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La próxima gran crisis política será por el coste de la vida
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Ramón González Férriz

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La próxima gran crisis política será por el coste de la vida

En EEUU, la sanidad privada y productos básicos como el café están por las nubes. Los precios disparados de la vivienda afectan a toda Europa. En España, la capacidad adquisitiva disminuye. Todo esto suele tener grandes consecuencias políticas

Foto: El precio de los huevos se ha disparado un 22% interanual. (Europa Press/Jesús Hellín)
El precio de los huevos se ha disparado un 22% interanual. (Europa Press/Jesús Hellín)
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Estados Unidos está experimentando una profunda metamorfosis ideológica. Pero una de las principales razones por las que Donald Trump ganó las elecciones en 2024 es sencilla y vieja: el coste de la vida. Durante la campaña, Trump culpó una y otra vez a Joe Biden y los demócratas de la inflación. En cuanto él llegara al poder, afirmó en sus desordenados y efectivos mítines, esta disminuiría.

Trump lleva casi 11 meses en el poder y la inflación, de hecho, ha subido. Se han encarecido productos esenciales como el café o los componentes que se utilizan en los talleres para reparar los coches. La carne de vacuno ha subido tanto que, ante el cabreo de su muy carnívora base electoral, el presidente redujo los aranceles que había impuesto a la importación de algunos cortes procedentes de Brasil. Ante el encarecimiento de la vivienda, Trump ha pedido a los bancos que lancen hipotecas a 50 años para que los jóvenes puedan permitírselas. La sanidad también es más cara y el año que viene será peor: según la consultora Mercer, en 2026 los costes de la atención médica subirán un 9%.

Comida abundante. Coches robustos. Casas asequibles. Sanidad privada. El aumento del coste de la vida está golpeando en el centro mismo de la idea que los estadounidenses tienen de qué significa formar parte de la clase media. Y pese a sus intentos un tanto desesperados, ni siquiera el presidente de Estados Unidos tiene la clave para frenarlo. Nueva York no es representativa de Estados Unidos. Pero es curioso que la némesis ideológica de Trump, el joven izquierdista radical Zohran Mamdani, ganara la alcaldía de Nueva York insistiendo en que el mayor problema de los neoyorquinos es, precisamente, el coste de la vida: la "affordability". Como contaba nuestro corresponsal Argemino Barro, entre 2010 y 2022 el precio mediano de la vivienda en Nueva York subió un 74% y el mes pasado un tomate —una unidad, no un kilo— costaba en un mercadillo dominical de Brooklyn 9,5 dólares. Mamdani tampoco tiene ninguna medida creíble para hacer la vida más asequible. Pero de ahora en adelante, y a pesar de los intentos de los políticos de distraer a los votantes con distintas formas de radicalidad ideológica, esa palabra, que aunque suena rara en castellano tiene un sentido muy preciso, estará en el centro de la política estadounidense: "asequibilidad".

Una crisis política, ¿de qué signo?

En Europa, el crecimiento es tan magro que la inflación ya no es un problema en la mayoría de los países. Pero sí lo es la vivienda. De acuerdo con un estudio del banco neerlandés ING, más de un 25% de las familias de países tan dispares como Bélgica, Alemania, Países Bajos, Polonia, España y Rumania tienen problemas para pagar la hipoteca o el alquiler: en nuestro país, esa cifra alcanza el 36% de quienes alquilan.

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Pero en España el problema va más allá de los pisos. El índice de precios al consumo ha subido en el último año un 3,1%, una cifra relativamente alta, pero no alarmante. Sin embargo, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, en un año el precio de los huevos ha crecido un 22,5%. Cada vez más españoles, uno de cada cuatro en 2024, pagan un seguro de sanidad privado; en parte, sin duda, debido al declive de la pública. Y la universidad privada no para de crecer; sea por buenas o malas razones, cada vez más estudiantes optan por la educación superior privada, lo que supone un encarecimiento real de los estudios. Y eso sucede en un contexto claro: desde el año 2021, contaba mi colega Javier Jorrín este verano, "los salarios reales han caído un 4%. Solo hay un país del euro con peor balance: Italia". Una vivienda en un buen barrio, alimentos frescos, una sanidad fiable y una educación que dé oportunidades y estatus a los hijos. Casi la definición misma de la experiencia de ser de clase media.

Este tipo de crisis no es raro en los países ricos. Muchas veces, ni siquiera es culpa de los gobernantes nacionales, sino de fenómenos exógenos como, actualmente, una guerra en Europa del Este, un gran conflicto comercial entre China y Estados Unidos o una gripe aviar. Pero suelen generar terremotos electorales.

Hoy, los políticos son especialistas en desviar la atención. Pedro Sánchez tiene un desmesurado talento para no hablar de estas cosas y, en cambio, para hacerlo de otras profundamente divisivas que movilizan a sus electores y les llevan a ignorar estas cuestiones a la hora de decidir su voto. A Trump tampoco se le da mal: cuando te enerva con la última extravagancia izquierdista, no piensas en el coste de un filete con tomates. Pero las crisis de poder adquisitivo tienen un enorme impacto en cómo la gente se percibe a sí misma y su lugar en la escala social. Y nada es potencialmente más revolucionario que la existencia de grupos de personas cada vez más amplios que se sienten desclasadas. La nueva crisis política vendrá de ahí: "affordability", o su versión más fea en castellano, "asequibilidad". Lo que aún no sabemos es qué forma de radicalismo adoptará.

Estados Unidos está experimentando una profunda metamorfosis ideológica. Pero una de las principales razones por las que Donald Trump ganó las elecciones en 2024 es sencilla y vieja: el coste de la vida. Durante la campaña, Trump culpó una y otra vez a Joe Biden y los demócratas de la inflación. En cuanto él llegara al poder, afirmó en sus desordenados y efectivos mítines, esta disminuiría.

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