Claves de la resistencia económica china: planificación, flexibilidad, ejecución. Y todo con mucha paciencia
La incertidumbre y la desconfianza, unidos a desafíos estructurales de difícil solución en el corto plazo y rematados con variables demográficas poco esperanzadoras, convierten la ecuación en un problema de difícil solución
Una niña ondea una bandera nacional en el Día de la República Popular China. (ZUMA Press Wire/DPA/Vernon Yuen)
La economía china se enfrenta a importantes retos en el corto y medio plazo, a problemas estructurales de calado. A saber: consumo interno debilitado, arrastrado por un sector inmobiliario muy tocado (adiós burbuja) y con la consecuente pérdida de valor de los ahorros tangibles del ciudadano medio. Le acompañan menores niveles de inversión interna (con un sector privado navegando incertidumbre y desconfianza). Más: exportaciones maltrechas y, además, amenazadas por el huésped de la Casa Blanca. Y, para añadir más suspense, una población cada vez más madura; las generaciones jóvenes prefieren animales de compañía a tener hijos. Mascotas por descendencia, un giro radical a la tradición cultural del país.
Con semejante contexto, analizamos los datos sobre el crecimiento del PIB del país en el último trimestre: 4,8%. Aunque el trimestre anterior la economía creció más, un 5,2%, los analistas confirman que en estos tres últimos meses China ha crecido con solidez y en línea con el objetivo marcado para el cierre del año 2025, un crecimiento alrededor del 5%.
Y uno se pregunta cuáles son las claves que sustentan esa firmeza, a pesar de los nubarrones y con las variables de crecimiento tan, aparentemente, maltrechas:
Paciencia
La guerra comercial EEUU-China ilustra muy bien esta variable. Trump regresó a la escena política mundial a finales de enero de este año. Y, un mes y pico más tarde, cuando el mundo todavía se despertaba de la sorpresa, anunciaba el “Liberation Day”. Se trataba de la puesta en marcha de una serie de medidas arancelarias que obligaba a cualquier país en el globo terráqueo con relaciones comerciales con EEUU a pasar por caja en las aduanas USA. China no ha sido excepción: ha estado expuesta a amenazas reiteradas de tarifas de hasta el 145% en sus exportaciones a EEUU. Pekín, salvo ciertas declaraciones beligerantes, ha permanecido impasible a los comentarios de Washington que vaticinaban la inevitable capitulación china a sus intereses, debido a la “severa depresión” que atraviesa el país asiático (así lo afirmó en su día Scott Bessent, secretario del Tesoro norteamericano). Sin embargo, y sin mover un músculo de la cara, los oficiales chinos han jugado sus cartas sin dejar mucho espacio a su oponente: mientras exhibían su control de ciertas cadenas de suministro, las legendarias tierras raras, cerraban el grifo a las importaciones de soja americana (reducción a cero, para alegría de Brasil y Argentina, por cierto).
Y después de tanto tira y afloja, Xi y Trump se acaban de ver en Seúl. Ambos se han sonreído y halagado. Ya lo adelantaba el presidente norteamericano, días atrás, admitiendo una desescalada y anunciando un marco de cooperación. Una vez terminada la reunión, Xi está convencido de “hacer EEUU grande de nuevo” y Trump se deshace en elogios con su contraparte asiática asegurando que “tienen un trato cerrado”. Parece que las tierras raras, la soja, el fentanilo y otros elementos claves en su relación comercial no serán obstáculo a partir de ahora. ¿Brindis al sol? Lo veremos.
Planificación
La gran baza de la administración china. Al no existir alternancia política, Pekín tiene la capacidad de anticipar a cinco, diez y quince años vista sus movimientos. Puede, sin oposición ni voces interesadas, diseñar una estrategia sólida y sin fisuras, que se adapte a sus objetivos a medio y largo plazo. Una estrategia, además, que podrá ir matizando según vaya avanzando el eje temporal. El engranaje de CHINA S.A. se moverá al unísono y como un solo individuo en pos de la meta planificada.
Pekín acaba de anunciar la puesta en marcha de su nuevo plan quinquenal, el decimoquinto, en donde trazan las líneas generales para hacer frente a los retos a los que se enfrenta el país en los próximos cinco años. El plan admite, sin ningún complejo, que China se encuentra en un “momento crítico” e inmersa en un contexto “profundamente complejo”. Y con esta premisa, aunque no aciertan a definir un objetivo en términos de crecimiento de PIB, sí afirman que en 2035 China ha de convertirse en un país “moderadamente desarrollado”.
Los cimientos del decimoquinto plan quinquenal se sustentarán en tres ejes: la autosuficiencia tecnológica y modernización industrial, prioritarios en un contexto geopolítico poco favorable. En segundo lugar, estimulación del consumo de los hogares, prestando especial atención a la seguridad económica de las familias; Pekín es consciente de que la desconfianza y la incertidumbre se han instalado en la sociedad china. Por último, seguir trabajando en el control de las emisiones de gases de efecto invernadero, en consonancia con los objetivos establecidos para 2035.
Flexibilidad
El ejemplo más claro: las exportaciones. La gran fábrica del mundo no puede permitirse flaquear en su abastecimiento al resto del planeta. Representa una parte importante de su crecimiento económico, además de ser la esencia y razón de existir de multitud de fabricantes e industrias de todo el país. Mientras Trump y los suyos tensaban la cuerda con su mayor socio comercial, China ya estaba buscando alternativas: los países del sudeste asiático han concentrado una gran parte de las exportaciones chinas en lo que llevamos de año, más que toda Europa y Estados Unidos conjuntamente. Y siguen trabajando en ello, reforzando acuerdos en la región. África ha sido su segundo destino.
Y esto sólo es posible gracias a la exhibición de cintura y adaptabilidad de la cadena de suministro china. Goza de muy buena salud y, ante cualquier amenaza externa, producción, logística y distribución consiguen encontrar rápidamente soluciones y opciones a los productos nacionales. Aunque aquí hemos de incluir otras prácticas, como la utilización de países terceros como tránsito para llegar a la frontera norteamericana.
Ejecución
Efectivamente, y como se ha esbozado más arriba, China funciona como un verdadero reloj a la hora de poner en marcha sus estrategias económicas. Se dictan órdenes desde el politburó y todos los agentes han de implementar, con diligencia, y sin preguntar, las directrices planteadas desde lo más alto. No hay opción para la divergencia. Acción. Las regulaciones, digresiones, paréntesis y demás palos en la rueda no tienen cabida a la hora de poner en marcha los proyectos. Todos a una.
Volviendo al comienzo, China afronta una etapa clave en el desarrollo económico-social del país. La incertidumbre y la desconfianza, unidos a desafíos estructurales de difícil solución en el corto plazo y rematados con variables demográficas poco esperanzadoras, convierten la ecuación en un problema de difícil solución. Se habla de una economía más madura y con más personalidad. Y se confía en la adaptabilidad de los actores económicos chinos para avanzar. Y esta confianza (e inquietud) surge de la necesidad de una economía china saneada en un escenario global. Porque está siendo demostrado que los titulares que anunciaban el desacoplamiento de Occidente de la potencia asiática no tienen mucho sentido, a día de hoy.
*Jaime Pastor Innerarity, con dos décadas de experiencia en Asia, poniendo en marcha proyectos de distinta naturaleza.
La economía china se enfrenta a importantes retos en el corto y medio plazo, a problemas estructurales de calado. A saber: consumo interno debilitado, arrastrado por un sector inmobiliario muy tocado (adiós burbuja) y con la consecuente pérdida de valor de los ahorros tangibles del ciudadano medio. Le acompañan menores niveles de inversión interna (con un sector privado navegando incertidumbre y desconfianza). Más: exportaciones maltrechas y, además, amenazadas por el huésped de la Casa Blanca. Y, para añadir más suspense, una población cada vez más madura; las generaciones jóvenes prefieren animales de compañía a tener hijos. Mascotas por descendencia, un giro radical a la tradición cultural del país.