera en el sector que suscita más “ilusión” en los mercados financieros. Los mismos que corren un tupido velo temporal sobre la acumulación de barbaridades que atesora la administración Trump. De nexo obvio: la atracción de capital.

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