¿Es posible revertir el estancamiento de la exportación española?
Desde mediados del siglo XX hasta principios de este, el comercio exterior de bienes ha sido uno de los principales motores del crecimiento económico mundial, aunque desde hace 12 años crece igual o menos que el PIB
La exportación española sufre un estancamiento. (EFE)
La exportación española de bienes ha sido durante muchos años uno de los principales impulsores del crecimiento económico en España. Sin embargo, en estos últimos tiempos ha perdido dinamismo y cuota de mercado mundial. El monto alcanzado en 2024 fue prácticamente igual al de 2023 y al de 2022 y, en el periodo enero-septiembre de 2025 las exportaciones de bienes solo han aumentado un 0,5% en valor. Es probable que en volumen hayan caído, dada una inflación cercana al 3%, aunque no podemos confirmarlo porque el Ministerio de Economía ha dejado de publicar este dato.
¿Es posible revertir esta tendencia y hacer que la exportación vuelva a ser un motor del crecimiento? Pensamos que va a ser difícil, aunque no imposible. Somos conscientes de que la situación de los mercados internacionales lo dificulta y que la oferta española está perdiendo competitividad internacional.
Desde un punto de vista global, vivimos un momento complejo para la internacionalización. Desde mediados del siglo XX hasta principios de este, el comercio exterior de bienes ha sido uno de los principales motores del crecimiento económico mundial, aunque desde hace 12 años crece igual o menos que el PIB, lo que ha llevado a numerosos analistas y organismos internacionales a advertir sobre un proceso de desglobalización. A ello se suman diversos factores que han tensionado aún más el sistema. La guerra de Ucrania y la pandemia de la COVID-19 han impulsado en muchos países políticas económicas que restringen el libre comercio. Asimismo, la política arancelaria de Estados Unidos está alterando elorden económico internacional basado en reglas, que tan buenos resultados ha generado para todos los países. En este sentido, Norteamérica está usando el arancel de forma errática y como instrumento de políticas no necesariamente comerciales. China, por su parte, tiene un notable exceso de producción industrial provocada por subsidios, facilidades fiscales y crediticias. Sus cuantiosos excedentes de producción los está volcando en los mercados globales.
Si nos centramos específicamente en la exportación española de bienes, los datos arrojan que casi tres cuartas partes van destinadas a Europa. No esperamos que nuestras ventas aumenten de manera significativa en esos países. Hay dos razones que lo explican. Por un lado, las economías europeas están estancadas o crecen muy poco, por lo que su demanda difícilmente aumentará. Por otro, la competencia por exportar a Europa se ha intensificado, y un ejemplo claro es China, que está incrementando significativamente sus ventas al continente. Además, muchos países redirigirán hacia Europa los productos que ya no podrán vender en Estados Unidos debido a los nuevos aranceles estadounidenses. A todo ello se le suma un factor adicional, y es que muchos productos españoles sirven como componentes para bienes europeos cuya demanda en EEUU está cayendo, como ocurre en el sector de automoción, por ejemplo.
¿Podemos esperar que aumenten las exportaciones españolas a terceros mercados, que suponen únicamente una cuarta parte del total? Desde la Administración se han puesto en marcha programas para diversificar nuestras exportaciones con resultados insuficientes. Por poner un ejemplo, el año pasado nuestras ventas a México aumentaron hasta alcanzar un 1,6% del total de la exportación española (un 1,5% en el 2019), pero ha perdido peso relativo Japón o los países ASEAN, por ejemplo. Por contra, la exportación a Europa ha pasado del 71,4% del total en 2019 al 73,7% el año pasado.
Un problema de la exportación española es la pérdida de competitividad internacional. Esto se debe, en parte, a aumentos de costes. Las empresas españolas se enfrentan a subidas fiscales y de cotizaciones sociales superiores a las de nuestros competidores europeos. Los costes laborales están creciendo significativamente debido a un absentismo alarmante y al significativo aumento de bajas laborales. No podemos dejar de mencionar la maraña regulatoria con competencias repartidas entre administraciones central, autonómica y local.
Pero los mayores problemas son estructurales. El tamaño medio de las empresas españolas es muy inferior al de Alemania, Francia o Reino Unido. El número de empresas medianas y grandes —las que más exportan, las que más invierten en I+D+i, las más productivas y las que generan empleo de mayor calidad— es escaso. En los últimos años, han crecido los desincentivos legales para que las empresas pequeñas crezcan, por ejemplo, mediante costosas obligaciones de reporting y compliance, y se han mantenido los desincentivos a crecer, como la obligación de crear un "comité de empresa" a partir de 50 trabajadores, o la de ser considerado por Hacienda como empresa grande si la facturación supera los seis millones de euros. Solo 28.000 empresas exportan regularmente más de 50.000 euros, una proporción ínfima del tejido empresarial. Las empresas españolas cada vez pueden competir menos por precio y deben hacerlo por calidad, innovación o marca, es decir, por activos intangibles. Pero el contenido tecnológico de nuestras exportaciones continúa por debajo de la media europea y la inversión en activos intangibles sigue siendo insuficiente.
La mayor parte de las exportaciones españolas de bienes son productos industriales. Baste señalar que las ventas de productos alimenticios sin procesar suponen menos del 15% de la exportación total. Nuevamente nos enfrentamos a un problema. La industria española continúa perdiendo peso relativo en la economía, pasando del 16% al 14% del PIB.
Sabemos que nuestras autoridades llevan tiempo poniendo en marcha programas para aumentar el número de exportadores, diversificar geográficamente la exportación, mejorar la calidad de los instrumentos financieros de financiación de exportaciones o promover en el exterior la "marca España". Se está avanzando en la buena dirección, pero aún queda camino para equipararnos a nuestros competidores.
Sin embargo, no se están produciendo las reformas estructurales que son necesarias para reforzar la competitividad a largo plazo. Será muy difícil poderlo hacer sin nuevos Presupuestos Generales del Estado y con la limitada capacidad legislativa prevista para los próximos meses. Y, sin embargo, es un buen momento para hacerlo porque nuestra economía está creciendo más que la de otros países de nuestro entorno. Deberíamos ser capaces de aprovechar esta coyuntura.
*Antonio Bonet Madurga, presidente del Club de Exportadores e Inversores
La exportación española de bienes ha sido durante muchos años uno de los principales impulsores del crecimiento económico en España. Sin embargo, en estos últimos tiempos ha perdido dinamismo y cuota de mercado mundial. El monto alcanzado en 2024 fue prácticamente igual al de 2023 y al de 2022 y, en el periodo enero-septiembre de 2025 las exportaciones de bienes solo han aumentado un 0,5% en valor. Es probable que en volumen hayan caído, dada una inflación cercana al 3%, aunque no podemos confirmarlo porque el Ministerio de Economía ha dejado de publicar este dato.